sábado, 4 de mayo de 2019

CS2019 — Etapa 7 (Camino de Avilés)


¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribo ya desde Madrid, adonde hemos llegado esta tarde. Como sabéis, ayer viernes realizamos la última etapa del Camino, de Gijón a Avilés, 23 kilómetros casi llanos y hoy sábado hemos regresado todos a Madrid en autobús.

Aquí tenéis el relato de la última etapa del CS2019... ¡Buen Camino!

La última jornada del Camino

Tras la maratoniana etapa de ayer, hoy regresamos a nuestros horarios habituales. El despertador suena a las 7.45 horas para iniciar la última etapa del Camino. Desde la habitación del hotel de Gijón vemos, con horror, que está lloviendo. Hoy será un día de ponchos, al menos al principio.

Tras los 100 kilómetros que nos hemos metido en los últimos tres días os podéis imaginar el aspecto de los pies de estos peregrinos... Esta mañana el botiquín tiene trabajo extra... Una vez concluido el aseo y la sesión de curas, bajamos al bufé del hotel para desayunar apaciblemente... Y tan tranquilos que nos lo estamos tomando que repetimos varias veces... cafés... zumos... bollitos... ya nos da vergüenza el tiempo que nos está llevando este desayuno...

Finalmente, tras pasar a recoger las mochilas en la habitación, a las diez menos cuarto ya estamos en la puerta del hotel poniéndonos los malolientes ponchos y disponiéndonos a comenzar esta última etapa.

Nuestro ritmo de inicio es tan lento que a la media hora de etapa aún no hemos avanzado más que unos cientos de metros pues nos entretuvimos un buen rato en los aledaños del paseo marítimo, con la iglesia de San Pedro al final del mismo, y en la zona monumental próxima, con el palacio de Revillagigedo y el Ayuntamiento.


Hoy no hay prisa, porque la etapa así lo permite, pero tampoco es cuestión de llegar de noche a Avilés jajajajas.

Ya cerca de las diez y media, por fin, nos decidimos a acelerar la marcha para iniciar la larguísima, y tediosa, salida de Gijón. Casi una hora siguiendo una de las avenidas principales de la ciudad hasta que dejamos atrás Gijón Eso sí, por el camino paramos en un comercio para comprar algo de fruta y un palmerón gigantesco.


Paisaje industrial

Tras más de una hora de recta interminable, y ya sin lluvia, a las once y media de la mañana dejamos definitivamente atrás Gijón y entramos en una zona de paisaje industrial dominada por la fábrica de la metalúrgica Arcelor, la autovía y el entorno natural. Nos gustaban más las playas y las montañitas de otros días pero esto es lo que toca hoy...

Caminando junto a la autovía llegamos al momento tierno del día.. Una cabrita atada junto a una casa.. nos acercamos a cogerla y hacerle fotos y... los dueños nos ven y nos traen en brazos un cabrito nacido hace menos de un mes para que lo cojamos y nos fotografiemos con él... Incluso ellos nos hicieron alguna de las fotos. A la peregrina Isabel se le hacía la boca agua cogiendo el cabritillo...


A partir de aquí, tras cruzar las vías del tren, a través de calles asfaltadas y pequeñas urbanizaciones comienza la única cuesta de todo el día: el inicio de la subida al monte Areo desde donde se ven bonitas vistas de la comarca con la acería de Arcelor presidiéndolo todo.

El día está cada vez más soleado y poco a poco se van disipando las nubes aunque el tiempo sigue fresco. Apenas se ven más peregrinos; suponemos que la mayoría de los que estaban en el albergue de Priesca se fueron por la ruta de Oviedo hacia el Camino Primitivo. Conforme andamos, el paisaje se adentra en entornos más verdes hasta que el asfalto revierte en camino. Y volvemos a la compañía de nuestras amigas las vaquitas entre prados y monte.


 

Un acompañante inesperado

Algo antes de la una y media de la tarde coronamos el monte Areo, lo que supone llevar recorridos casi ocho kilómetros, aproximadamente un tercio de la etapa. En el trayecto de bajada del monte se nos une un acompañante no invitado: un perro vagabundo y maloliente que nos sigue a todas partes, sobre todo a Juanma, del que —muy a su pesar— no se separa ni un instante: camina Juanma... camina el perro; se para Juanma... se para el perro... Juanma estaba hasta las narices de él, e Isabel y yo... tronchándonos de risa con esta cómica situación.. Y así durante la hora y media siguiente...


Intentamos darle esquinazo alguna vez que otra, pero nada... por un momento parece que se va... y al rato vuelve con nosotros... ¡y con Juanma.! Quizás tenga algo que ver con todo esto el cargamento de barritas energéticas que siempre lleva consigo nuestro querido peregrino.

A las dos y diez llegamos a la aldea de Santa Eulalia del Valle, primera población intermedia de hoy. La presencia de nuestro compañero perruno va excitando a todos los perros de las viviendas vecinas a nuestro paso con el consiguiente escándalo de ladridos que os podéis imaginar. ¡Juanma ya está harto del chucho!

