domingo, 4 de mayo de 2008

CS2008 – Etapa 8 (Camino de Frómista)




¡Hola peregrin@s! ¡Prueba superada! Hoy os escribo ya desde Madrid, adonde hemos llegado esta misma tarde. Este será el penúltimo artículo del blog del Camino de 2008, y en él os describiré la etapa de ayer sábado (última etapa), con llegada a Frómista, y nuestro regreso de hoy a Madrid vía Palencia. Hemos terminado este CS2008 como empezamos, con bastante sol y calor. La etapa de ayer, de 25 kilómetros, tenía un perfil llano salvo una subida con bajada posterior nada más arrancar la jornada. Así ha sido esta última etapa...


Dejamos Castrojeriz y cuestón a la vista

Ayer sábado la jornada amaneció soleada y todo parecía indicar que sería bastante calurosa, como los primeros días del Camino. Tras desayunar en el propio hotel de Castrojeriz, a las nueve menos cuarto de la mañana lo abandonamos para iniciar la que será la última etapa, que nos llevará a Frómista, ya en tierras palentinas. En mi caso, las delicias de mazapán de las monjas clarisas ya son historia, pero no así el kilo de puñitos de San Francisco de los que aún me quedan unos cuantos que me veo obligado a llevar en una bolsa colgada de mi mochila.

Enseguida recorremos el pueblo y ya estamos en campo abierto. A lo lejos se divisa la meseta que habrá que cruzar y que nos adentrará en la provincia de Palencia. Conforme nos acercamos, vemos lo que será la última subidita de este Camino de 2008: una cacho cuesta empinadísima que se le está atragantando a más de uno de los numerosos peregrinos que caminan junto a nosotros en esta clara mañana.

Nos lleva cerca de veinte minutos subir la dichosa cuesta pero la panorámica que se ve desde arriba compensa el esfuerzo realizado. A partir de ahora, parece que el camino transcurre por páramos y tierras llanas con cada vez menos vegetación. Tras una breve parada para beber agua y recuperarnos un poquito, recorremos la meseta y rápidamente iniciamos una fuerte bajada que nos conducirá a la vega del río Pisuerga, que hace las veces de límite entre las provincias de Burgos y Palencia.


Parada en la ermita de San Nicolás

El cercano pueblo de Itero del Castillo, a 10 km de Castrojeriz, queda a un lado del camino. Pasamos de largo puesto que nuestra idea es hacer una paradita en una preciosa ermita reformada y convertida en albergue de peregrinos por un grupo de italianos.

Se trata de la ermita de San Nicolás, donde entramos y los hospitaleros italianos nos reciben amablemente, nos sellan las credenciales y nos ofrecen café mientras cuentan anécdotas del lugar. Junto a nosotros está el puente que cruza sobre el río Pisuerga.

La ermita y albergue de San Nicolás es una pequeña maravilla de aspecto medieval. Dispone de capacidad para menos de 20 peregrinos, no hay luz artificial y de noche se cena con luz de velas. Sin duda este lugar te transporta a tiempos pretéritos... ¡Menuda gozada de sitio! Junto al pequeño altar que hay en el interior se encuentra una tumba donde yace un antiguo hospitalero que murió hace dos años, en verano, como consecuencia de un accidente ferroviario ocurrido en Palencia: su último deseo fue que depositasen sus cenizas en este lugar.


Por tierras palentinas

A las doce y media reanudamos la marcha cruzando el cercano puente sobre el Pisuerga que nos adentra en la provincia de Palencia. En seguida llegamos al pueblo de Itero de la Vega, desde donde faltan 14 kilómetros para concluir la etapa. En un bar de este pueblo (que también regenta el albergue de peregrinos) nos compramos unos bocadillos que nos comeremos más tarde.

A partir de aquí entramos en la llamada Tierra de Campos, con llanuras interminables y muy poquitos árboles. A estas alturas de etapa ya estábamos algo fundidos de modo que, en cuanto divisamos una buena sombra, hicimos un alto en el camino para comer. Eran las dos y media de la tarde y teníamos agua, bocadillos y, de postre, los últimos puñitos de San Francisco. Como suele suceder en estos casos, nuestra comida atrajo a buen número de molestísimos insectos voladores y, al final, tuvimos que apurar la marcha por lo incómodo de la situación. Los insectos más espabilados consiguieron introducirse en la bolsa con los últimos puñitos, de modo que los cuatro o cinco últimos fueron para ellos... ¡ojalá se atraganten, por mamones! Bueno, en realidad casi hasta nos hicieron un favor porque empezábamos a estar un poco hartos de los dichosos puñitos...

