jueves, 2 de mayo de 2019

CS2019 — Etapa 6 (Camino de Gijón)


¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde nuestra habitación triple del hotel de Gijón donde estamos alojados tras meternos alrededor de cuarenta kilómetros encima para culminar esta penúltima etapa del Camino. Cien kilómetros en tres días... ¡Menuda paliza! ¿Molidos... destrozados...? No... ¡lo siguiente! Pero superorgullosos por haberlo conseguido... ¡Olé! Y ahora, os dejamos con el relato de la etapa más larga del Camino de nuestra historia como peregrinos...

¡A levantarse!

La etapa más larga de nuestra historia merece también el mayor de los madrugones. El despertador suena hoy a las 6.30 de la mañana, cuando ni siquiera ha amanecido.

A esta temprana hora, desde la ventana de nuestra habitación se adivina en medio de la noche la silueta de la iglesia de San Salvador de Priesca.

Poco a poco se van levantando también los demás peregrinos. El follón está asegurado para coger sitio en los baños y asearse... y no digamos para recoger las cosas de las mochilas, que están dos plantas más abajo, y poder vestirse. Esta noche tuve que levantarme para ir al servicio, que está en la planta baja... no se veía ni torta y me guie por los ronquidos de los peregrinos en sus habitaciones.

También hay que dejar un tiempo para hacer la cura matinal de los pies. Sobre todo hoy. Los de Juanma e Isabel parecen cuadros de Picasso... están recubiertos de vendas y tiritas, y eso que aún no hemos empezado esta maratoniana etapa. Casi sin darnos cuenta ya ha amanecido y desde nuestra ventana contemplamos el aspecto nublado de esta jornada.

Una vez que, ¡por fin!, conseguimos asearnos en condiciones y vestirnos... bajamos a la cocina a desayunar... ¡pan duro con leche! No hay otra cosa. Y después, a limpiarse los dientes, cerrar las mochilas y dejarlas preparadas para que el servicio de Correos nos las lleve a nuestro hotel de Gijón. Ya sabéis que, según lo decidido antes de salir de Madrid, hoy ninguno llevará su mochila; tan solo la mochilita de Isabel donde irá el botiquín y que nos turnaremos Juanma y yo como en la etapa con final en Ribadesella.

Ahora sí, a las ocho de la mañana, hora y media después de levantarnos, estamos en disposición de comenzar la etapa. No recuerdo ningún día en que hayamos tardado tanto en prepararnos para salir. Ni siquiera cuando estábamos con los coches de apoyo y éramos más peregrinos.

Sin embargo, a pesar de todas las incomodidades, nos llevamos una simpática y entrañable impresión de nuestra estancia en el albergue... Por cierto, en el vídeo de a continuación, el peregrino que aparece detrás de Juanma es uno de los dos con los que ayer estuvimos hablando en la cena. El francés no, el otro (del que desconocemos su procedencia).



Inicio de la etapa

Unos minutos después de las 8 salimos del albergue dando inicio, así, a la sexta etapa del CS2019. El tiempo está nublado y fresco. El Camino rodea la iglesia de San Salvador y se pierde por un sendero que se interna en el monte.

Por delante tenemos casi cuarenta kilómetros hasta Gijón que incluyen dos puertos: los altos de la Cruz y del Curbiello. El primero de ellos es, según nos contaron en el albergue, muy duro. La etapa la comenzamos haciendo yo el primer relevo con la mochilita.

En estos primeros kilómetros de etapa uno de los temas de conversación fue la sorprendente victoria de Juanma anoche a las cartas. Es la primera vez que gana... y lo hace justo cuando hay una apuesta en juego. Ahora Isabel y yo tendremos que darle 5 minutos de masaje...  Ya veremos cómo, dónde, cuándo y con qué... jojojo...

El Camino pasa por preciosas zonas de monte y por otras plagadas de manzanos y de vaquitas... Se nota que vamos hacia Villaviciosa, la capital de la sidra.. Algo antes de las nueve llegamos a Sebrayo, donde hay un albergue de peregrinos. Entramos para intentar sellar pero no hay nadie. Llevamos recorridos ya casi 4 km de etapa.


Media hora más tarde sellamos nuestras credenciales por primera vez en la etapa de hoy. Fue en un lugar tan bonito como curioso, llamado La Casina del Fresnu, en el barrio del mismo nombre, a cinco kilómetros de Villaviciosa. Se trata de un rincón rústico, sin nadie que lo atienda, con terraza y máquina expendedora de bebidas y productos de alimentación. El lugar está presidido por un imponente hórreo y también tiene un sello atado a una cuerda para que los peregrinos que pasen puedan estampar con él sus credenciales. ¡Se agradece el detalle!

Conforme nos vamos acercando a Villaviciosa puede divisarse en el horizonte su ría. La cada vez mayor abundancia de manzanos y, sobre todo, la visión de la fábrica de la sidrería El Gaitero nos delatan la proximidad de la citada población al final de una larga recta.




Redesayuno en Villaviciosa

A las diez y veinte de la mañana llegamos a Villaviciosa, punto kilométrico 10 de esta etapa y capital de la sidra que cuenta, incluso, con un circuito sidrero señalizado en las baldosas del pueblo.

Lo primero que hacemos a nuestra llegada es entrar en una cafetería situada frente a un simpático monumento dedicado a las manzanas, meternos un buen desayuno (¡ahora sí!) y encargar unos bocatas para comerlos más adelante. Además, en el pueblo compramos también unos plátanos para el camino.

