viernes, 4 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 6 (Camino de Monreal)



¡Hola peregrin@s! Hoy hemos concluido la penúltima etapa del Camino Aragonés, y ¡qué etapa! En principio iban a ser 30 km pero al final, y tras perdernos hasta ¡cinco veces! nos hemos metido fácilmente dos o tres kilómetros más de propina por lo menos. Vaya desastre de día. Ahí va el relato de una jornada plagada de despropósitos...

Comienza la etapa

El día amanece algo fresco y nublado. Hoy el tema de aplicarnos los mejunjes se dilata más de lo habitual porque, además del habitual remedio antiampollas, Juanma y yo nos untamos la crema solar en los brazos, que siguen del color de los centollos. A las ocho y media nos reunimos con el resto de la expedición en el pequeño hall de nuestro hotel sangüesino para desayunar café, zumo y tostadas.

A las nueve y media de la mañana iniciamos la etapa. Antes nos despedimos de Laura y el peque, quienes se quedarán aún unas cuantas horas más en Sangüesa.

Un lindo caracol, sin duda premonitor de nuestro ritmo en la etapa de hoy, nos despidió de Sangüesa en la puerta misma del hotel.

Hoy hay abundancia de pueblos intermedios a lo largo de la etapa, pero todos muy pequeños. La etapa tiene un perfil de suave ascenso hasta las proximidades del monte Loiti, momento en que el recorrido se empina bruscamente. Una vez que hagamos cima (puerto de Izco), el trayecto hasta la meta de hoy, Monreal, es de un continuado y suave descenso. En total, 30 km. Nuestra idea es intentar almorzar en la zona del monte Loiti.

Juanma y Toñín andarán de nuevo sin mochila. Yo sigo con la mía, donde llevaré los restos de los bocatas que nos sobraron ayer. De nuevo en esta etapa tendremos que elegir entre dos posibles rutas, la que va por la foz de Lumbier —más llana y hermosa pero también más larga— y la que se desvía a la salida de Sangüesa por Rocaforte, más corta pero también más sosa y montañosa.

A poco de salir de Sangüesa vemos el desvío de la ruta alternativa que va por Rocaforte. Nosotros pasamos de largo porque nuestra intención es ir por la ruta principal atravesando la foz de Lumbier, aunque sabemos que esta ruta está muy mal señalizada en algunos tramos...

El primer tramo de recorrido es muy soso, por el arcén de la carretera de Pamplona, con bastante tráfico. Al cabo de una hora llegamos al primer pueblo intermedio del día, Liédena, que cruzamos en un visto y no visto.

La foz de Lumbier

Al salir de Liédena llegamos a una vía verde sobre un antiguo recorrido ferroviario que nos introduce en la foz de Lumbier. No nos resultó sencillo llegar hasta la foz, porque, en un principio, elegimos un sendero equivocado que nos metió en una finca particular. Fue su dueña la que nos indicó el camino correcto. Así que tuvimos que dar media vuelta y desandar unos trescientos metros.

Una vez recuperado el camino adecuado en seguida llegamos a la foz de Lumbier. Se trata de un precioso cañón excavado por el río Irati, afluente del Aragón, al que se accede tras atravesar un par de túneles sin iluminación.

Como ya estábamos advertidos de esta circunstancia, nos hemos traído de Madrid linternas apropiadas para este momento. Bueno, la mía es la típica linternita de tres euros que venden en el Decathlon que, aunque apenas ilumina, por lo menos, indica mi posición.

El paraje es realmente bonito, con paredes montañosas verticales donde anidan buitres leonados y alimoches. De vez en cuando uno de estos bichos te sobrevuela en vuelo rasante y siempre te queda la duda de si te está observando por mera curiosidad o te percibe como una potencial comida. Sin duda estábamos ante el momento más agradable de la etapa.


Poco más de un kilómetro duró este plácido paseo hasta que salimos de la foz hacia el lado donde está el aparcamiento. Aquí nos volvimos a perder por un momento y dimos un rodeo innecesario antes de llegar al pueblo de Lumbier que nos dio la bienvenida con su puente medieval.

A las afueras de este pueblo nos detuvimos un cuarto de hora en un bar para sellar las credenciales y tomarnos unos cafetitos antes de reanudar la marcha. Es la una de la tarde y el cielo se torna grisáceo por momentos pero, de momento, no cae ni una gota de lluvia.