Pasadas las tres de la tarde reiniciamos la marcha y, sin duda, este fue el momento de más calor de toda la etapa (y casi, de todo el Camino). El sol apretaba muchísimo y agradecimos la llegada a Boadilla del Camino, a 8 kilómetros de Frómista, y última escala antes del final de etapa. Aquí nos esperaba una curiosa fuente en forma de timón: para que saliera el agua fresquita, había que dar vueltas a la rueda. Al principio costó, pero luego manó agua abundante para refrescarnos bien.

Al lado mismo de esta fuente está el albergue de peregrinos del pueblo, donde aprovechamos para tomarnos unos cafetitos y refrescarnos nuevamente. Afuera hacía un calor bestial... Nuestra siguiente parada ya sería Frómista.





Llegada a Frómista siguiendo el Canal de Castilla

Desde Boadilla hasta Frómista el recorrido se nos hizo bastante más agradable de lo previsto. Quizás por sabernos próximos a la conclusión de esta edición del Camino llevamos mejor la marcha. Pronto apareció el Canal de Castilla, gran obra de ingeniería del siglo XVIII, ideada por el Marqués de la Ensenada, que pretendía llevar agua a la Meseta procedente de las cuencas del norte.

El camino discurre por la misma orilla del Canal, en ocasiones bajo la confortable sombra de altos árboles. Tras hora y media andando desde la última parada, sentíamos la presencia del pueblo de Frómista y, por fin, a las seis de la tarde lo divisamos. Al principio se observaba la lejana silueta de una iglesia que, en ese momento, pensábamos que podía tratarse de la de San Martín, cosa que no era así.

Tras cruzar la espectacular cuádruple esclusa del Canal, entramos en Frómista y, una vez recorrido el pueblo, llegamos a nuestro bonito hotel, situado justo frente a la joya románica del día: la iglesia de San Martín, auténtico colofón de este Camino, y que no nos cansamos de fotografiar.

Para mayor suerte, nuestras habitaciones tienen vista panorámica a la iglesia. Estábamos realmente fundidos pero el hecho de terminar es como si nos diera alguna "vidilla" extra. Justo antes de llegar al hotel pasamos por la Oficina de Turismo para sellar nuestra credenciales.





Tarde-noche en Frómista

A las ocho de la tarde quedamos para recorrer el pueblo. La iglesia de San Martín no abría hasta el día siguiente de modo que el domingo, antes de marcharnos, haríamos una visita relámpago. Rápidamente detectamos una cafetería rústica cómoda para tomarnos unas buenas cervezazas aderezadas con alguna que otra tapita mientras el Atlético de Madrid ganaba cómodamente su partido liguero en la tele. Eran momentos muy relajados que bien nos habíamos ganado.


A las diez de la noche, en una terraza cercana, nos cenamos unas buenas racioncitas remojadas con vinos de la tierra y, antes de irnos a cama, en nuestro propio hotel despachamos la jornada con unos soberbios pelotazos.

·


Llega el domingo y volvemos a casa...

El domingo nos lo tomamos con bastante tranquilidad. La vuelta a Madrid estaba programada en tren, primero un cercanías hasta Palencia, y luego un tren regional de Palencia a Madrid. Como el primer tren no salía hasta las once y cuarto de la mañana, tuvimos tiempo de visitar la iglesia de San Martín (que por dentro ya no es tan gran cosa) y sellar aquí de nuevo las credenciales.


El tren nos recogió puntualmente de Frómista y, en media hora, un poquito antes del mediodía, ya estábamos en Palencia. De aquí el tren a Madrid salía a las dos y media, de modo que tuvimos algo de tiempo para dar una vuelta por esta bonita y casi desconocida ciudad castellana, de la que destacaría especialmente su catedral y alguna de sus calles más céntricas.