Este redesayuno resultó más que agradecido. Infusiones, zumo, bizcocho y tostadas de pan con tomate... "Igualito" que en el albergue, vamos... Al reanudar la marcha, pasadas las once, Juanma se hace cargo del siguiente relevo de la mochilita.

Aprovechamos nuestra paso por Villaviciosa para apreciar algunos de sus monumentos. La salida del pueblo se hace cruzando el parque de la Alameda, que sigue el cauce del río Linares, con unas bonitas cascadas y el coqueto puente de piedra de San Juan. Justo al mediodía dejamos atrás esta emblemática población sidrera.




Cruce de Caminos

Tras Villaviciosa, el Camino sigue su discurrir recuperando sus paisajes más bucólicos. En seguida nos encontramos con un grupo de vacas, todas pasotas ellas, tumbadas sobre la hierba e indiferentes al paso de los peregrinos.

Y un poco más adelante, junto a unos jinetes que se detienen a hablar con Isabel, alcanzamos la pequeña aldea de Casquita, situada en el kilómetro 13 de la etapa, donde se encuentra el cruce de Caminos: el Camino del Norte, el nuestro, de frente con dirección a Gijón; y el Camino Primitivo, a la izquierda con dirección a Oviedo. Un poquito antes de llegar al cruce hay una tiendecita con cosas del peregrino donde nos sellan las credenciales.

Al lado del cruce hay una casa con un perrazo —un mastín— que nos observa detrás de una valla con cara de pocos amigos. Seguimos de frente hacia Gijón por el arcén de la carretera... cada vez más inclinada hacia arriba...

Subidaza al alto de la Cruz

Hacia la una de la tarde comenzamos el tramo más comprometido de la jornada de hoy: la subida al alto de la Cruz, donde rebasaremos el ecuador de esta etapa. Primero por rampas suaves por carretera que luego se convierten en cuestas descomunales por en medio del monte.

Juanma y yo hacemos un nuevo cambio de mochila y ahora paso a llevarla yo...

Esta subida parece no tener fin. Vamos con la lengua fuera, completamente desagrupados y a la pobre Isabel la perdemos de vista una y otra vez en la cola del pelotón.

En el tramo más duro nos adelantó un ciclista con dos alforjas que circulaba a pie empujando la bici y maldiciendo a quien le había dicho que podía meterse por el camino de tierra con ella... Tenía que coger un autobús en Gijón e iba con la hora justa... No volvimos a saber más de él.

Por fin a las dos y cuarto, tras más de una hora de penosísima ascensión, coronamos el puerto e iniciamos la bajada, ya por la carretera de nuevo, hacia la población de Peón, situada en el precioso valle del mismo nombre. Ese es el lugar elegido para comernos los bocatas que llevamos y que tan merecidamente nos hemos ganado.

Comida en Peón

Hasta Peón aún queda una larga y abrupta bajada que nos lleva media hora. Llegamos sobre las tres menos cuarto, con las piernas muy castigadas. Esta zona es una gozada, con grandes vistas de todo el valle. Montañas, vacas, caballos, manzanos... Estamos ya en el kilómetro 25 de la etapa, a solo 13 del final.

En este pueblo encontramos un mesón, Casa Pepito, donde sellamos las credenciales, pedimos unos Aquarius y nos vamos con ellos a la terraza exterior a comernos los bocatas de Villaviciosa. Mientras comemos observamos el cartel publicitario del local, con hamburguesas gigantes de un kilo y tablones de carne de dos metros de largo... Como para pasar hambre...

Por aquí vemos pasar algún peregrino pero la mayoría no siguen adelante y terminan la etapa en este pueblo, aunque no hay dónde alojarse: hay que pedir un taxi o coger otro tansporte que te lleve a Gijón.

Con Juanma portando la mochila, a las 15.40 h reanudamos la marcha bajando por la carretera para afrontar después la segunda subida de la jornada aunque, según nos comentaron, es bastante más suave que la anterior subida al alto de la Cruz. Las vacas y los manzanos continúan siendo espectadores privilegiados de esta etapa.


Otra subida y... ¡Gijón a la vista!

La subida al alto del Curbiello nos lleva aproximadamente media hora por un terreno abrupto y pedregoso. Aunque más corta que la primera subida de la etapa, esta se nos hace dura también por los kilómetros y horas de caminata que ya llevamos todos en las piernas.

La peregrina Isabel ya ni os cuento cómo va la pobre... En modo piloto automático... La subida termina cuando sales a la carretera general y desde ella divisas, a lo lejos, la ciudad de Gijón. Pero no hay que engañarse, aún quedan más de diez kilómetros para llegar allí y ya sabemos lo que sufrimos en los últimos kilómetros de cada etapa.

Poco antes de las cinco de la tarde alcanzamos, por fin, la ansiada carretera tras esta pedregosa y, por momentos, algo embarrada subida. Desde aquí ya todo es descenso hasta Gijón... unos 10 kilómetros. Estamos machacados pero, por si había alguna duda, ahora estamos todos seguros de que esta etapa conseguiremos terminarla como es debido...



El final de la etapa de hoy... y premio en forma de playa

Tras la subida anterior, de nuevo me hago cargo de la mochila, ya por última vez, hasta el hotel. La llegada a Gijón se nos va haciendo larguísima. Son muchas horas ya y muchos kilómetros de caminata. Y tampoco es que sea esta precisamente la parte más bonita de la etapa.