¿Cuántas veces nos hemos perdido hoy? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro?

Es la una y media de la tarde. Nos vamos acercando a la ladera del monte Loiti siguiendo caminos de concentración. Atrás quedan Lumbier y su foz.

A las dos de la tarde llegamos a la pequeña aldea de Nardués y aquí empiezan los problemas. Sabemos que la reciente construcción de la autopista ha modificado el trazado del Camino. Interpretamos mal una señal y nos metemos en medio del monte siguiendo una pista forestal que parece no llevar a ningún sitio.

Tras media hora de caminata, en ascenso, y cuando nuestra inseguridad era más que notoria advertimos la cercana presencia de un coche que se acerca. Es un todoterreno y paramos literalmente a su conductor. Aunque no es de la zona, él lleva un GPS y nos confirma que vamos en dirección equivocada. Amabilísimamente nos recoge en el coche y nos deja de nuevo en la aldea de Nardués.

Decidimos seguir por la carretera hasta el pueblo (o, más bien, aldea) de Aldunate, a solo un kilómetro. No se ve ni un alma ni hay un solo sitio para comer. Como son las tres y media de la tarde, sacamos los restos de los bocatas de ayer, con el pan ya un poco duro, y nos ponemos a comerlos sentados en un banco del pueblo.

Pasadas las cuatro de la tarde reanudamos la marcha. Pero el camino que emprendemos, por en medio del campo, no lleva a ninguna parte ya que parece conducirnos a las vallas de la autopista. Otra vez damos media vuelta. Tiramos para el otro lado... Tampoco es por aquí...

Nos cuesta llevar la cuenta de las veces que nos hemos perdido en esta etapa. Me salen cinco.

La desesperación empieza a hacer mella en nosotros así que, finalmente, y tras mandar a tomar por c... más de una vez los mapitas de nuestro cuaderno de viaje decidimos ir por lo seguro... Seguir por el arcén de la carretera hasta Izco, el primer pueblo que está al otro lado del monte Loiti.

Todo este follón es por culpa de las obras de la autopista a Pamplona que han interrumpido el trazado del Camino...

Seguimos dando más vueltas que un tonto

Pues dicho y hecho. Por el arcén de la carretera, así nos hemos subido el monte Loiti. Por si fuera poco, la cuesta de subida al monte era más que notable. Por fin, a las cinco y cuarto de la tarde llegamos al puerto de Izco, en lo alto del monte Loiti.

Aquí vemos en seguida la señal del desvío a Izco y, a nuestra izquierda, aparece un camino por el que vienen varios peregrinos. Sin duda ese era el camino correcto y, sin duda, la señal que malinterpretamos en Nardués era la del camino correcto. Menuda sensación de haber hecho el tonto...

Y solo faltaba que nos cayese una chupa de agua...

Desde el alto del monte Loiti hasta el pueblo de Izco hay un fuerte descenso de un kilómetro. Izco nos recibe con un bonito crucero. Conforme nos adentramos en la villa, el cielo ya no está gris, sino que está completamente negro. Entre truenos y las primeras gotazas de un gran chaparrón aceleramos el paso y nos refugiamos, a la carrera, en el albergue de peregrinos. Era lo único que nos faltaba hoy, que nos pillara una tromba de agua como esta.

Aunque apenas si estamos viendo peregrinos estos días, sí que había unos cuantos en el albergue de Izco, entre ellos un par de peregrinas alemanas que, pese a quedarse detrás de nosotros en este albergue, aparecerían "por arte de magia" en el final de etapa de hoy, en Monreal (me parece que han hecho trampa).

Antes de retomar la marcha, a las seis menos cuarto, hemos sellado en el albergue de Izco las credenciales. A nuestra salida, el cielo seguía encapotado pero al menos ya había parado de llover. Dos kilómetros llanos en línea recta nos llevaron hasta el pueblo siguiente, Abinzano.


Tanto Izco como Abinzano son pueblecitos pequeños que cuentan con iglesia parroquial y poco más. La de Izco es del siglo XIII.