Comimos en un restaurante de comida rápida y, a las dos y media, un abarrotado tren regional nos llevó de vuelta a Madrid. A la altura de las montañas de Ávila nos pilló una buena tormenta con granizo incluido. A las seis y media de la tarde estábamos en la estación de Chamartín donde la familia del peregrino Juanma nos recibió en el mismo andén.

Y esto ha sido todo chicos. El año que viene, el Camino 2009 (CS2009), desde Frómista hasta algún lugar de la provincia de León (probablemente, Astorga), pero eso ya lo evaluaremos y prepararemos en su momento. Después de este artículo os pondré otro, muy breve, a modo de resumen, con imágenes inéditas del CS2008. ¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Ennio Morricone — BSO "El bueno, el feo y el malo")

viernes, 2 de mayo de 2008

CS2008 – Etapa 7 (Camino de Castrojeriz)



¡Hola peregrin@s! Aquí os escribimos de nuevo otra vez, desde Castrojeriz. Como habéis podido comprobar, esta tarde por fin os conseguimos dejar un mensaje en el blog in situ, desde esta mágica y misteriosa localidad burgalesa. La etapa de hoy puede describirse como un agradable paseo matinal, sin prisas ni contratiempos. Han sido 10 cómodos kilómetros llanos que nos hemos liquidado en dos horas y media. La jornada ha discurrido así...


Desayuno simpático y despedida de Hontanas

Tras la maratoniana etapa de ayer, hoy ha llegado nuestro premio en forma de una etapa cómoda y aparentemente tranquila de tan solo 10 kilómetros. Hemos aprovechado para levantarnos más tarde que de costumbre, aunque nos han despertado los sugerentes sonidos de los bastones de los peregrinos que andaban por la calle, ya que la ventana de nuestra habitación asoma a la calle por donde pasa el Camino.

A las diez de la mañana estábamos Los 4 peregrinos en el comedor del hostal, donde nos tenían preparado un desayuno personalizado que consistió en las madalenas que podéis ver en la foto, junto con café, leche y zumo. Aunque en la mesa éramos cuatro, en realidad el desayuno de hoy se ha desarrollado como si estuviéramos seis, ya que ha coincidido con una llamada telefónica de Olga, a la que se ha incorporado Tori, la madre de Olga y de la peregrina Laura. He conectado el altavoz del móvil y hemos hablado en plan "manos libres" los seis mientras desayunábamos, algo que ha resultado bastante divertido.

Tras el desayuno, antes de reiniciar la marcha, hemos aprovechado para recorrer el pequeño pueblo de Hontanas, que cuenta con una bonita iglesia, la fuente de la Estrella y un par de albergues de peregrinos (aunque en estas fechas solamente hay uno abierto). A las 11 de la mañana emprendimos la marcha hacia Castrojeriz.


El camino a Castrojeriz, al son de "El hombre y la Tierra"

Aunque se puede ir por la carretera, nosotros elegimos un camino de tierra paralelo a ella, cubierto de viejos árboles. La temperatura es suave y la mañana se presenta completamente soleada, de modo que este tramo se nos hace muy agradable y en él continuamos viendo muchas codornices y alguna que otra perdiz. En cierto momento conseguimos divisar alguna liebre y también un aguilucho sobrevolándonos. Para que no faltase de nada, nos tropezamos también con una culebra muerta. Evidentemente, la situación exigía la sintonía de El hombre y la tierra que el peregrino Toñín se encargó de poner con su móvil.


Las ruinas de San Antón

Dos kilómetros antes de Castrojeriz, ya siguiendo la carretera, llegamos a las aisladas ruinas del Convento de San Antón, un lugar "mágico" y emblemático del Camino de Santiago. Se trata de un templo gótico del siglo XV que cuenta con un albergue de peregrinos que solo abre en la temporada de verano.

Este templo se halla coronado por el símbolo de la tau, muy característico del Camino, que es algo así como un amuleto que da protección al peregrino. Parece ser que el bastón de San Antón tenía forma de tau, y esta a su vez también simboliza la cruz de Jesucristo, de ahí que se considere como un símbolo "protector". La población de Castrojeriz se halla muy ligada a este símbolo, ya que lo vimos en bastantes lugares del pueblo. Por eso también se conoce a Castrojeriz como el pueblo "antigafes".