Prácticamente desde el final de la última subida tenemos a la vista la torre de la Universidad Laboral de Gijón... eso sí, cada vez más cerca.

La entrada en Gijón se va haciendo por barrios residenciales periféricos y menos mal que las flechas amarillas están por todos lados, porque sería muy fácil perderse.

A las seis y media de la tarde estamos a la altura de la Universidad Laboral, aunque no se pasa exactamente por ella. Seguimos deambulando por barrios residenciales pero cada vez más cerca del mar.

A un par de kilómetros del centro, y por tanto de nuestro hotel, se halla el albergue de peregrinos, en un camping. Sellamos en él por cuarta vez hoy nuestras credenciales y reanudamos la marcha. El encargado nos dice que desde Priesca hasta el centro de Gijón hay 40 kilómetros, o sea dos más de los que tenemos contabilizados.

Nuestra obsesón es entrar en Gijón a lo grande... ¡Por en medio de la playa! Ya estamos cerca... el estadio del Molinón... el parador de turismo... Y por fin, con la ayuda de un vecino que amablemente nos indicó la forma más rápida de llegar a él... el paseo marítimo... ¡y la playa!

Son las siete y media de la tarde y acabamos de concluir la etapa más larga de nuestra historia como peregrinos. ¡Olé, olé y olé! Ya habrá tiempo de hacer recuento de ampollas, rozaduras, heridas y otras molestias... Ahora lo que nos apatece es descalzarnos y dar un paseo por la arena.

Yo era un poco reacio a descalzarme porque llevo los calcetines pegados al pie por el sudor y luego es complicado quitarse bien las arenas. Pero la peregrina Isabel me convenció de darme el gustazo de caminar por la arena de la playa tras 40 kilómetros y casi doce horas seguidas de dura caminata. ¡Qué gozada!

Llamamos a nuestro hotel, distante solo 100 metros de la playa, para decirles que ya estábamos allí pero que queríamos recrearnos un poco en la playa y la encargada, muy amable, nos dijo que no nos preocupáramos, que disfrutáramos del momento y que, cuando llegáramos al hotel, tendríamos unos Aquarius esperándonos en la recepción por gentileza de la casa.

Así estuvimos toda una hora, hasta las ocho y media... relajándonos por la playa, probando las olas del mar con los pies y conversando con nuestras familias y amistades. ¡Etapón concluido y sensaciones increíbles!




Hotel, cena y pelotazos

A las ocho y media de la tarde llegamos al hotel donde nos esperaban los tres refrescos que nos prometió la encargada. Sellamos nuestras credenciales por quinta vez hoy y luego subimos a nuestra habitacion triple que, tras la estancia de ayer en el albergue, nos pareció como estar alojados en el mismo Palace...

La verdad es que la habitación está fenomenal, muy espaciosa, bien cuidada e iluminada, y con vistas a la avenida principal. Como es algo tarde no hay mucho tiempo para recrearse con ella ya que hay que salir a cenar.

Juanma conoce la zona y nos recomendó un local cercano de cocina típica asturiana donde se come muy bien. Nos tomamos en él unas buenas sidras naturales acompañadas por unas suculentas raciones de chipirones y cachopo. Todo buenísimo... pero lo mejor, sin duda, el ambiente entre nosotros recordando los momentos estelares de la etapa de hoy... y algunos de la noche de ayer en el albergue. Aunque este Camino no se ha acabado todavía, la sensación es que ya está casi todo hecho porque la etapa de mañana es de las cortas y con un perfil no demasiado complicado.

Así que, tras la cena... ¡pelotazos! Aprovechando que el hotel está en una zona concurrida, nos metemos en un local nocturno relativamente tranquilo para tomarnos algún copazo. Atrás quedan muchas horas de esfuerzo físico que bien merecen esta recompensa. Así que esta noche no habrá partida de cartas ni tampoco podremos saldar la deuda con Juanma sino que tocará descansar de la paliza que nos hemos metido hoy...



La etapa de mañana, última del CS2019

Pues así ha transcurrido esta sexta etapa del CS2019, la mayor de todas. Mañana tendremos la última etapa de este Camino, la séptima, con 23 kilómetros casi llanos entre Gijón y Avilés, desde donde retornaremos el sábado a Madrid... Y con los masajes a Juanma pendientes...

Así que lo que ocurra en esa última etapa os lo contaré... ¿mañana? Noooo... esta vez será pasado mañana... ya desde Madrid. ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Malcolm McLaren "Madam Butterfy")



miércoles, 1 de mayo de 2019

CS2019 — Etapa 5 (Camino de Priesca)


¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde el albergue de Priesca, punto final de esta maratoniana quinta etapa del CS2019 con nada menos que 29 kilómetros desde Ribadesella. Etapa con dos tramos claramente diferenciados; el primero, un agradable paseo por las playas cantábricas hasta Colunga, en el kilómetro 20. A partir de ahí un tramo más sufrido de 9 kilómetros recorriendo los bonitos paisajes del interior asturiano hasta nuestro albergue.

Estamos a punto de iniciar una nueva partida de chinchón, pero esta vez con algo en juego. El que gane, será masajeado durante 5 minutos por los otros dos peregrinos en una etapa próxima... Yo quería que el ganador pudiera elegir el lugar del cuerpo donde desea recibir el masaje pero parece que los otros dos peregrinos no estaban muy de acuerdo y la cosa se ha quedado solo en extremidades, espalda y cuello, a elegir... jejeje... ¿Miedo a perder? Bueno, mientras dilucidamos quién gana, os dejamos con el relato de esta larga etapa...