Por fin en Monreal, pasadas las ocho

Desde Abinzano hasta el final de etapa hay poco más de seis kilómetros de suave descenso. Entre medias otro pueblo, Salinas de Ibargoiti, por donde pasamos a las siete y media de la tarde con un gran rebaño de ovejas dándonos la bienvenida.


En el curso de la tarde de hoy, Laura nos ha llamado un par de veces desde Monreal preocupada por nuestra tardanza. El dueño de la casa rural también se mostraba muy extrañado de que empleásemos tanto tiempo para hacer esta etapa.

Por fin, pasadas las ocho de la tarde, y tras un último tramo de bonitos paisajes que ha discurrido entre vegetación y pinares, hemos llegado a Monreal con la lengua fuera. ¡Vaya etapita que nos hemos marcado hoy!

Entramos en esta bonita villa pasando cerca del puente medieval y rodeando la iglesia. Justo en frente de nuestra casa rural está el centro cultural que hace las veces de albergue de peregrinos: aquí sellamos nuevamente las credenciales. Desde la terraza de la habitación Laura y el peque José A. nos vieron llegar.

Una vez acomodados en nuestras preciosas habitaciones, hubo tiempo para unas duchitas rápidas antes de bajar a cenar a partir de las nueve. Los dueños de la casa nos explicaron que ya casi nadie va por la ruta que hemos seguido en la etapa: la mayoría de peregrinos va por la de Rocaforte, mucho más corta. De ahí su sorpresa por nuestra tardanza.

Por cierto, en esta casa rural también se hospedan las peregrinas alemanas del albergue de Izco. Ellas no bajan a cenar porque están fundidas, según parece (y eso que sospechamos que el último tramo lo han hecho en taxi). Nosotros sí que hemos cenado y, además, muy bien. La comida es casera y la preparan los propios dueños.

Por la noche, fue el dueño de la casa quien nos recomendó un sitio donde tomar alguna copeja en el pueblo. Juanma se quedó en la habitación de modo que salimos solamente Toñín y yo, pero únicamente un ratito porque hoy no estamos para muchos trotes. Unos buenos pacharanes de esta tierra pusieron el colofón a la jornada.



Y mañana, el final (con 31 km más)

Y así ha transcurrido la maratoniana jornada de hoy. Mañana sábado tendremos la última etapa del Camino Aragonés: 31 kilómetros hasta Puente la Reina. Un poquitín antes del final, en Óbanos, nos uniremos al Camino Francés que ya recorrimos en nuestro primer año. Y el domingo por la mañana, nos volvemos para Madrid como hemos venido: en el coche de apoyo. El mismo domingo por la noche os contaremos esta última etapa. ¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Alan Parsons Project "Games people play")







jueves, 3 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 5 (Camino de Sangüesa)



¡Hola peregrin@s! Hoy hemos recorrido la primera de las tres largas etapas que pondrán fin al CS2012. Desde esta tarde ya estamos en Sangüesa (Zangoza en vascuence), en Navarra, adonde hemos llegado con los brazos medio quemados por el sol tras sufrir no pocas penalidades a lo largo de la jornada de hoy. Antes de acostarnos vamos a echarnos unas cremitas en los brazos (y no precisamente de orujo)... La noche puede ser larga.

¿Y la jornada de hoy? Pues como de costumbre, pasadas las ocho y media de la mañana, hemos quedado en el pequeño hall de nuestro hotel para desayunar. El ritual de impregnarnos los mejunjes ha sido más largo de lo habitual: Juanma ya tiene alguna ampolla en los pies y hoy no llevará mochila. Toñín, que sigue con sus molestias en la rodilla, tampoco la llevará.

Antes de que Laura nos acerque con el coche hasta Artieda para iniciar la etapa, nos hemos avituallado con unos bocadillos para el camino en un bar cercano. Ha sido Toñín quien ha ido a recogerlos mientras el resto de la expedición preparábamos el coche. Nuestro hotel está justo al final del puente metálico que cruza el río Aragón y nos separa del casco viejo del pueblo.

Inicio de etapa en Artieda

Tras media hora de trayecto en coche, pasadas las diez y media, ya estamos junto al albergue de Artieda listos para iniciar la etapa. Laura regresa en el coche con José Antonio hasta Sangüesa. Una vez solos, lo primero que hacemos los tres peregrinos es sellar nuestra credencial en el albergue de peregrinos de Artieda, que ayer estaba cerrado. Y desde lo alto del pueblo iniciamos la bajada que marca el inicio del recorrido de hoy.