El Convento de San Antón pertenece a la Orden de los Antonianos, fundada en el año 1095. Se decía que sus monjes curaban enfermedades gangrenosas, en especial el llamado "fuego de San Antón". Debido a la realización de ciertas prácticas y experimentos, esta Orden cayó en desgracia a finales del siglo XVIII, cuando fue suprimida por el monarca de la época.


Llegada a Castrojeriz

Cerca de las dos de la tarde entramos en el pueblo de Castrojeriz, que está justo al pie de un pequeño cerro donde se alzan las ruinas de una vieja fortaleza. Nos parece una delicia haber concluido ya la etapa. Una vez en el pueblo, lo primero que nos llama la atención es la hermosa colegiata, que está cerrada. En la puerta hay varios niños jugando al fútbol. Aprovechamos para hacer un pequeño descanso y, de paso, para darle algunas pataditas al balón. Yo, incluso, le paré un penalti a un niño que llevaba puesta la camiseta del Real Madrid (por cierto, que el peregrino Juanma también vestía esa provocadora camiseta).












Antes de llegar a nuestro hotel, pasamos por delante de uno de los albergues de peregrinos del pueblo y aprovechamos para sellar nuestras credenciales. Tuvimos ocasión de recorrer el pueblo de camino hacia nuestro hotel. La presencia de la misteriosa tau está por todas partes...

Nuestro hotel está bastante bien. Al principio, el recepcionista se hizo un pequeño lío con nuestra reserva, pues solamente tenía anotada una habitación, de modo que hubo que dejar todas las cosas en ella hasta que nos prepararon una segunda habitación. Aprovechamos este momento para comer en la soleada terraza del hotel. Eran las tres de la tarde y el día estaba algo caluroso. Justo cuando nos sirvieron unas cervecitas con aceitunas de aperitivo, Olga y Tori nos llamaron de nuevo y repetimos la escena del desayuno, hablando los seis con el móvil en "manos libres" como si de una tertulia se tratase. La comida estuvo bien, aunque tuvimos que soportar durante toda la sobremesa el molesto ruido de la alarma de un coche que se había disparado.


Las monjas de Santa Clara

Uno de los lugares más destacados de Castrojeriz es el Convento de Santa Clara, donde las monjas clarisas preparan unos dulces riquísimos. Fue el encargado de nuestro hotel quien nos recomendó acercarnos, y eso hicimos en cuanto acabamos de comer. El Convento se encuentra a menos de un kilómetro de distancia de allí y por el camino tuvimos ocasión de hacernos alguna divertida foto en los verdes campos de cereal que lo rodean.

En el Convento la dificultad estaba en decidir qué cosas comprarnos porque todo tenía una pinta fenomenal. Yo opté por los puños de San Francisco, pequeños bizcochitos rellenos de crema, y por las delicias de mazapán. Creo que me pasé comprando puñitos, porque son muchos y dan una sed tremenda... Por cierto, que la monjita de clausura que nos vendió los dulces se equivocó con el cambio que le dio al peregrino Juanma... "Hermana, por favor, que esto es pecado"... le dijimos más o menos en tono de sorna... Si oyerais cómo se agobió la pobre... (no paraba de repetir ¡Ave María purísima! ... ¡Ave María purísima!).
·


Tarde y noche en el pueblo

Tras descansar en nuestras habitaciones, por la tarde recorrimos nuevamente el pueblo (ya nos lo habíamos pateado casi entero al entrar en él esta mañana). Cuando encontramos un café con conexión a internet, nos acordamos de nuestros queridísimos seguidores del blog y decidimos poneros el mensaje de esta tarde. Cada media hora me como un puñito de San Francisco, para no tener que cargar con ellos mañana, pero me temo que ni aún así...

La verdad es que, aunque el pueblo parecía más grande, no hay muchos sitios para elegir dónde cenar. Nos quedamos en uno de apariencia muy rústica que vimos cuando llegamos esta mañana, pero nos indican que el cierre del local será a las diez y media de la noche. Son las diez menos cuarto, de modo que aceptamos. La cena es a base de racioncitas, donde no faltan las habituales morcillas de burgos... ¡riquísimas! Este local estaba decorado con multitud de objetos típicos de la zona y con numerosas fotografías y recortes de prensa. En uno de ellos pudimos leer la triste historia de un perro guía que ayudó a muchos peregrinos perdidos a encontrar el Camino y que murió envenenado víctima de la imprudencia de algún desaprensivo.