Salida de Ribadesellla

Por tercer día consecutivo el despertador suena a las 7 de la mañana. De nuevo se ponen en marcha las rutinas habituales y, entre ellas, la de cuidar rozaduras y alguna que otra ampollita que aparecen en algún pie. Las tiritas y los mejunjes milagrosos se encargan de ello. La peregrina Isabel ya está preparada antes que nadie para que no se repita lo de ayer y deja su mochila en el cuartito que hay junto a la recepción del hotel para que la recoja el servicio de Correos. Juanma y yo caminaremos con nuestras mochilas. Por cierto, que la recepción está cerrada y al salir del hotel tenemos que dejar la llave de nuestra habitación en un cajetín.

A las 8 h abandonamos nuestro hotel buscando algún sitio donde desayunar. Hoy es festivo, 1 de mayo, y no hay muchos sitios abiertos. Finalmente damos con una cafetería con aspecto apetecible situada en una de las calles principales del pueblo, cerca de la iglesia. Desayunamos nuestras infusiones habituales con zumo y tostadas y salimos a la calle a iniciar cuanto antes esta larga etapa.

El día de hoy se presenta nublado y fresco. Ideal para caminar. Salimos de Ribadesella a las 8.45 h, cruzando el puente sobre el Sella, meta del famoso descenso internacional de piraguas del primer domingo de agosto.

Poco a poco vamos dejando atrás el pueblo y acercándonos a la playa de Santa Marina. Qué bonita es, más si cabe con los colores del día en este momento... ¡y qué vistas se contemplan desde aquí! Mejor despedida no podía hacernos esta preciosa villa marinera.

Tras la playa, el Camino discurre por barrios residenciales que nos van sacando, casi sin enterarnos, de esta población.




Los primeros kilómetros de hoy

Tras salir de Ribadesella el recorrido sigue una carretera local que sube hacia el monte hasta rebasarlo por el otro lado. En algunos momentos nos encontramos con fuertes repechos que nos hacen ir con la lengua fuera. Este monte es el que se ve en la parte izquierda de la panorámica de la playa de Ribadesella.

Arriba está la población de San Esteban de Leces, en el kilómetro 5 de la etapa, con un albergue que está algo apartado del recorrido por lo que pasamos de largo. En este pueblo nos llama la atención una casa de piedra con un llamador singular. A partir de aquí iniciamos un descenso hacia el mar, que ya se divisa en nuestro horizonte.

Dos kilómetros más adelante, tras seguir un camino empedrado, llegamos a la bonita aldea de Vega, a orillas del mar. Esta población cuenta con unas cuantas paneras (esto es, hórreos asturianos ) y algunas de ellas tienen macetas "vestidas" de forma curiosa, algo que ya vimos en la etapa de ayer.


En el pueblo también hay un albergue de peregrinos atendido por una mujer extranjera muy amable que nos ofrece té y café, y que conversa un ratito con nosotros. Como le decimos que nos alojaremos en el albergue de Priesca, nos da recuerdos para su hospitalera. A las once menos diez, tras sellar las credenciales en el albergue, reanudamos la marcha. Al igual que ayer, hoy también vemos bastantes peregrinos por el camino.

El recorrido sigue paralelo a la playa de Vega, primero por una zona de chiringuitos próxima al pueblo en la que destaca una casa con un besugo incrustado. Y luego, por un caminito de tierra que se alza sobe la playa.


Dos kilómetros después la pequeña aldea de Berbes nos recibe con un entramado de señales con distancias kilométricas y un cartel que dice (en bable) que Berbes es un pueblín del paraíso donde se juntan el cielo con la tierra y el monte con el mar, y donde nadie es forastero. Curioso lugar. Desde aqui nos quedan unos 20 kilómetros para acabar la etapa. Son las 11.45 horas.



Esta etapa parece un catálogo de playas...

El significado del cartel de Berbes empezamos a comprenderlo al seguir avanzando... Tras un precioso tramo de monte accedemos de nuevo al mar... ¡Otra playa! Y después de esa... ¡otra más! ¡Y otra! Hasta cinco playas, una detrás de otra, distribuidas por los siguientes ocho kilómetros: Arenal de Moris, La Beciella, Moracey, La Espasa, El Barrigón y La Isla.

Así vamos alternando tramos de playa con otros de paseo costero. Además, el carácter festivo de esta jornada hace que continuamente veamos gente, y no solo peregrinos, caminando por aquí. Qué mejor sitio para pasear cuando no hay que ir a trabajar...


Cerca de las dos de la tarde llegamos al pueblo de La Isla, en el kilómetro 17 de etapa, que marca el fin de la fiesta playera. A partir de aquí el Camino gira hacia el interior y discurre por una larguísima recta del arcén de la carretera general que nos llevará hasta la población de Colunga, capital del concejo.



Comida en Colunga

Esa larga recta por la carretera hacia Colunga fue quizás el momento menos vistoso de la etapa de hoy. Lo único destacable en ese pequeño tramo fue un grupo de burritos que vimos sobre la hierba y, sobre todo, uno de color blanco. A las 14.40 h divisamos la torre de la iglesia del pueblo y poco antes de llegar a ella encontramos un sitio muy animado donde comer.