A la salida del pueblo proseguimos con un suave y agradable descenso por el asfalto de la carretera hasta las proximidades del embalse de Yesa. En esta etapa recorreremos longitudinalmente una de sus riberas.

El asfalto deja paso pronto a una serie de senderos y veredas que discurren entre árboles y arbustos. Y entre ellos se intuyen, más que verse, las cercanas aguas del pantano. De vez en cuando se abre algún claro entre la vegetación en forma de bonitas praderas repletas de flores amarillas.

El pueblo fantasmagórico de Ruesta

Es casi la una de la tarde y a lo lejos vislumbramos la silueta de la fortaleza amurallada del fantasmagórico pueblo de Ruesta, primera referencia de la jornada de hoy. Solo tiene un habitante: la hospitalera del albergue de peregrinos.

Ruesta es un pueblo que fue abandonado en 1959 a causa de la construcción del embalse de Yesa, como muchos otros pueblos de la zona. Actualmente se encuentra en estado de ruina pero aquí hay una especie de atmósfera de misterio que impone.

Lo más destacable es su fortaleza, de la época de la dominación musulmana en la Península y abandonada por los árabes en el siglo X. Jugó un papel importante en la Edad Media en la defensa de la Canal de Berdún. También destacan en el pueblo los restos de la iglesia, con un pórtico del siglo XVI.


El pueblo tiene un albergue de peregrinos mantenido por una hospitalera extranjera que, a nuestra llegada, estaba almorzando con otra peregrina. Aprovechamos nuestro paso por el albergue para sellar nuestras credenciales y tomarnos unos refrescos, ya que el calor aprieta un poco y la insolación es notable. Toñín lleva manga larga pero Juanma y yo, con manga corta, nos estamos torrando los brazos.

Parece mentira: empezamos el Camino hace unos días con nieve y frío y hoy estamos aquí quejándonos del sol y del calor. Así de dura es la vida del peregrino...

Abandonamos Ruesta con un empinado descenso hacia una zona de camping y recreo. Y a partir de aquí...

Una cuesta que vale por diez


Son las dos de la tarde. El calor aprieta cada vez más. Entramos en una zona de pistas forestales que serpentean entre los pinos. El perfil de la etapa se va inclinando, inclinando e inclinando cada vez más. ¡Menuda cuesta!

Lo que parece que van a ser solo unas cuantas rampas se termina convirtiendo en una de las peores cuestas que recordamos de todo el Camino de Santiago. Creo que solo la de Roncesvalles es peor que esta. Por el camino adelantamos a tres peregrinos que, en un principio, pensábamos que eran cubanos o venezolanos y que, al final, resultaron ser canarios. Dos de ellos iban literalmente con la lengua fuera y parando cada dos por tres para tomar aliento.

A lo lejos, cada vez más abajo, vemos el embalse de Yesa. E incluso podemos apreciar en la otra orilla del embalse el monasterio de Leyre, en Navarra (imágenes de la derecha del conjunto de tres fotos de arriba).

Un descansito en Undués

Por fin, casi a las cuatro de la tarde llegamos a una pequeña explanada donde termina la maldita cuesta. Nos alejamos del embalse hasta perderlo completamente de vista. En seguida asoma la imagen del siguiente pueblo, Undués de Lerda. Pero para llegar hasta él aún hay que realizar un recorrido de media hora en forma de V: primero un fuerte descenso y luego otra subidita.

Así que pensamos que es un buen momento para comernos los bocatas frente a la vista de Undués. Nos sentamos a un lado del camino, cerca de un redil con unas ovejas que no nos pierden de vista. Al cabo de un rato, mientras comíamos, nos adelantan los peregrinos canarios y, al cabo de otro rato más grande, podemos divisar desde donde estamos como esos peregrinos llegan a Undués.

La comida fue muy distendida y nos echamos unas risas comentando cosas como la forma de los bocatas (el mío parecía una p...) o los castigados pies de Juanma. Por cierto, que los bocadillos eran tan grandes que nos sobró casi la mitad para... ¿mañana?