En el Camino de Santiago hay muchos perros que se pierden por seguir a los peregrinos y ya no saben regresar a su lugar de origen. Me temo que este va a ser uno de ellos. ¿Cuándo nos lo conseguiremos quitar de encima?



Comida y sello

A las 15.10 h divisamos la aldea de Tamón, el lugar elegido para un triple objetivo: comer, sellar las credenciales... e intentar liberarnos del chucho... Entramos en el bar del pueblo y el chucho se queda justo en la puerta esperándonos. Una vez dentro del bar, comemos tranquilamente sin darnos la menor prisa a la espera de que el perro se aburra y se vaya. Pero no...

Al cabo de un rato, una de las camareras nos pregunta si el perro es nuestro porque está en la puerta del local y no se va... Le contamos la historia y nos dice que intentará ayudarnos para que no nos siga cuando salgamos. Y en efecto, cuando salimos del local, a eso de las cuatro de la tarde, el perro estaba entretenido en unos matorrales y aprovechamos para salir pitando de allí. Ya no volvimos a saber más de él.

Menos mal que nos deshicimos del perro porque el recorrido a partir del pueblo anterior sigue por el arcén de una carretera y su compañía podría resultar peligrosa, sobre todo para él. De vez en cuando mirábamos para atrás por si venía.

Con todo el jaleo del perro olvidamos sellar en Tamón y tuvimos que hacerlo en un bar del pueblo siguiente, Tabaza, tan solo un kilómetro más adelante y al que nos remitieron a su vez desde el bar de enfrente, del mismo dueño, donde nos metimos antes a tomar unos cafés. Nos quedan ocho kilómetros para concluir la etapa.

El final de la etapa

De Tabaza salimos por el arcén de la carretera AS-19, con los coches pasándonos a toda leche a menos de dos metros de distancia. A las cinco y diez llegamos a la altura de la localidad de Trasona, con su imponente iglesia, para media hora más tarde desembocar en el paseo de la ría de Avilés: una zona verde pegadita a la acería, que sigue la ría y las vías del tren hasta el mismo Avilés. ¡Por fin dejamos la carretera! Nos queda menos de una hora para acabar la etapa.

Junto a nosotros continuamente pasan trenes de mercancías hacia la acería.

A las seis de la tarde Avilés ya está a la vista pero aún nos queda el último tramo del paseo junto a la ría y cruzar una pasarela sobre las vías del tren para entrar en la ciudad a las 18.30 h.

Aquí nos espera nuestra última habitación, triple, de esta aventura. Es el final del Camino.



Nuestro hotel de Avilés tiene una pinta espléndida, es muy céntrico y se encuentra tan solo a un par de minutos de la bulliciosa plaza del Ayuntamiento. La habitación es muy grande, sobre todo el servicio. En el hotel ponemos el último sello de nuestras credenciales... ¡Primer año del Camino del Norte concluido!

En este momento nos vienen a la mente todas las emociones del Camino, las distintas etapas... las fáciles... y las difíciles... los momentos de más sufrimiento y... por supuesto... los momentos más agradables de este largo viaje.




Tarde-noche de viernes en Avilés

La verdad es que Avilés es una ciudad muy bonita, mucho más que el entorno que la rodea. Se trata de una urbe muy bien cuidada, con muchas iglesias y zonas amplias... En el propio hotel nos recomiendan lo más interesante para visitar, como el barrio minero o los alrededores del Ayuntamiento.

Antes de las nueve de la noche bajamos a dar nuestro habitual paseo turístico. Hoy, además, es viernes, fin de semana, y la ciudad se nota muy animada. Hay mucha gente joven por la calle.


Y a las nueve y media entramos en una pulpería gallega del centro de la ciudad para darnos un merecido homenaje en forma de pulpo a feira con brindis de vino ribeiro. Allí mismo nos tomamos también los orujos que ponían fin a la jornada... Y a este Camino. Después de eso... a nuestra habitación del hotel para cerrar definitivamente el día.



Regreso a Madrid

Y llega el sábado, el día del regreso a Madrid. Hoy no hay etapa, el autobús no sale hasta la una de la tarde y la estación está solo a un cuarto de hora andando desde el hotel. Así que no hay mucha prisa por madrugar. A las diez aún estábamos en plan remolón tumbados en las camas.

Antes de dejar la habitación, Isabel y yo le dimos a Juanma los masajes que le debíamos por su victoria en el chinchón de la noche del albergue de Priesca. Yo elegí dárselo en las piernas y pies, y a Isabel le tocó el cuello y la espalda. Si viérais la cara de gustazo del peregrino... ¡Cómo disfrutaba el tío! No es para menos... después de la paliza de estos días, que te den unos masajes aunque solo sean cinco minutos... ¡quién lo iba a despreciar!

Y tras la sesión de masajes dejamos el hotel para desayunar primero en una cafetería cercana y con muy buena bollería... Y luego para dar un último paseo y hacer compras por la zona céntrica de la ciudad.

A las 12.30 h ya estábamos en la estación esperando la salida de nuestro autobús, algo que se produjo de forma puntual, a las 13 h para llegar a las 18.30 h a Madrid.