En las etapas largas solemos comer de bocatas porque es más rápido y no perdemos demasiado tiempo. Sin embargo, hoy 1 de mayo, parece que todo el mundo está en la calle y la cafetería donde entramos está abarrotada. Tardan mucho en atendernos y apenas conseguimos hacernos un hueco en la barra para comernos, eso sí, unos bocadillos enormes y muy buenos. El mío, de bonito con tomate... ¡riquísimo! Ya puestos, como no hacen más que sacar postres para un grupo numeroso de personas que deben de estar de celebración, nos pedimos nosotros también una porción de una suculenta tarta.

A las cuatro menos cuarto de la tarde reanudamos la marcha por las calles de Colunga. Estamos en el kilómetro 20 de etapa y nos faltan, pues, ya solo nueve para llegar al final.

Paisajes de interior

A partir de Colunga el Camino sigue por pequeñas carreteras locales y el paisaje cambia notablemente respecto de lo que hemos estado recorriendo todo el día. Regresamos al típico paisaje de interior con prados y lomas verdes, las montañitas al fondo... y simpáticos animalitos observándonos como espectadores a nuestro paso.

Pero también en esta parte de la etapa empieza a pesar en las piernas la acumulación de kilómetros del día... y de la semana. Hoy estamos con mochilas y eso se nota también. Además, el trayecto es de continuas subidas y bajadas.

Estos últimos kilómetros de etapa recorren parajes solitarios. Antes de llegar a Priesca pasamos junto a algún caserío y atravesamos las pequeñas aldeas de Pernús y La Llera, ambas con iglesias que recuerdan mucho a la que veremos en Priesca. Estamos en los últimos coletazos de la etapa.

Llegada al albergue de Priesca

Por fin, unos minutos después de las seis de la tarde, casi sin darnos cuenta, estamos junto a la iglesia de San Salvador de Priesca y, frente a ella, el albergue de peregrinos donde nos alojaremos. Estamos molidos, sobre todo una peregrina que yo me sé pero... ¡Etapa concluida! Otros 29 kilómetros a la buchaca.

Justo a nuestra llegada estaban organizando una visita a la iglesia, así que nos metimos dentro junto con más peregrinos. La iglesia de San Salvador de Priesca data del siglo X y es la más tardía de las iglesias prerrománicas asturianas. Yo me salí antes para ir adelantando los trámites de registro en el albergue que está a solo cincuenta metros.

En el albergue coincidimos alrededor de una veintena de peregrinos, casi todos extranjeros menos nosotros, que fueron llegando a lo largo del día. La encargada nos explicó el funcionamiento del mismo y rápidamente empezamos a notar la diferencia entre estar alojados en un hotel de varias estrellas y en un albergue de peregrinos...

Tras sellar nuestras credenciales en el albergue arreglamos con la encargada los detalles de la recogida de las mochilas para que Correos nos las traslade hasta nuestro hotel de Gijón en la superetapa de mañana pues, como ya habíamos decidido antes de partir de Madrid, esa etapa la haremos todos sin mochila.


La vida en el albergue

Como decía antes, quienes estamos acostumbrados a alojarnos en hoteles y hostales a lo largo del Camino notamos rápidamente las incomodidades de hacerlo en un albergue, por muy bien preparado que esté.

Nada más llegar al albergue de Priesca, nos obligan a descalzarnos y dejar las botas en unas taquillas abarrotadas de la planta primera, la de la entrada, donde también están la cocina, el comedor, los servicios y las duchas.

Nos asignan una habitación triple para los tres, en la planta segunda, pero no podemos subir las mochilas porque —por razones de higiene— hay que dejarlas previamente en otra taquilla, estrechísima, que hay en una especie de almacén de la planta baja (sótano), o sea, dos plantas por debajo de la habitación.

Esto conlleva coger de la mochila, con todo el jaleo que eso supone —y más cuando el espacio para moverte entre las taquillas es mínimo— las cosas imprescindibles para llevar a la habitación (por ejemplo, neceser de aseo, muda y pijama) porque no puedes meter prácticamente nada en ella ya que no tiene ni armario; tan solo una silla y una pequeña mesa.

Ni os cuento la gracia que hace cuando abres la taquilla... luego la mochila... buscas algo en ella... sacas todas las cosas para encontrarlo... coges lo que necesitas... vuelves a colocarlo todo dentro... cierras la mochila... la metes como puedes en la taquilla (y eso si no está el de la taquilla de al lado porque los dos se estorban)... cierras la taquilla... subes a la habitación y descubres que... cago'en todo... ¡me he olvidado en la mochila la toalla! Otra vez a bajar dos plantas... abrir la taquilla... abrir la mochila...

Cuando conseguimos acomodarnos medianamente en la habitación surge otra odisea... ¡La de las duchas! Juanma bajó el primero a ducharse y no se complicó la vida... se metió en la primera ducha que vio libre... Era una de mujeres... jajaja... Yo fui a ducharme a la de hombres pero estaba ocupada por una peregrina...

Tuve que esperar a que terminara y veo que en la ducha no hay sitio ni para dejar el jabón. ¡Madre mía! Si aquí no hay espacio ni para darte la vuelta... Imaginaros para dejar las cosas... En la foto anterior podéis ver la ventana de nuestra habitación (esquina superior izquierda) con la toalla azul, la ropa y las zapatillas de Juanma empapadas... Jajaja...