Cuando regresamos a las diez y media al hotel, prácticamente no había ni un alma por la calle y apenas si se veía luz en las casas. La verdad es que la atmósfera que envuelve al pueblo de la tau es verdaderamente misteriosa.


Mañana, fin del CS2008

Pues así se ha desarrollado la jornada de hoy. Ha resultado muy agradable y creo que la experiencia de introducir alguna etapa corta en medio de otras más largas la vamos a aplicar en próximos años. Mañana, última etapa (25 km): entramos en la provincia de Palencia y llegaremos hasta el pueblo de Frómista, donde diremos adiós a esta edición del Camino. En Frómista nos espera una de las joyas románicas del Camino: la iglesia de San Martín, y justo enfrente tenemos nuestro hotel. Pero esto os lo contaré, no mañana, sino el domingo 4 de mayo ya desde Madrid. ¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Wojciech Kilar — BSO Drácula "Love remembered" )






Otras entradas del blog relacionadas con esta etapa:

Desde Castrojeriz con más dolor



¡Hola peregrinos! Hoy os escribimos desde Castrojeriz, final de la penúltima etapa del Camino de 2008... ¡con dolor! ... ¡con mucho dolor! de pies... de tobillos... de manos... de cabeza... de piernas... de hombros... y de otras cosas que es mejor no decir aquí. Bueno, a pesar de todo aún nos queda humor... mucho humor... pero sobre todo... ¡DOLOR! ¡MUCHO DOLOR!!!!

Desde el último día, han pasado muchas cosas...

El sábado y domingo nos hemos torrado literalmente... Medio quemados, medio escocíos... Pero lo que nos ha venido después ha sido mucho peor...


Lunes

El lunes llegamos a Belorado, con bastante frío y algo de lluvia. Pasamos por sitios bonitos como Grañón y Redecilla del Camino, donde hay una pila bautismal del siglo XII. Aquí me pillé una réplica de ella y desde entonces voy cargando con ese pequeño lastre de medio kilo (en alguna etapa, he intentado colocárselo a alguien "a escondidas", pero no lo he conseguido). En Grañón hay una iglesia con un retablo muy chulo. Llegamos a Belorado con bastante fresquito. Nos alojamos en la Casa Rural de Verdeancho, muy maja, donde afortunadamente estaba encendida la chimenea.


Martes

El martes, de Belorado a San Juan de Ortega, con un viento y un frío de coj... Tuvimos que subir los Montes de Oca, que tienen unas cuestas de coj... El pueblo de San Juan de Ortega es muy pequeñito pero vale la pena. Estábamos en el Centro Rural de la Henera, que estrenamos nosotros mismos, a un paso de la iglesia-monasterio de San Juan de Ortega. Nos cenamos un pedazo tortilla y unos morcillones de coj..., que todavía las llevamos en el paladar.


Miércoles

El miércoles, un viento y un frío de coj... llegamos a Burgos, donde nos alojamos en un hotelito del centro. Por el camino pasamos por sitios muy bonitos como Agés (donde estuvimos en el albergue municipal de San Rafael, regentado por una familia muy simpática de Tarifa). También pasamos por la sierra de Atapuerca. De la entrada a Burgos mejor no os digo nada, porque es horrorosa (os remito al blog que prepararemos en su momento). Al entrar en Burgos, por una de las calles, por ir haciendo el imbécil con el bordón, la calabaza sufrió un terrible accidente... Ahora sólo llevo media calabaza... bua!! bua!!


Jueves

El jueves, de Burgos a Hontanas, etapa reina de 31 kilómetros que nos parecieron 2000... Por el medio hay un sitio llamado Hornillos del Camino al que no se llega nunca. Conseguimos hacerlo a las tres y media y nos dan el alegrón de recibimiento cuando nos dicen que la cocina está cerrada desde las tres. Nos dejan comer cuatro cosas que quedaban en la barra... A los pobres alemanes que venían detrás les dejamos media tapa de aceitunas y dos canapés... ¡Pobrecillos!