En el viaje de vuelta, como suele ser habitual, una mezcla de contrastes... La pena por lo bueno que se acaba... y la alegría por ver de nuevo a los seres queridos que dejamos en la capital. Es lo que hay.


El año que viene tenemos idea de realizar el segundo de los tres años del Camino de Norte, desde Avilés hasta algún lugar del interior de Lugo, probablemente Mondoñedo, para llegar un año después, en Año Santo, a Santiago. ¡Os esperamos hasta entonces!

¡Esto ha sido todo, amig@s! ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Ernest Gold "BSO Éxodo")



jueves, 2 de mayo de 2019

CS2019 — Etapa 6 (Camino de Gijón)


¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde nuestra habitación triple del hotel de Gijón donde estamos alojados tras meternos alrededor de cuarenta kilómetros encima para culminar esta penúltima etapa del Camino. Cien kilómetros en tres días... ¡Menuda paliza! ¿Molidos... destrozados...? No... ¡lo siguiente! Pero superorgullosos por haberlo conseguido... ¡Olé! Y ahora, os dejamos con el relato de la etapa más larga del Camino de nuestra historia como peregrinos...

¡A levantarse!

La etapa más larga de nuestra historia merece también el mayor de los madrugones. El despertador suena hoy a las 6.30 de la mañana, cuando ni siquiera ha amanecido.

A esta temprana hora, desde la ventana de nuestra habitación se adivina en medio de la noche la silueta de la iglesia de San Salvador de Priesca.

Poco a poco se van levantando también los demás peregrinos. El follón está asegurado para coger sitio en los baños y asearse... y no digamos para recoger las cosas de las mochilas, que están dos plantas más abajo, y poder vestirse. Esta noche tuve que levantarme para ir al servicio, que está en la planta baja... no se veía ni torta y me guie por los ronquidos de los peregrinos en sus habitaciones.

También hay que dejar un tiempo para hacer la cura matinal de los pies. Sobre todo hoy. Los de Juanma e Isabel parecen cuadros de Picasso... están recubiertos de vendas y tiritas, y eso que aún no hemos empezado esta maratoniana etapa. Casi sin darnos cuenta ya ha amanecido y desde nuestra ventana contemplamos el aspecto nublado de esta jornada.

Una vez que, ¡por fin!, conseguimos asearnos en condiciones y vestirnos... bajamos a la cocina a desayunar... ¡pan duro con leche! No hay otra cosa. Y después, a limpiarse los dientes, cerrar las mochilas y dejarlas preparadas para que el servicio de Correos nos las lleve a nuestro hotel de Gijón. Ya sabéis que, según lo decidido antes de salir de Madrid, hoy ninguno llevará su mochila; tan solo la mochilita de Isabel donde irá el botiquín y que nos turnaremos Juanma y yo como en la etapa con final en Ribadesella.

Ahora sí, a las ocho de la mañana, hora y media después de levantarnos, estamos en disposición de comenzar la etapa. No recuerdo ningún día en que hayamos tardado tanto en prepararnos para salir. Ni siquiera cuando estábamos con los coches de apoyo y éramos más peregrinos.

Sin embargo, a pesar de todas las incomodidades, nos llevamos una simpática y entrañable impresión de nuestra estancia en el albergue... Por cierto, en el vídeo de a continuación, el peregrino que aparece detrás de Juanma es uno de los dos con los que ayer estuvimos hablando en la cena. El francés no, el otro (del que desconocemos su procedencia).



Inicio de la etapa

Unos minutos después de las 8 salimos del albergue dando inicio, así, a la sexta etapa del CS2019. El tiempo está nublado y fresco. El Camino rodea la iglesia de San Salvador y se pierde por un sendero que se interna en el monte.

Por delante tenemos casi cuarenta kilómetros hasta Gijón que incluyen dos puertos: los altos de la Cruz y del Curbiello. El primero de ellos es, según nos contaron en el albergue, muy duro. La etapa la comenzamos haciendo yo el primer relevo con la mochilita.

En estos primeros kilómetros de etapa uno de los temas de conversación fue la sorprendente victoria de Juanma anoche a las cartas. Es la primera vez que gana... y lo hace justo cuando hay una apuesta en juego. Ahora Isabel y yo tendremos que darle 5 minutos de masaje...  Ya veremos cómo, dónde, cuándo y con qué... jojojo...

El Camino pasa por preciosas zonas de monte y por otras plagadas de manzanos y de vaquitas... Se nota que vamos hacia Villaviciosa, la capital de la sidra.. Algo antes de las nueve llegamos a Sebrayo, donde hay un albergue de peregrinos. Entramos para intentar sellar pero no hay nadie. Llevamos recorridos ya casi 4 km de etapa.


Media hora más tarde sellamos nuestras credenciales por primera vez en la etapa de hoy. Fue en un lugar tan bonito como curioso, llamado La Casina del Fresnu, en el barrio del mismo nombre, a cinco kilómetros de Villaviciosa. Se trata de un rincón rústico, sin nadie que lo atienda, con terraza y máquina expendedora de bebidas y productos de alimentación. El lugar está presidido por un imponente hórreo y también tiene un sello atado a una cuerda para que los peregrinos que pasen puedan estampar con él sus credenciales. ¡Se agradece el detalle!