El albergue parece una especie de comuna hippie. Hay una cierta sensación de caos por todos lados... lo mismo te cruzas con una peregrina medio en bragas o con otro que pasa con los gayumbos al aire para tender la ropa sucia.

¿Y qué tal para la comida? Pues el servicio de cafetería es simple. Hay una máquina expendedora de bebidas por monedas. Si no llevas monedas sueltas de euro, no bebes.

Como mañana hay que madrugar mucho, hemos cenado muy pronto, a las ocho, como la mayoría de peregrinos. La cocina tiene un poquito de todo. Si llevas comida, la puedes cocinar libremente. Si no llevas, como es nuestro caso, puedes comprar lo que quieras de las existencias del albergue. Nosotros nos hemos cenado una buena pizza con patatas fritas en esa especie de torre de Babel que es la cocina a la hora de la cena, con cada grupito hablando en un idioma. Estuvimos departiendo amigablemente con un par de peregrinos que ya se conocen de más etapas. Uno de ellos es francés y viene haciendo el Camino desde cerca de Burdeos; pero él seguirá mañana la ruta del Camino Primitivo de modo que no llegará a Gijón sino a Oviedo.

A las nueve de la noche regresamos a nuestra habitación de esta singular y surrealista estancia. En eso no podemos quejarnos ya que tenemos una habitación solo para nosotros cuando otros tienen que compartir habitaciones con muchas más camas. La pega es que hay que ir a la planta de abajo para hacer pipí. Juanma e Isabel se piden las literas y yo me quedo con la cama suelta. Ahora estamos con los cinchones que os comenté al inicio de este artículo. Mañana sabréis quién ha ganado porque la cosa anda hoy más igualada que otros días...

La superetapa de mañana

Pues hasta aquí la historia de esta gran etapa, mezcla de sensaciones... playa por la mañana... campo por la tarde... y surrealismo absoluto por la tarde-noche. Mañana, la etapa reina de todos los Caminos. Ninguna ha sido tan larga como la etapa de mañana... ¡38 kilómetros hasta Gijón! Hasta la encargada del albergue se sorprendía de que termináramos la etapa en Gijón ya que, según ella, hay 40 kilómetros y la gente suele quedarse antes, en la población de Peón.

Para encontrar nuestro récord de distancia recorrida en una etapa hay que retroceder hasta el Camino Aragonés, en 2012, cuando, en una etapa plagada de despropósitos, anduvimos treinta y pico kilómetros para llegar a Monreal, en Navarra... Ni siquiera sabemos exactamente cuántos kilómetros hicimos ese día porque estuvimos algunos de ellos dando vueltas... pero estimamos que debieron ser 32 o 33.

La etapa de mañana la haremos, como la que concluyó en Ribadesella, sin mochilas (solo con la mochilita de Isabel que nos turnaremos Juanma y yo). Es algo que ya estaba decidido desde Madrid. Además, mañana madrugón: el despertador sonará a las 6.30 horas. ¿Llegaremos a Gijón? ¿Vivos y de una sola pieza? Ya sabéis, la respuesta... ¡Mañana! ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Pink Floyd "Comfortably numb")



martes, 30 de abril de 2019

CS2019 — Etapa 4 (Camino de Ribadesella)


¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos, en plena partida nocturna de chinchón, desde nuestra habitación triple en la preciosa localidad asturiana de Ribadesella. Hace un rato nos hemos metido unas buenas sidrinas para celebrar la conclusión de la primera de las tres grandes etapas de este Camino... nada menos que ¡29 kilómetros desde Llanes! Y el día no pudo empezar más torcido, como veréis en el relato de esta etapa. La historia de hoy comenzó así...

Desayuno y... ¡error fatal!

De nuevo nos levantamos a las siete de la mañana. Hoy hay que prestar más atención que otros días a untarse bien los mejunjes porque la etapa es muy larga. Las primeras rozaduras nos obligan a todos a ponernos tiritas en algunos dedos del pie. Además, parece que la peregrina Isabel ya se está peleando con su primera ampolla de este Camino... en un dedo del pie.

Algo antes de las ocho dejamos nuestras mochilas en la habitación y salimos del hotel para desayunar en algún sitio cercano. Ayer vimos una pastelería por aquí, pero aún no ha abierto, de modo que nos metemos en un bar frente al puerto deportivo, a solo cinco minutos del hotel. Aunque tienen una camiseta del Barça colgada en la pared, el camarero es del Madrid, para alivio de Juanma... (lástima... así no pude meterme mucho con él).

Desayunamos unas tostadas y luego pasamos por la pastelería, ya abierta, para comernos unos pasteles como colofón. ¡Menuda pintaza que tienen y qué buenos están! Tras este pequeño festín, a las 8.45 horas regresamos al hotel para recoger las mochilas e iniciar la etapa. Pero al volver, a alguna se le indigestó el pastel...

Cuando llegamos al hotel nos dicen que la cartera de Correos que transporta las mochilas ya ha pasado y que, tras esperar unos minutos sin poder contactar con Isabel, se fue sin su mochila. Correos suele recoger las mochilas hacia las nueve de la mañana, pero el horario depende de cada población. Aquí, por lo visto, pasan muy pronto.

Isabel se había dejado su mochila en la habitación y, para mayor desgracia, también el móvil y por eso no la consiguieron localizar. Aunque llamó a Correos, le dijeron que ya no se podía hacer nada.