A las cuatro y diez reanudamos la marcha y, tras una fuerte bajada y otra más que penosa subida posterior, entramos en Undués veinte minutos después (vaya rima más chula que me ha salido, ¡eh!). Desde este pueblo aún quedan diez kilómetros de descenso hasta Sangüesa.

En Undués fuimos directos al albergue donde sellamos, comimos y bebimos algo, y aún hubo tiempo de atender una de esas imperiosas necesidades propias del peregrino. Creo que aún se acuerdan de alguno que yo me sé en ese albergue.

Undués es un pueblo coqueto con casas de piedra donde destaca su iglesia del siglo XVI. Durante la media hora de atención de necesidades de que hablaba antes hubo un par de peregrinos que tuvieron tiempo de apreciar las bondades del pueblo.


Fin de etapa en Sangüesa

Pasadas las cinco de la tarde reanudamos el camino hacia Sangüesa. La primera parte de este último tramo es de brusco descenso hasta unas amplias zonas agrícolas. A lo lejos hemos podido contemplar el castillo de Javier, por donde pasaríamos si ayer hubiésemos tomado la ruta alternativa que iba por la orilla opuesta del embalse de Yesa.

El terreno se allana y discurre por pistas de concentración agrícola. Casi sin darnos cuenta cruzamos el límite autonómico y entramos en la Comunidad Foral de Navarra.


Una amplia pista de concentración nos introduce en Sangüesa adonde llegamos, con más pena que gloria, a las siete y pico de la tarde. Lo primero que hacemos Juanma y yo es dirigirnos a una farmacia para comprar crema de protección solar y loción hidratante para la piel. Llevamos los brazos hechos polvo por el sol.

Laura nos esperaba con el peque en una calle céntrica. Antes de ir al hotel aún dedicamos casi una hora a pasear por este bonito y animado pueblo que está plagado de monumentos. Sobre todos ellos destaca la iglesia románica de Santa María la Real con una espectacular representación del Juicio Final en el retablo de piedra de su portada. Aquí pusimos el cuarto sello de la jornada.

A las ocho de la tarde nos recogemos y regresamos a nuestro hotel para concedernos un mínimo descanso. Nuestras habitaciones están en un segundo piso sin ascensor. En las habitaciones hay un molestísimo escalón interior que ya ha provocado más de un tropezón y las consiguientes carcajadas. Y es que ya no estamos para muchos trotes.

Una vez duchados y, en el caso de Juanma y mío, untados de crema hidratante en los brazos, salimos a cenar. Finalmente elegimos la misma cafetería de ayer, donde se come verdaderamente bien. Nos la recomendó el dueño de nuestro hotel. Los postres, buenísimos. Y los pelotazos de después —hoy mejor ganados que nunca— suculentos.

Al salir ya es de noche, está lloviendo y José A. está obsesionado con ver la Luna, motivo por el que se nos escapó más de una vez correteando por la calle. Hay que ver el trabajo que le da continuamente a sus papás y, muy especialmente a Laura, que lleva todo este viaje pendiente de él. Creo que va a acabar aburridísima (si no lo está ya) de este Camino, con tantas y tantas horas de espera en los lugares de destino... Se merece un 10...

Regresamos al hotel más tarde que otras veces, a las once y media de la noche. A descansar, que nos lo hemos ganado. No os he hablado mucho en este Camino de Serrucho Man, aquí a mi lado, pero es que este año parece que se ha moderado un poco con su instrumento. Espero que hoy no dé guerra...





Mañana 30 kilómetros hasta Monreal

Pues hasta aquí el relato de la jornada de hoy. Mañana, penúltima etapa hasta el pueblo navarro de Monreal, con 30 km y muchos pueblecitos intermedios. A ver cómo se nos da el día porque hay un tramo confuso que parece no estar muy bien señalizado. Y aunque no podemos quejarnos con los alojamientos que estamos teniendo este año, el de mañana promete especialmente ya que se trata de una casa rural que tiene muy buena pinta. A ver en qué condiciones llegamos. Mañana os lo cuento. ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Popol Vuh "BSO Nosferatu — On the way")




miércoles, 2 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 4 (Camino de Artieda)



¡Hola peregrin@s! Esta mañana hemos empezado la etapa en la provincia de Huesca, la hemos terminado en la provincia de Zaragoza y ahora os escribimos desde Navarra. El alojamiento de hoy y de mañana lo tenemos en Sangüesa (Navarra) ya que nos fue imposible encontrar en su día nada en el pequeño pueblo zaragozano de Artieda, final de la etapa de hoy.