Conforme nos vamos acercando a Villaviciosa puede divisarse en el horizonte su ría. La cada vez mayor abundancia de manzanos y, sobre todo, la visión de la fábrica de la sidrería El Gaitero nos delatan la proximidad de la citada población al final de una larga recta.




Redesayuno en Villaviciosa

A las diez y veinte de la mañana llegamos a Villaviciosa, punto kilométrico 10 de esta etapa y capital de la sidra que cuenta, incluso, con un circuito sidrero señalizado en las baldosas del pueblo.

Lo primero que hacemos a nuestra llegada es entrar en una cafetería situada frente a un simpático monumento dedicado a las manzanas, meternos un buen desayuno (¡ahora sí!) y encargar unos bocatas para comerlos más adelante. Además, en el pueblo compramos también unos plátanos para el camino.

Este redesayuno resultó más que agradecido. Infusiones, zumo, bizcocho y tostadas de pan con tomate... "Igualito" que en el albergue, vamos... Al reanudar la marcha, pasadas las once, Juanma se hace cargo del siguiente relevo de la mochilita.

Aprovechamos nuestra paso por Villaviciosa para apreciar algunos de sus monumentos. La salida del pueblo se hace cruzando el parque de la Alameda, que sigue el cauce del río Linares, con unas bonitas cascadas y el coqueto puente de piedra de San Juan. Justo al mediodía dejamos atrás esta emblemática población sidrera.




Cruce de Caminos

Tras Villaviciosa, el Camino sigue su discurrir recuperando sus paisajes más bucólicos. En seguida nos encontramos con un grupo de vacas, todas pasotas ellas, tumbadas sobre la hierba e indiferentes al paso de los peregrinos.

Y un poco más adelante, junto a unos jinetes que se detienen a hablar con Isabel, alcanzamos la pequeña aldea de Casquita, situada en el kilómetro 13 de la etapa, donde se encuentra el cruce de Caminos: el Camino del Norte, el nuestro, de frente con dirección a Gijón; y el Camino Primitivo, a la izquierda con dirección a Oviedo. Un poquito antes de llegar al cruce hay una tiendecita con cosas del peregrino donde nos sellan las credenciales.

Al lado del cruce hay una casa con un perrazo —un mastín— que nos observa detrás de una valla con cara de pocos amigos. Seguimos de frente hacia Gijón por el arcén de la carretera... cada vez más inclinada hacia arriba...

Subidaza al alto de la Cruz

Hacia la una de la tarde comenzamos el tramo más comprometido de la jornada de hoy: la subida al alto de la Cruz, donde rebasaremos el ecuador de esta etapa. Primero por rampas suaves por carretera que luego se convierten en cuestas descomunales por en medio del monte.

Juanma y yo hacemos un nuevo cambio de mochila y ahora paso a llevarla yo...

Esta subida parece no tener fin. Vamos con la lengua fuera, completamente desagrupados y a la pobre Isabel la perdemos de vista una y otra vez en la cola del pelotón.

En el tramo más duro nos adelantó un ciclista con dos alforjas que circulaba a pie empujando la bici y maldiciendo a quien le había dicho que podía meterse por el camino de tierra con ella... Tenía que coger un autobús en Gijón e iba con la hora justa... No volvimos a saber más de él.

Por fin a las dos y cuarto, tras más de una hora de penosísima ascensión, coronamos el puerto e iniciamos la bajada, ya por la carretera de nuevo, hacia la población de Peón, situada en el precioso valle del mismo nombre. Ese es el lugar elegido para comernos los bocatas que llevamos y que tan merecidamente nos hemos ganado.

Comida en Peón

Hasta Peón aún queda una larga y abrupta bajada que nos lleva media hora. Llegamos sobre las tres menos cuarto, con las piernas muy castigadas. Esta zona es una gozada, con grandes vistas de todo el valle. Montañas, vacas, caballos, manzanos... Estamos ya en el kilómetro 25 de la etapa, a solo 13 del final.

En este pueblo encontramos un mesón, Casa Pepito, donde sellamos las credenciales, pedimos unos Aquarius y nos vamos con ellos a la terraza exterior a comernos los bocatas de Villaviciosa. Mientras comemos observamos el cartel publicitario del local, con hamburguesas gigantes de un kilo y tablones de carne de dos metros de largo... Como para pasar hambre...

Por aquí vemos pasar algún peregrino pero la mayoría no siguen adelante y terminan la etapa en este pueblo, aunque no hay dónde alojarse: hay que pedir un taxi o coger otro tansporte que te lleve a Gijón.

Con Juanma portando la mochila, a las 15.40 h reanudamos la marcha bajando por la carretera para afrontar después la segunda subida de la jornada aunque, según nos comentaron, es bastante más suave que la anterior subida al alto de la Cruz. Las vacas y los manzanos continúan siendo espectadores privilegiados de esta etapa.


Otra subida y... ¡Gijón a la vista!

