viernes, 4 de mayo de 2007

CS2007 – Etapa 6 (Camino de Los Arcos)





¡Hola peregrinos! Vaya etapita la de hoy... Si ayer el día fue de más a menos, hoy ha sido todo lo contrario. Empezamos desanimados, con un día muy muy lluvioso, a punto de tirar la toalla y cogernos un taxi para llegar hasta aquí, hasta el pueblo de Los Arcos... Pero conforme avanzaba la jornada todo se ha ido arreglando y hemos llegado, cansados sí, pero haciendo la etapa como es debido, y hasta con cierta euforia. Incluso hoy hemos hecho nuestra “buena obra de la semana” y ha habido tiempo al final de la jornada para obsequiarse con unos cubatas... Con todo, el día se despertaba de forma simpática...


Angelina Jolie

Durante esta pasada noche no ha dejado de llover. Entre ronquido y ronquido de Buen Camino Man podía escuchar los gotarrones que caían ahí afuera. ¡La que nos espera para mañana!, pensaba.

Como casi todos los días, nos despertamos a las 8 para prepararnos para bajar a desayunar en el hotel. Ya sabéis, revisión de pies por si hay ampollas (de momento, no)... Aseo... Ducha... Preparación de mochilas... Mientras hacíamos todo eso, el peregrino Juanma me cuenta un curioso sueño que ha tenido hoy. Me decía que había soñado que se le caía la cámara de vídeo y se le hacía añicos.

¡Vaya sueño más tonto! Al decirme eso recordé que, precisamente hoy, yo sí que había tenido un sueño mucho mejor... Estaba en el aeropuerto esperando a no sé quién y de repente, por la puerta de la sala de llegadas aparece, delante de una comitiva de periodistas que la seguían... ¡Angelina Jolie! Al verme, se me acerca corriendo y me dice, mientras me planta dos buenos besazos: “¡Hola Miguel! ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?”. Yo, con toda la naturalidad del mundo, pues en el sueño parecía conocerla de toda la vida, le contesto: “Pues ya ves, aquí esperando a alguien... ¿qué es de tu vida?”. Angelina me dice que había dejado a Brad trabajando en Los Ángeles y que se había acercado a Europa a hacer no sé qué historia. Al final nos despedimos como dos buenos amigos de toda la vida. Por supuesto, en el aeropuerto todo el mundo alucinaba (y se retorcía de envidia) mirándonos y preguntándose quién demonios sería ese chico tan apuesto al que saludaba Angelina... Lástima que solo fuera un sueño y que ya no recordase más detalles de él, pero os aseguro que me he pasado media etapa dándole vueltas...

Por supuesto, mientras contaba mi relato, Juanma se desternillaba de risa por la habitación... ¡ni que fuera tan extraño mi sueño de hoy! Las risotadas se hicieron extensivas al resto de peregrinos cuando bajamos a desayunar. Por desgracia, las caras nos empezaron a cambiar cuando miramos al cielo en el momento de comenzar la etapa de hoy...


Llueve a cántaros... ¿Qué hacemos?

Pues sí, tras una pequeña tregua al levantarnos... se ha puesto a llover otra vez, ¡y de qué manera! Justo ahora que tenemos que salir... Tras la "ducha" de hace dos días en la etapa de Pamplona no nos apetece nada volver a pasar por lo mismo. Y esta vez es aún peor, porque el chaparrón nos está cayendo ya desde el mismo inicio de etapa y no tiene la menor pinta de que vaya a parar... Tenemos muchísimas dudas sobre si seguimos o nos cogemos un taxi hasta Los Arcos. La etapa de hoy es corta, 22 kilómetros, pero no queremos acabar hechos una sopa como la otra vez.

Finalmente, aunque no muy convencidos, nos ponemos los ponchos y las capuchas y optamos por comenzar a andar. La Fuente del Vino está solamente a poco más de 2 kilómetros y nos planteamos al menos llegar hasta allí. Después, decidiremos sobre el terreno. Para mayor desgracia, nuestro hotel está en un extremo de la ciudad y tenemos que recorrerla entera para retomar el Camino de Santiago, en medio de una incesante lluvia. Tras dos kilómetros andando llegamos a Ayegui, que es prácticamente un barrio de Estella. Aquí vemos un albergue de peregrinos y, aunque la Fuente del Vino está a menos de un kilómetro, no nos lo pensamos dos veces. Corremos a refugiarnos en el albergue.