Pero lo "bueno" aún estaba por llegar. Hasta el final de etapa, en Hontanas, había 10 kilómetros que resultaron ser cerca de doce. Llegamos pasadas las ocho de la tarde tras llamar hasta en tres ocasiones al hostal para que nos mantuviesen la reserva. Y menos mal, porque el pueblo es pequeñísimo y parecía que había una concentración de peregrinos y ampollas buscando desesperadamente un lugar donde alojarse. Tras llegar al hostal, había una nueva "gran noticia", en quince minutos teníamos que estar listos para cenar, porque cerraban la cocina. Yo todavía estaba haciendo la digestión de la comida de hacía un rato en Hornillos... Madre mía, ¡qué día! Por fin, en un momento de desahogo nos acercamos al albergue a poner un mensaje en internet... Y para variar, también cerraban la conexión a partir de las diez, con lo que nos quedamos con las ganas. Menos mal que nos dio tiempo a echarnos unos buenos pelotazos, incluido un delicioso bizcocho casero de piña...


Viernes

Y así hasta hoy, que estamos en Castrojeriz, en el final de la etapa más corta, de solo 10 kilómetros, para compensar el desbarajuste de ayer. Por el camino hemos visto toda una variedad de fauna. Bajo el sonido de nuestra sintonía de "El hombre y la tierra" hemos visto perdices, codornices, liebres, aguiluchos, culebras...

En Castrojeriz hemos podido disfrutar, ¡por fin! de un auténtico día de relax. Hemos llegado a las dos de la tarde, hemos comido tranquilamente y sin prisas y ahora estamos aquí disfrutando de un rato de ocio. Hasta nos ha dado tiempo de pillar unos cuantos dulces de las monjas clarisas que hay por aquí (que me temo que no van a llegar a Madrid).

Mañana, la última etapa hacia Frómista, de tan solo 25 kilómetros. Pero esta ya os la contaremos en su momento...



jueves, 1 de mayo de 2008

CS2008 – Etapa 6 (Camino de Hontanas)




¡Hola peregrin@s! Hoy sí que hemos llegado verdaderamente reventados. Nos hemos metido en el cuerpo 31 kilómetros en lo que es la etapa más larga del Camino de 2007 y 2008. Doce horas a patita... ¡casi nada! El botiquín de tiritas ya casi no da abasto. Pero al menos mañana tendremos una plácida etapa de 10 kilómetros, por lo que hoy dormiremos un poquito más. Estamos en un hostalito encantador del bonito y perdido pueblo de Hontanas que, de verdad, es muy acogedor... ¡y muy difícil de llegar hasta aquí! Os cuento cómo nos ha ido hoy...


Superdesayuno y salida de Burgos

Tras la típica noche de ronquidos por parte de Serrucho Man, hoy toca afrontar la etapa más larga, de 31 kilómetros con un perfil más o menos llano. Dejamos el hotel poco después de las ocho con intención de desayunar en algún lugar del casco histórico de Burgos, sin apartarnos mucho del camino. Nuestro gozo en un pozo: todos los bares y cafeterías que vemos están cerrados. Al final, preguntando a una señora, descubrimos una cafetería que está junto a una pastelería. ¡Menudo surtido de pasteles y bollos que nos hemos metido! Hoy hay que desayunar bien porque nos espera una dura etapa.

La salida de la ciudad la hacemos cruzando el río Arlanzón primero, para atravesar después un hermoso parque y, más tarde, la ciudad universitaria. Es curioso, porque en la salida de las otras capitales de provincia por donde hemos pasado, Pamplona y Logroño, también tuvimos que cruzar las respectivas ciudades universitarias.


Primeros kilómetros

Hoy, ¡por fin!, el tiempo sí que acompaña. La mañana está soleada y algo fresca, pero lejos del bochorno de los primeros días y del frío intenso de las últimas etapas. Los primeros kilómetros se hacen agradables y, a las dos horas de salir, llegamos al pueblo de Tardajos, a 10 kilómetros de Burgos. A la entrada de este pueblo está el puente del Arzobispo donde, según la tradición, el rey Alfonso VI de Castilla casi se mata al caerse de su caballo.