La subida al alto del Curbiello nos lleva aproximadamente media hora por un terreno abrupto y pedregoso. Aunque más corta que la primera subida de la etapa, esta se nos hace dura también por los kilómetros y horas de caminata que ya llevamos todos en las piernas.

La peregrina Isabel ya ni os cuento cómo va la pobre... En modo piloto automático... La subida termina cuando sales a la carretera general y desde ella divisas, a lo lejos, la ciudad de Gijón. Pero no hay que engañarse, aún quedan más de diez kilómetros para llegar allí y ya sabemos lo que sufrimos en los últimos kilómetros de cada etapa.

Poco antes de las cinco de la tarde alcanzamos, por fin, la ansiada carretera tras esta pedregosa y, por momentos, algo embarrada subida. Desde aquí ya todo es descenso hasta Gijón... unos 10 kilómetros. Estamos machacados pero, por si había alguna duda, ahora estamos todos seguros de que esta etapa conseguiremos terminarla como es debido...



El final de la etapa de hoy... y premio en forma de playa

Tras la subida anterior, de nuevo me hago cargo de la mochila, ya por última vez, hasta el hotel. La llegada a Gijón se nos va haciendo larguísima. Son muchas horas ya y muchos kilómetros de caminata. Y tampoco es que sea esta precisamente la parte más bonita de la etapa.

Prácticamente desde el final de la última subida tenemos a la vista la torre de la Universidad Laboral de Gijón... eso sí, cada vez más cerca.

La entrada en Gijón se va haciendo por barrios residenciales periféricos y menos mal que las flechas amarillas están por todos lados, porque sería muy fácil perderse.

A las seis y media de la tarde estamos a la altura de la Universidad Laboral, aunque no se pasa exactamente por ella. Seguimos deambulando por barrios residenciales pero cada vez más cerca del mar.

A un par de kilómetros del centro, y por tanto de nuestro hotel, se halla el albergue de peregrinos, en un camping. Sellamos en él por cuarta vez hoy nuestras credenciales y reanudamos la marcha. El encargado nos dice que desde Priesca hasta el centro de Gijón hay 40 kilómetros, o sea dos más de los que tenemos contabilizados.

Nuestra obsesón es entrar en Gijón a lo grande... ¡Por en medio de la playa! Ya estamos cerca... el estadio del Molinón... el parador de turismo... Y por fin, con la ayuda de un vecino que amablemente nos indicó la forma más rápida de llegar a él... el paseo marítimo... ¡y la playa!

Son las siete y media de la tarde y acabamos de concluir la etapa más larga de nuestra historia como peregrinos. ¡Olé, olé y olé! Ya habrá tiempo de hacer recuento de ampollas, rozaduras, heridas y otras molestias... Ahora lo que nos apatece es descalzarnos y dar un paseo por la arena.

Yo era un poco reacio a descalzarme porque llevo los calcetines pegados al pie por el sudor y luego es complicado quitarse bien las arenas. Pero la peregrina Isabel me convenció de darme el gustazo de caminar por la arena de la playa tras 40 kilómetros y casi doce horas seguidas de dura caminata. ¡Qué gozada!

Llamamos a nuestro hotel, distante solo 100 metros de la playa, para decirles que ya estábamos allí pero que queríamos recrearnos un poco en la playa y la encargada, muy amable, nos dijo que no nos preocupáramos, que disfrutáramos del momento y que, cuando llegáramos al hotel, tendríamos unos Aquarius esperándonos en la recepción por gentileza de la casa.

Así estuvimos toda una hora, hasta las ocho y media... relajándonos por la playa, probando las olas del mar con los pies y conversando con nuestras familias y amistades. ¡Etapón concluido y sensaciones increíbles!




Hotel, cena y pelotazos

A las ocho y media de la tarde llegamos al hotel donde nos esperaban los tres refrescos que nos prometió la encargada. Sellamos nuestras credenciales por quinta vez hoy y luego subimos a nuestra habitacion triple que, tras la estancia de ayer en el albergue, nos pareció como estar alojados en el mismo Palace...

La verdad es que la habitación está fenomenal, muy espaciosa, bien cuidada e iluminada, y con vistas a la avenida principal. Como es algo tarde no hay mucho tiempo para recrearse con ella ya que hay que salir a cenar.

Juanma conoce la zona y nos recomendó un local cercano de cocina típica asturiana donde se come muy bien. Nos tomamos en él unas buenas sidras naturales acompañadas por unas suculentas raciones de chipirones y cachopo. Todo buenísimo... pero lo mejor, sin duda, el ambiente entre nosotros recordando los momentos estelares de la etapa de hoy... y algunos de la noche de ayer en el albergue. Aunque este Camino no se ha acabado todavía, la sensación es que ya está casi todo hecho porque la etapa de mañana es de las cortas y con un perfil no demasiado complicado.

Así que, tras la cena... ¡pelotazos! Aprovechando que el hotel está en una zona concurrida, nos metemos en un local nocturno relativamente tranquilo para tomarnos algún copazo. Atrás quedan muchas horas de esfuerzo físico que bien merecen esta recompensa. Así que esta noche no habrá partida de cartas ni tampoco podremos saldar la deuda con Juanma sino que tocará descansar de la paliza que nos hemos metido hoy...