El albergue de Ayegui

El albergue es, en realidad, un polideportivo municipal habilitado para acoger a los peregrinos. Llegamos completamente empapados de agua y el primer recibimiento nos lo da la señora que acababa de limpiar el pabellón y que nos regaña porque se lo hemos llenado de pisadas. Podéis imaginaros la charla que nos dio. En la puerta del albergue vemos que se detiene también el matrimonio de Granada con el que hemos coincidido en varios alojamientos del Camino. Hacen una breve parada pero ellos siguen adelante, no sin antes facilitarnos el teléfono del taxi que utilizan para transportar su mochila. En ese momento estábamos más cerca de dejarlo todo y llamar al taxi que de continuar andando hasta Los Arcos.

La señora que nos regañó al principio vuelve con la fregona para limpiar las pisadas que hemos dejado y aprovecha para lanzarnos una segunda "hornada" de quejas. En ese momento nosotros no estábamos precisamente para muchas tonterías y acabamos por recordarle que cómo era posible que en un albergue de peregrinos se puedan molestar por el hecho de que entren peregrinos en un día de lluvia torrencial... Yo creo que esas palabras ablandaron a la buena señora que a partir de ese momento se mostró mucho más comprensiva, y hasta cariñosa, con nosotros. Nos invitó a pasar dentro para dejar nuestras cosas e ir a la cafetería, que ella atendía, donde nos tomamos el segundo desayuno de la jornada. Ella fue quien nos hizo alguna de las fotos, bromeó con nosotros y al peregrino Toñín, que tenía su poncho amarillo que parecía la tabla de multiplicar del siete, le regaló uno nuevo de color marrón.

Este cambio en el "entorno" se fue trasladando poco a poco a las condiciones meteorológicas que iban mejorando paulatinamente, hasta el punto de que ya nadie dudaba de que, en cuestión de no mucho tiempo, retomaríamos la marcha. Antes tuvimos ocasión de sellar nuestras credenciales y de recoger la "Ayeguina", certificado personalizado que entregan en este albergue y que acredita haber recorrido los 100 primeros kilómetros del Camino. También firmamos en un libro que ponen a disposición de los peregrinos para que escriban lo que se les ocurra. Había un comentario muy gracioso de un peregrino que se quejaba de no pegar ojo porque había gente jugando en el polideportivo y metían mucho ruido. ¡Qué cosas!

El sol, tímidamente, trataba de abrirse paso entre las nubes y esto nos animó sobremanera. La "minicrisis" estaba superada. Tras hora y media de parón, y aunque todavía llovía ligeramente, nos disponemos a retomar la marcha. La peregrina Laura se ha diseñado un curioso calzado a base de envolverse sus botas con unas bolsas de plástico, para que no le traspase agua a los pies. Era tan original el atuendo que algún que otro peregrino extranjero inmortalizó fotográficamente la escena. Por fin, pasadas las once y media de la mañana, con casi dos horas de retraso, nos despedimos de la gente del albergue y reanudamos el camino.


La Fuente del Vino

A los cinco minutos de dejar el albergue ya se observa a lo lejos el Monasterio de Irache. Junto a él se encuentra la Fuente del Vino de las bodegas de Irache, que recupera la vieja tradición de los monjes del lugar de ofrecer vino al peregrino. Puedes consumir lo que quieras pero no te lo puedes llevar. Al lado del grifo del vino hay otro que pone "Agua", pero no se sabe si funciona o no porque nadie lo utiliza, jejeje.


Por tierras de Montejurra...

Tras degustar generosamente el vino de Irache, continuamos la marcha. A partir de la Fuente del Vino, el camino asciende ligeramente. En esta oscura y gris mañana, las montañas de Montejurra nos observan con una belleza que resulta algo siniestra. El primer pueblo es Ázqueta, a 5 kilómetros de Irache, y hasta llegar a él atravesamos varios caminos de tierra completamente anegados. Entre charcos y barro realizamos una pequeña parada para que el peregrino Toñín utilice los servicios del botiquín por alguna molestia que sentía en el pie.