Tan solo dos kilómetros después, o sea, media hora más tarde, llegamos a otro pueblecito, Rabé de las Calzadas, con una bonita iglesia parroquial. Hasta aquí, puede decirse que todo ha sido "coser y cantar". Es la una y media de la tarde y hasta Hornillos, siguiente pueblo, hay 8 kilómetros. Decidimos arriesgarnos a no comprar nada antes y esperar para comer allí.




Hornillos del Camino

El camino hacia Hornillos es agradable al principio, entre verdes campos de cereal que relucen en este día tan soleado. No quiero ni imaginarme lo que debe ser atravesar estos campos en pleno verano, sin apenas sombras y con un sol achicharrador.

La llegada a Hornillos se nos hizo muy larga. Andábamos y andábamos y el pueblo no terminaba de verse nunca. Para colmo, en los últimos kilómetros el sol apretaba un poquito más y el cansancio ya empezaba a notarse. Cuando, a eso de las tres de la tarde, divisamos el pueblo tras una larguísima bajada, casi no nos lo podíamos creer.

Avanzamos, ansiosos, hasta el único bar del pueblo donde despachan comidas para coger mesa. Pero el peregrino Toñín, que se había adelantado unos metros, nos estaba esperando justo en la puerta con una irónica y cruel sonrisilla... "La cocina la cierran a las tres de la tarde...", nos dijo... ¡Y eran más de las tres y media! Entramos y nos dejaron pedir solamente lo que hubiera en ese momento en el mostrador de la barra, que ya estaba casi agotado... Pedimos las cuatro cosas que vimos... algo de embutido, algunos canapés y unas croquetas. Justo después de nosotros llegaron unos alemanes, que se tuvieron que conformar con lo que les dejamos nosotros... unas aceitunas y un par de canapés... ¡Pobriños! En este bar también nos apremiaron a acabar pronto, porque lo cerraban a las cuatro... Al menos, nos sellaron nuestras credenciales.

En Hornillos del Camino es donde tenía que haber concluido la etapa de hoy, pero al no encontrar desde Madrid alojamiento disponible para reservar (recordad que hoy es festivo, 1 de mayo), tuvimos que alargar la etapa hasta el pueblo siguiente, que está a más de 10 kilómetros. En este pueblo hay una bonita iglesia y una fuente con un gallo; este animal debe ser el símbolo del pueblo, porque su imagen aparece representada por todas partes. Por cierto, por aquí hemos visto a la peregrina alemana de la que os he hablado más de una vez; me imagino que se habrá quedado en el albergue del pueblo.

En una tienda de alimentación próxima, el peregrino Toñín y yo hemos aprovechado para comprar alguna cosilla que complemente la comida de hoy. La peregrina Laura no parecía muy satisfecha con las cosas que hemos pillado para comer y ha tenido una pequeña conversación discrepante con su señor marido peregrino.

Pasadas las cuatro y media reanudamos la marcha. Hasta Hontanas restan, en principio, algo más de 10 kilómetros que, al final, resultaron ser más de 12. Como hay muchos peregrinos por la zona y, visto lo difícil que está hoy el tema de los alojamientos, nos preocupa que nos "levanten" nuestra reserva en el hostal de Hontanas ya que, debido a nuestra "meteórica" velocidad, tardaremos aún lo suyo en llegar. Así que, hasta en tres ocasiones, llamé al hostal para confirmar la reserva, retrasando sucesivamente la previsible hora de llegada. En todo momento, en el hostal nos dieron seguridad de que nos mantendrían la reserva, pero... por si acaso, es bueno tomar estas precauciones.




Un oasis en medio de la nada

El recorrido hasta Hontanas es una interminable sucesión de verdísimos páramos entre los que resulta muy fácil ver codornices, y alguna que otra perdiz, que animan algo el recorrido. En algún momento hicimos sonar el tono del teléfono móvil del peregrino Toñín con la sintonía de El hombre y la Tierra, para recrear mejor el entorno natural donde nos hallábamos. Por esta parte del recorrido apenas si veíamos a alguien, tan solo un par de grupos de ciclistas, que nos hicieron fotos y a los que correspondimos del mismo modo.