La etapa de mañana, última del CS2019

Pues así ha transcurrido esta sexta etapa del CS2019, la mayor de todas. Mañana tendremos la última etapa de este Camino, la séptima, con 23 kilómetros casi llanos entre Gijón y Avilés, desde donde retornaremos el sábado a Madrid... Y con los masajes a Juanma pendientes...

Así que lo que ocurra en esa última etapa os lo contaré... ¿mañana? Noooo... esta vez será pasado mañana... ya desde Madrid. ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Malcolm McLaren "Madam Butterfy")



miércoles, 1 de mayo de 2019

CS2019 — Etapa 5 (Camino de Priesca)


¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde el albergue de Priesca, punto final de esta maratoniana quinta etapa del CS2019 con nada menos que 29 kilómetros desde Ribadesella. Etapa con dos tramos claramente diferenciados; el primero, un agradable paseo por las playas cantábricas hasta Colunga, en el kilómetro 20. A partir de ahí un tramo más sufrido de 9 kilómetros recorriendo los bonitos paisajes del interior asturiano hasta nuestro albergue.

Estamos a punto de iniciar una nueva partida de chinchón, pero esta vez con algo en juego. El que gane, será masajeado durante 5 minutos por los otros dos peregrinos en una etapa próxima... Yo quería que el ganador pudiera elegir el lugar del cuerpo donde desea recibir el masaje pero parece que los otros dos peregrinos no estaban muy de acuerdo y la cosa se ha quedado solo en extremidades, espalda y cuello, a elegir... jejeje... ¿Miedo a perder? Bueno, mientras dilucidamos quién gana, os dejamos con el relato de esta larga etapa...

Salida de Ribadesellla

Por tercer día consecutivo el despertador suena a las 7 de la mañana. De nuevo se ponen en marcha las rutinas habituales y, entre ellas, la de cuidar rozaduras y alguna que otra ampollita que aparecen en algún pie. Las tiritas y los mejunjes milagrosos se encargan de ello. La peregrina Isabel ya está preparada antes que nadie para que no se repita lo de ayer y deja su mochila en el cuartito que hay junto a la recepción del hotel para que la recoja el servicio de Correos. Juanma y yo caminaremos con nuestras mochilas. Por cierto, que la recepción está cerrada y al salir del hotel tenemos que dejar la llave de nuestra habitación en un cajetín.

A las 8 h abandonamos nuestro hotel buscando algún sitio donde desayunar. Hoy es festivo, 1 de mayo, y no hay muchos sitios abiertos. Finalmente damos con una cafetería con aspecto apetecible situada en una de las calles principales del pueblo, cerca de la iglesia. Desayunamos nuestras infusiones habituales con zumo y tostadas y salimos a la calle a iniciar cuanto antes esta larga etapa.

El día de hoy se presenta nublado y fresco. Ideal para caminar. Salimos de Ribadesella a las 8.45 h, cruzando el puente sobre el Sella, meta del famoso descenso internacional de piraguas del primer domingo de agosto.

Poco a poco vamos dejando atrás el pueblo y acercándonos a la playa de Santa Marina. Qué bonita es, más si cabe con los colores del día en este momento... ¡y qué vistas se contemplan desde aquí! Mejor despedida no podía hacernos esta preciosa villa marinera.

Tras la playa, el Camino discurre por barrios residenciales que nos van sacando, casi sin enterarnos, de esta población.




Los primeros kilómetros de hoy

Tras salir de Ribadesella el recorrido sigue una carretera local que sube hacia el monte hasta rebasarlo por el otro lado. En algunos momentos nos encontramos con fuertes repechos que nos hacen ir con la lengua fuera. Este monte es el que se ve en la parte izquierda de la panorámica de la playa de Ribadesella.

Arriba está la población de San Esteban de Leces, en el kilómetro 5 de la etapa, con un albergue que está algo apartado del recorrido por lo que pasamos de largo. En este pueblo nos llama la atención una casa de piedra con un llamador singular. A partir de aquí iniciamos un descenso hacia el mar, que ya se divisa en nuestro horizonte.

Dos kilómetros más adelante, tras seguir un camino empedrado, llegamos a la bonita aldea de Vega, a orillas del mar. Esta población cuenta con unas cuantas paneras (esto es, hórreos asturianos ) y algunas de ellas tienen macetas "vestidas" de forma curiosa, algo que ya vimos en la etapa de ayer.


En el pueblo también hay un albergue de peregrinos atendido por una mujer extranjera muy amable que nos ofrece té y café, y que conversa un ratito con nosotros. Como le decimos que nos alojaremos en el albergue de Priesca, nos da recuerdos para su hospitalera. A las once menos diez, tras sellar las credenciales en el albergue, reanudamos la marcha. Al igual que ayer, hoy también vemos bastantes peregrinos por el camino.

El recorrido sigue paralelo a la playa de Vega, primero por una zona de chiringuitos próxima al pueblo en la que destaca una casa con un besugo incrustado. Y luego, por un caminito de tierra que se alza sobe la playa.