En Ázqueta nos recibe un lugareño muy simpático y campechano que presume de haber repartido miles de bordones y conchas entre los peregrinos. Mientras hablamos con él vemos como dos peregrinas extranjeras ascienden a duras penas por la cuesta que desemboca en el pueblo. A una de ellas (canadiense) ya la conocíamos de días atrás porque caminaba con una aparatosa venda en una rodilla. La pobre ya no podía más. Su compañera (francesa) nos preguntó si podíamos avisar a alguien para que la recogieran. En ese momento llamamos al teléfono del taxi que nos facilitaron los señores de Granada en el albergue de Ayegui y esperamos junto a las jóvenes peregrinas a que llegase y recogiese a la lesionada. Ambas se mostraron muy agradecidas. La peregrina francesa continuó sola hacia Los Arcos.

Eran casi las dos y media de la tarde y como en Ázqueta no había dónde comer decidimos hacerlo en el siguiente pueblo, Villamayor de Monjardín, a solo un par kilómetros. La llegada hasta allí se complicó más de lo esperado porque nos encontramos con varias cuestas llenas de un barro superdeslizante, hasta el punto de que Barro Man acabó con sus huesos en el suelo. Se veía venir... ¡Menuda risotada! (Bueno, él no se reía tanto, obviamente). Y eso que los bordones ayudan lo suyo en este tipo de situaciones...

En la entrada de Villamayor hay una preciosa y original fuente medieval y también un albergue de peregrinos, donde sellamos nuestras credenciales. No encontramos ningún sitio abierto para comer y como hasta Los Arcos ya no hay ningún pueblo, no nos quedó otra que comer las provisiones que nos sobraron de la etapa de ayer. El chorizo estaba pasable, pero el pan ya se había endurecido. ¡Es lo que había!


Camino de Los Arcos

Son más de las cuatro de la tarde y hasta Los Arcos tenemos 12 kilómetros por delante. Ahora ya luce el sol y el tiempo no tiene nada que ver con el de las primeras horas de la etapa. El camino va por unas largas pistas de tierra entre verdes campos de trigo. En una de las paradas que hacemos, la peregrina Laura pierde la funda de la nueva cámara de fotos (la tercera del viaje)... ¡Esta chica...! En este trayecto conseguimos recuperar parte del retraso acumulado y llegamos a Los Arcos sobre las seis y media de la tarde... con la lengua fuera, pero ¡llegamos!


En el albergue de peregrinos de Los Arcos sellamos nuevamente las credenciales: el tercer sello del día. Nuestro hotel está en el mismo centro del pueblo pero tiene un pequeño defecto: no hay ascensor y nuestras habitaciones están en el tercer piso. ¡Maldita la gracia de subirnos tres pisitos con las mochilas!


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Tras las reglamentarias duchas y pequeñas cabezadas en la habitación, salimos a dar una vuelta por el pueblo, en el que destaca la hermosa iglesia de Santa María: bonita por fuera pero casi más por dentro. Le hace falta una buena restauración pero es una preciosidad. A las nueve y media entramos en un sitio muy majete que hay justo frente a la iglesia, para cenar. Nos acomodan en la planta de abajo, que es una especie de cueva o bodega y, tras la excelente comida degustada, nos tomamos unas copitas con brindis incluido por el buen desenlace de esta intensa etapa.


Mañana, la etapa final de 2007

Y así se ha resuelto el día de hoy. Mañana se acaba esto con la etapa más larga: 28 kilómetros llanos, con algún pequeño repecho, hasta Logroño. A todos nos da un poco de pena terminar pero la verdad es que se nota el cansancio acumulado. Cada vez que concluyes una etapa, una vez que te sientas te cuesta horrores incorporarte. Eso sí, lo que perdemos andando lo recuperamos con mesa y mantel (dentro de lo que cabe). Lo que ocurra en la etapa de mañana sábado os lo relataré el domingo, de vuelta a Madrid, ya desde el autobús... Es que queremos darnos una pequeña celebración por las zonas de copas de Logroño y no creo que esté muy "católico" para escribir nada mañana por la noche. Ya os contaré. ¡Buen camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
Música de Enya "Evening falls"

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