5 kilómetros antes de llegar a Hontanas, en medio de la nada, aparece un extraño lugar llamado San Bol, donde hay un solitario albergue de peregrinos (abierto solamente en temporada de verano), y en su exterior una fuente de aguas cristalinas, una alberca y varios bancos para sentarse debajo de un grupo de árboles. El sitio resulta curioso e inesperado y aprovechamos para tomarnos en él un pequeño respiro.

Reanudamos la marcha a las seis y pico de la tarde, y ya empezaba a preocuparnos, incluso, que se nos hiciera de noche. La etapa estaba siendo larguísima y los pies nos ardían literalmente. Recuerdo estas palabras del peregrino Toñín: "En cuanto llegue, me voy a tumbar y no me levanto antes de las doce de la noche". Para colmo de desgracias, la calabaza de Toñín se partió en dos al apoyar su bordón. Ayer fue la mía... hoy la suya. Las dos calabazas se compraron a la vez el año pasado y es como si tuvieran sus días contados...


Al fin en Hontanas

La señora del hostal ya nos avisó para que no nos desesperáramos si tardábamos en divisar el pueblo. Está justo detrás de una loma que lo tapa, de modo que no lo ves hasta que estás encima. Por fin, a las siete y media de la tarde, tras una pequeña subidita, vemos el pueblo que está como metido en una especie de olla.

Hontanas es pequeñísimo, prácticamente tiene solo una calle principal; en la plaza de la iglesia, está nuestro pequeño hostal familiar Fuentestrella, que toma su nombre de la fuente de piedra con dos caños y una estrella, que hay justo al lado. Cuando entramos en el hostal había un jaleo enorme. Multitud de peregrinos buscando alojamiento que, seguramente, tendrían que pernoctar en la calle porque no había sitio por ningún lado.

En cuanto llegamos, confirmamos la reserva... Nos dan las habitaciones... Y nos dicen que hoy han tenido un día con muchísimo trabajo (celebración de bautizo incluida), de modo que cerrarán la cocina a las ocho y media de la tarde (y no hay otro sitio para cenar en el pueblo)... ¡Y en ese momento eran las ocho y cuarto! Habíamos terminado de comer hacía solamente cuatro horas. Me acordé también de las palabras de Toñín que decía que no bajaba hasta las 12... Está claro que cuando las cosas se tuercen...

En fin, qué remedio, en diez minutos nos medio aseamos como pudimos y, a las ocho y media justitas, estábamos en el pequeño comedor del hostal con mesa y mantel degustando, eso sí, un excelente menú del peregrino que no desmerecía al de etapas anteriores. Los cafés nos los tomamos fuera del comedor, en la pequeña barra de bar que tienen en la propia entrada del hostal y que hace las veces de recepción, y hasta nos permitimos un "caprichito" de postre en forma de bizcocho casero de piña que les había sobrado de la celebración del bautizo.

Tras la cena, nos dimos un pequeño paseo por el pueblo, o más bien por la placita diría yo, y entramos en el abarrotado albergue de peregrinos de enfrente donde habíamos sellado nuestras credenciales por la tarde, en el momento en que llegamos al pueblo.
.
Aquí intentamos, sin éxito, conectarnos a internet para dejar un mensaje en el blog, similar al que pusimos en Cirueña, pero había dos pedorras chateando con sus amigas y, cuando dejaron libre el ordenador, nos dijeron que cerraban en ese momento la conexión (las diez de la noche). Lo que sí que nos dio tiempo a tomar fueron unos buenos pelotazos con los que remojar las penalidades sufridas en la dura etapa de hoy.


Y mañana, de paseo

Pues así ha transcurrido esta jornada. Hoy las duchas han venido después de la cena y se agradece el poder refrescar los pies, aunque sea tan tarde. La noche está algo fresquita, pero parece que los días helados han quedado definitivamente atrás. La etapa de mañana será un plácido paseo de 10 kilómetros hasta el pueblo de Castrojeriz. De alguna manera compensaremos así el desbarajuste kilométrico de hoy. Si tenemos ocasión, igual os dejamos algún mensaje en el blog, en tiempo real desde la propia etapa. ¡Buen camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Lindsay Buckingham "Trouble")