Dos kilómetros después la pequeña aldea de Berbes nos recibe con un entramado de señales con distancias kilométricas y un cartel que dice (en bable) que Berbes es un pueblín del paraíso donde se juntan el cielo con la tierra y el monte con el mar, y donde nadie es forastero. Curioso lugar. Desde aqui nos quedan unos 20 kilómetros para acabar la etapa. Son las 11.45 horas.



Esta etapa parece un catálogo de playas...

El significado del cartel de Berbes empezamos a comprenderlo al seguir avanzando... Tras un precioso tramo de monte accedemos de nuevo al mar... ¡Otra playa! Y después de esa... ¡otra más! ¡Y otra! Hasta cinco playas, una detrás de otra, distribuidas por los siguientes ocho kilómetros: Arenal de Moris, La Beciella, Moracey, La Espasa, El Barrigón y La Isla.

Así vamos alternando tramos de playa con otros de paseo costero. Además, el carácter festivo de esta jornada hace que continuamente veamos gente, y no solo peregrinos, caminando por aquí. Qué mejor sitio para pasear cuando no hay que ir a trabajar...


Cerca de las dos de la tarde llegamos al pueblo de La Isla, en el kilómetro 17 de etapa, que marca el fin de la fiesta playera. A partir de aquí el Camino gira hacia el interior y discurre por una larguísima recta del arcén de la carretera general que nos llevará hasta la población de Colunga, capital del concejo.



Comida en Colunga

Esa larga recta por la carretera hacia Colunga fue quizás el momento menos vistoso de la etapa de hoy. Lo único destacable en ese pequeño tramo fue un grupo de burritos que vimos sobre la hierba y, sobre todo, uno de color blanco. A las 14.40 h divisamos la torre de la iglesia del pueblo y poco antes de llegar a ella encontramos un sitio muy animado donde comer.

En las etapas largas solemos comer de bocatas porque es más rápido y no perdemos demasiado tiempo. Sin embargo, hoy 1 de mayo, parece que todo el mundo está en la calle y la cafetería donde entramos está abarrotada. Tardan mucho en atendernos y apenas conseguimos hacernos un hueco en la barra para comernos, eso sí, unos bocadillos enormes y muy buenos. El mío, de bonito con tomate... ¡riquísimo! Ya puestos, como no hacen más que sacar postres para un grupo numeroso de personas que deben de estar de celebración, nos pedimos nosotros también una porción de una suculenta tarta.

A las cuatro menos cuarto de la tarde reanudamos la marcha por las calles de Colunga. Estamos en el kilómetro 20 de etapa y nos faltan, pues, ya solo nueve para llegar al final.

Paisajes de interior

A partir de Colunga el Camino sigue por pequeñas carreteras locales y el paisaje cambia notablemente respecto de lo que hemos estado recorriendo todo el día. Regresamos al típico paisaje de interior con prados y lomas verdes, las montañitas al fondo... y simpáticos animalitos observándonos como espectadores a nuestro paso.

Pero también en esta parte de la etapa empieza a pesar en las piernas la acumulación de kilómetros del día... y de la semana. Hoy estamos con mochilas y eso se nota también. Además, el trayecto es de continuas subidas y bajadas.

Estos últimos kilómetros de etapa recorren parajes solitarios. Antes de llegar a Priesca pasamos junto a algún caserío y atravesamos las pequeñas aldeas de Pernús y La Llera, ambas con iglesias que recuerdan mucho a la que veremos en Priesca. Estamos en los últimos coletazos de la etapa.

Llegada al albergue de Priesca

Por fin, unos minutos después de las seis de la tarde, casi sin darnos cuenta, estamos junto a la iglesia de San Salvador de Priesca y, frente a ella, el albergue de peregrinos donde nos alojaremos. Estamos molidos, sobre todo una peregrina que yo me sé pero... ¡Etapa concluida! Otros 29 kilómetros a la buchaca.

Justo a nuestra llegada estaban organizando una visita a la iglesia, así que nos metimos dentro junto con más peregrinos. La iglesia de San Salvador de Priesca data del siglo X y es la más tardía de las iglesias prerrománicas asturianas. Yo me salí antes para ir adelantando los trámites de registro en el albergue que está a solo cincuenta metros.

En el albergue coincidimos alrededor de una veintena de peregrinos, casi todos extranjeros menos nosotros, que fueron llegando a lo largo del día. La encargada nos explicó el funcionamiento del mismo y rápidamente empezamos a notar la diferencia entre estar alojados en un hotel de varias estrellas y en un albergue de peregrinos...

Tras sellar nuestras credenciales en el albergue arreglamos con la encargada los detalles de la recogida de las mochilas para que Correos nos las traslade hasta nuestro hotel de Gijón en la superetapa de mañana pues, como ya habíamos decidido antes de partir de Madrid, esa etapa la haremos todos sin mochila.


La vida en el albergue

Como decía antes, quienes estamos acostumbrados a alojarnos en hoteles y hostales a lo largo del Camino notamos rápidamente las incomodidades de hacerlo en un albergue, por muy bien preparado que esté.

Nada más llegar al albergue de Priesca, nos obligan a descalzarnos y dejar las botas en unas taquillas abarrotadas de la planta primera, la de la entrada, donde también están la cocina, el comedor, los servicios y las duchas.