Así las cosas, a través del hotel contactamos con un taxi y como nos iba a cobrar lo mismo por una mochila que por las tres, decidimos que esta etapa la haríamos todos sin mochila y que el taxi nos las llevase a nuestro hotel de Ribadesella. Además, avisamos a este último para que estuvieran al tanto de ellas cuando las recibieran.

Bueno, en realidad, sí que llevaríamos una mochila: la minimochila que suele portar Isabel, en la que metimos el botiquín y poco más. Esta mochilita nos la turnaríamos entre Juanma y yo, de modo que los tres aligeraríamos peso con relación a una etapa normal: Juanma y yo, porque cambiábamos nuestros mochilones por la Barbie-mochila de Isabel; y la peregrina, porque pasaría a no llevar nada. Cada dos horas o así haremos los relevos. Del primero me encargo yo.

Inicio de la etapa con retraso

Esta adversidad nos hizo empezar la etapa con retraso. Isabel tenía aún el disgusto en el cuerpo pero ya le comentamos que son cosas que pasan y que la solución elegida nos beneficiaba a todos. A los pocos minutos ya estaba olvidado el tema.

Así pues, a las 9.20 horas, tras sellar las credenciales en el hotel, comenzamos esta maratoniana cuarta etapa del CS2019. La salida de Llanes no está muy bien señalizada y la hacemos siguiendo la carretera general.

Un par de kilómetros después de nuestra salida nos metemos por un camino que nos conduce, tras pasar por la aldea de Poo, por en medio del campo, rodeados de simpáticas vacas..

El día luce precioso con temperatura muy agradable para caminar. Y sin las mochilas, se va mucho mejor.


Reencuentro con el mar

En casi una hora de Camino ya hemos visto más peregrinos hoy que en todos los días anteriores. En particular, hay un grupo de ocho alemanes que caminan cerca de nosotros. A las diez y cuarto el sendero se adentra en una zona desde la que nuevamente tenemos a la vista la costa. Regresamos a los paisajes y vistas impresionantes.

Hay un islote que recuerda la forma de una ballena. Este tramo de Camino es especialmente hermoso, rodeado de campo y vacas, y con las magníficas vistas del Cantábrico al fondo. Con un sol radiante y sin mochilas, avanzamos mucho más rápido que otros días pero sin desaprovechar ninguna ocasión de recrearnos con el paisaje.



Pero lo mejor aún estaba por venir. Un poquito más adelante, llegamos a Celorio, aldea de Llanes que ha crecido en torno al Monasterio de San Salvador. Y justo al lado de este monumento se extiende una descomunal playa con finísima arena que daba pena pisar con nuestras botas de peregrino. ¡Toda una gozada de momento! Poco a poco iban llegando más peregrinos que se detenían a apreciar tan vistoso lugar.


 
Son las 11 de la mañana y nos encontramos poco más allá del kilómetro 4 de la etapa. El Camino recorre toda la playa, de cabo a rabo, y luego sale por el otro lado siguiendo la línea de costa. En esta playa también coincide con nosotros una excursión de chicas de algún instituto, más o menos un centenar, que nos harán compañía durante una hora aproximadamente a lo largo de nuestro recorrido. ¡Menudo gallinero! Al coincidir con ellas, muchos peregrinos se cambian de acera porque a veces se hace verdaderamente molesto el jolgorio que arman.

Escoltados hacia la iglesia de la marisma

Pues en medio de este jaleo, escoltados por una marabunta de chicas, prosigue nuestro deambular hacia otro curioso lugar... La iglesia neoclásica de Nuestra Señora de los Dolores, que se alza en medio de una marisma entre las localidades de Barro y Niembro.

Llegamos a ella a las 11.30 horas y la pillamos con marea baja. Con marea alta el agua llega casi hasta el mismo pie de la iglesia. Frente a ella vemos un simpático campo de burros, y no, no se trata de una metáfora futbolera ni estoy pensando en ningún estadio de fútbol en esta ocasión... jejeje...




Otro lugar con encanto

Tras bordear la iglesia anterior por detrás, y deshacernos ¡por fin! del grupo de chicas, entramos en un sendero que nos conduce primero a Niembro y luego nos mete en una zona de monte donde se divisan bonitas vistas de los Picos de Europa con sus cimas nevadas.

Este hermoso camino va siguiendo el curso del río Bedón, que termina por desembocar en el mar junto a la extensa playa de San Antolín. Para que a este imponente paisaje no le falte de nada, la presencia de la vía del tren le da el definitivo toque de distinción. ¡Otra delicia de sitio!




¿Cuándo comemos?

Poco a poco se va acercando la hora de comer algo. En seguida llegamos al pequeño pueblo de Naves, en el kilómetro 12 de la etapa. Preferimos tomarnos unos bocatas más adelante, con la etapa más avanzada ya que sabemos, por experiencia, que los kilómetros después del receso por la comida son los que suelen hacérsenos más duros.

Así que seguiremos tirando de la bolsita de almendras de Isabel y de las barritas energéticas de Juanma un poco más. Tan solo un kilómetro después de Naves hay otro pequeño pueblo, Villahormes, con bar y albergue. En este último sellamos por segunda vez las credenciales y reanudamos la marcha.

A partir de aquí el Camino se interna nuevamente en una zona boscosa que nos llevará a Nueva de Llanes, la población más grande de la zona. Ese es nuestro destino para hacer la parada para comer.