Nos asignan una habitación triple para los tres, en la planta segunda, pero no podemos subir las mochilas porque —por razones de higiene— hay que dejarlas previamente en otra taquilla, estrechísima, que hay en una especie de almacén de la planta baja (sótano), o sea, dos plantas por debajo de la habitación.

Esto conlleva coger de la mochila, con todo el jaleo que eso supone —y más cuando el espacio para moverte entre las taquillas es mínimo— las cosas imprescindibles para llevar a la habitación (por ejemplo, neceser de aseo, muda y pijama) porque no puedes meter prácticamente nada en ella ya que no tiene ni armario; tan solo una silla y una pequeña mesa.

Ni os cuento la gracia que hace cuando abres la taquilla... luego la mochila... buscas algo en ella... sacas todas las cosas para encontrarlo... coges lo que necesitas... vuelves a colocarlo todo dentro... cierras la mochila... la metes como puedes en la taquilla (y eso si no está el de la taquilla de al lado porque los dos se estorban)... cierras la taquilla... subes a la habitación y descubres que... cago'en todo... ¡me he olvidado en la mochila la toalla! Otra vez a bajar dos plantas... abrir la taquilla... abrir la mochila...

Cuando conseguimos acomodarnos medianamente en la habitación surge otra odisea... ¡La de las duchas! Juanma bajó el primero a ducharse y no se complicó la vida... se metió en la primera ducha que vio libre... Era una de mujeres... jajaja... Yo fui a ducharme a la de hombres pero estaba ocupada por una peregrina...

Tuve que esperar a que terminara y veo que en la ducha no hay sitio ni para dejar el jabón. ¡Madre mía! Si aquí no hay espacio ni para darte la vuelta... Imaginaros para dejar las cosas... En la foto anterior podéis ver la ventana de nuestra habitación (esquina superior izquierda) con la toalla azul, la ropa y las zapatillas de Juanma empapadas... Jajaja...

El albergue parece una especie de comuna hippie. Hay una cierta sensación de caos por todos lados... lo mismo te cruzas con una peregrina medio en bragas o con otro que pasa con los gayumbos al aire para tender la ropa sucia.

¿Y qué tal para la comida? Pues el servicio de cafetería es simple. Hay una máquina expendedora de bebidas por monedas. Si no llevas monedas sueltas de euro, no bebes.

Como mañana hay que madrugar mucho, hemos cenado muy pronto, a las ocho, como la mayoría de peregrinos. La cocina tiene un poquito de todo. Si llevas comida, la puedes cocinar libremente. Si no llevas, como es nuestro caso, puedes comprar lo que quieras de las existencias del albergue. Nosotros nos hemos cenado una buena pizza con patatas fritas en esa especie de torre de Babel que es la cocina a la hora de la cena, con cada grupito hablando en un idioma. Estuvimos departiendo amigablemente con un par de peregrinos que ya se conocen de más etapas. Uno de ellos es francés y viene haciendo el Camino desde cerca de Burdeos; pero él seguirá mañana la ruta del Camino Primitivo de modo que no llegará a Gijón sino a Oviedo.

A las nueve de la noche regresamos a nuestra habitación de esta singular y surrealista estancia. En eso no podemos quejarnos ya que tenemos una habitación solo para nosotros cuando otros tienen que compartir habitaciones con muchas más camas. La pega es que hay que ir a la planta de abajo para hacer pipí. Juanma e Isabel se piden las literas y yo me quedo con la cama suelta. Ahora estamos con los cinchones que os comenté al inicio de este artículo. Mañana sabréis quién ha ganado porque la cosa anda hoy más igualada que otros días...

La superetapa de mañana

Pues hasta aquí la historia de esta gran etapa, mezcla de sensaciones... playa por la mañana... campo por la tarde... y surrealismo absoluto por la tarde-noche. Mañana, la etapa reina de todos los Caminos. Ninguna ha sido tan larga como la etapa de mañana... ¡38 kilómetros hasta Gijón! Hasta la encargada del albergue se sorprendía de que termináramos la etapa en Gijón ya que, según ella, hay 40 kilómetros y la gente suele quedarse antes, en la población de Peón.

Para encontrar nuestro récord de distancia recorrida en una etapa hay que retroceder hasta el Camino Aragonés, en 2012, cuando, en una etapa plagada de despropósitos, anduvimos treinta y pico kilómetros para llegar a Monreal, en Navarra... Ni siquiera sabemos exactamente cuántos kilómetros hicimos ese día porque estuvimos algunos de ellos dando vueltas... pero estimamos que debieron ser 32 o 33.

La etapa de mañana la haremos, como la que concluyó en Ribadesella, sin mochilas (solo con la mochilita de Isabel que nos turnaremos Juanma y yo). Es algo que ya estaba decidido desde Madrid. Además, mañana madrugón: el despertador sonará a las 6.30 horas. ¿Llegaremos a Gijón? ¿Vivos y de una sola pieza? Ya sabéis, la respuesta... ¡Mañana! ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Pink Floyd "Comfortably numb")