Durante este trayecto nos cruzamos varias veces con la cartera que reparte en coche la correspondencia por esta zona y que sospechamos es la misma que se negó a dar media vuelta para regresar a Llanes a recoger la mochila de Isabel... ¡¡¡¡Grrrr!!!!

A las dos y cuarto de la tarde llegamos a Nueva y nos detenemos a comer justo en el local que se ve al final de la calle, en el vídeo de abajo. Cayeron unos buenos bocatas junto con varios Aquarius. Y en media hora reanudamos la marcha. Faltan solo trece kilómetros para concluir la etapa.



Más borricos, otra iglesia bonita y un puente medieval

La salida de Nueva se hace pasando junto a una casa de masajes... para peregrinos... ¡Lo bien que nos vendrían!

Tres cuartos de hora después, a las tres y media de la tarde, pasamos junto a un grupo de gráciles borriquillos... ¡qué simpáticos e inocentes son estos animalillos! Hasta parece que disfrutan de tu presencia cuando te acercas a ellos.

Isabel y yo aprovechamos la ocasión para inmortalizarnos junto a ellos. Nosotros somos los que salimos en la foto superior de la derecha... no en la inferior, ¡eh! Graciosillos... ¡¡¡Grrrrr!!!!

La granja de los pollinos es la antesala de una nueva población, Piñeres de Pría, en el kilómetro 18 de etapa, esto es, a solo once de la meta. En esta aldea destaca la iglesia de San Pedro, situada en lo alto de una cuesta herbosa y algo embarrada.

A estas alturas de etapa las piernas ya empiezan a pesar...

Seguimos caminando por entornos rurales y a las cuatro y media de la tarde llegamos al puente medieval del río Aguamía, en la aldea de Cuerres, que nos da paso al concejo de Ribadesella. Nos quedan tan solo seis kilómetros y medio para el final de la etapa.


El final de la etapa

Los últimos kilómetros, como viene siendo habitual, se nos hacen largos y algo pesados. Tan solo un grupo de caballos, entre ellos una yegua con su potrillo, rompen un poco esa monotonía.

También vemos un incidente que parece que no acabó mal: a un par de kilómetros de Ribadesella, un coche se quedó atrapado en las vías del tren al meterse por un camino rural. Los jóvenes que lo ocupan están intentando infructuosamente sacarlo de ahí. Al poco llega la Guardia Civil y no sabemos cómo acabaría todo pero sospechamos que la historia tuvo un final feliz.

Antes de entrar en Ribadesella hacemos una parada inverosímil... ¡en el campo de fútbol!, ya que la peregrina tiene una imperiosa necesidad de ir al wc y no le vale hacerlo detrás de cualquier árbol, como nos gusta a los peregrinos más varoniles... Creo que es la primera vez que accedemos como peregrinos a un recinto deportivo.

Media hora más tarde ya estamos recorriendo las calles de Ribadesella en busca de nuestro céntrico hotel. A las 18.40 h entramos en el mismo dando por finalizada esta cuarta etapa del CS2019. Toda una superetapa de 29 km.

Tras comprobar que nuestras mochilas ya han llegado sin novedad, sellamos por tercera y última vez en esta jornada nuestras credenciales y subimos a nuestra habitación triple de hoy que, para no perder la costumbre, está en el piso más alto del hotel... un tercero... y sin ascensor. ¡¡¡¡Grrrr!!!!





Paseo y sidras en Ribadesella

Entre que estamos un poco hechos polvo y que es más tarde de lo habitual, el paseo vespertino de post-etapa de hoy se convierte en un minipaseo por el muelle a partir de las nueve de la noche. Es la hora del atardecer y los colores del día de esta zona de Ribadesella, justo en la desembocadura del río Sella, son muy bonitos.


No nos alejamos mucho para encontrar una taberna típica que nos guste. La idea es la de tomarnos unas buenas raciones marineras regadas con sidra natural escanciada en el momento. También caerá una buena cazuela de chorizos a la sidra... Atrás quedan unas cuantas horas de buenas sensaciones, pero también de mucho sacrificio, para llegar hasta aquí. Se notó bastante la ausencia de mochilas que facilitó un mejor ritmo de marcha que de costumbre.

Algo antes de las once de la noche regresamos a nuestro hotel para descansar (pero sin perdonar una partidita de cartas) porque los días que vienen serán aún más duros...

Por cierto, antes de acostarnos os propongo un juego. En una de las fotos (no vídeo) que ilustran este reportaje aparece una mujer empujando un carrito de bebé. Hay que fijarse un poco... ¿Sabéis en cual?

La etapa de mañana

Pues esta ha sido la historia de la primera de las tres grandes etapas de este Camino. Mañana, la segunda de ellas, la etapa quinta de este CS2019, prácticamente de igual longitud que la de hoy, otros 29 kilómetros pero esta vez con mochilas, con final en el albergue de San Salvador de Priesca.

Mañana volveremos a vivir las sensaciones de pernoctar en un albergue de peregrinos, algo a lo que no estamos demasiado habituados. La última vez fue cuando estuvimos Juanma y yo en el albergue lucense de San Román, en el segundo año del Camino Primitivo, el CS2016. ¿Qué tal se nos dará esta superetapa con mochilas? ¿Y la estancia en el albergue? Bueno, pues ya sabéis... todo eso os lo contaremos... ¿hoy? ... ¡Nooo! ... ¡Mañana! ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Moody Blues "Tuesday afternoon")