En la etapa de hoy, de Puente la Reina de Jaca a Artieda, tenemos por delante 21 km de continuas ondulaciones en cuyas cimas se van situando los pueblos intermedios y el final de etapa. Pero todos estos pueblos no disponen, apenas, de servicios y están prácticamente deshabitados.

Hoy Laura se quedará en Puente la Reina hasta que nosotros lleguemos a Artieda: cuando esto suceda, la avisaremos para que nos venga a recoger con el coche y entonces nos dirigiremos todos a Sangüesa, distante 30 km de Artieda.

Artieda está justo en un extremo del embalse de Yesa y Sangüesa se halla en el otro extremo. Para llegar a Artieda hemos tenido que recorrer en la jornada de hoy un terreno árido, prácticamente deshabitado, con la sola compañía de algún pastor, unas cuantas ovejas y algún que otro peregrino despistado. Aquí empieza el relato de la jornada...

Inicio de la etapa

La etapa de hoy arranca a las nueve y media de la mañana. Antes hemos tenido ocasión de desayunar con Laura y el peque en el mismo mesón donde cenamos anoche. El tiempo es soleado, la temperatura agradable e iniciamos el recorrido como los días anteriores: Juanma y yo portamos mochilas, Toñín no.

Tras salir de Puente la Reina volviendo a cruzar el puente sobre el río Aragón, enseguida enfilamos el camino hacia Arrés, primer pueblo de la etapa de hoy y único en el que entraremos, pues en realidad, no hace falta pasar por ninguno de los pueblos intermedios de hoy para no dar rodeos innecesarios.

Además, poco después de iniciar la etapa, tenemos que elegir entre dos rutas alternativas: la que pasa por Artieda y se dirige a Sangüesa dejando el embalse a la derecha, o la que pasa por Berdún y llega a Sangüesa dejando el embalse a la izquierda. En su día ya planificamos ir por la primera de las dos, la de Artieda, ya que la segunda atraviesa solo pueblos abandonados.

El primer pueblo, Arrés

Tras una subida por un empinado —y a veces embarrado— sendero que se pierde entre la maleza, poco antes de las once de la mañana alcanzamos el primer pueblo de hoy, Arrés, a 3 km de Puente la Reina. El pueblo es muy pequeño pero tiene su encanto, con casas de piedra, iglesia y ruinas de un castillo.

Arrés cuenta también con un pequeño albergue de peregrinos que dispone de servicio de bar. Aprovechamos para sellar en él las credenciales y tomarnos unos cafetitos y, también, para aliviar alguna que otra urgente necesidad.





Casi solos en medio de la nada

Esa urgente necesidad de la que hablaba nos retrasa media hora la salida del pueblo. A las once y media estamos de nuevo en camino descendiendo el repecho que hubo que subir para llegar a Arrés.

En seguida nos reincorporamos al camino principal que abandonamos para acceder a Arrés y, echando la vista atrás, podemos apreciar como el pueblo está colgado literalmente de la parte más alta del monte.

Los siguientes kilómetros son llanos, bajo la atenta mirada todo el tiempo del pueblo de Berdún (por donde va la ruta alternativa), que da nombre a esta amplia zona de valle donde nos encontramos: la canal de Berdún. Detrás de Berdún se aprecia la imponente silueta nevada de los Pirineos.

Llevamos dos horas de etapa y parece que estamos perdidos en medio de la nada. Vamos completamente solos por el camino. Únicamente hemos visto pueblos muy pequeños o abandonados y alguna que otra casa aislada. Por fin en un momento dado nos cruzamos con un peregrino que hacía el Camino... ¡al revés! Él venía de Santiago y se dirigía a Somport...

Martes en miércoles

A la una de la tarde nos acercamos al segundo pueblo intermedio del día, Martes, a 10 km del inicio. Podemos decir que es miércoles y estamos en Martes, haciendo un curioso juego de palabras. El pueblo es pequeñísimo y ni siquiera llegamos a entrar en él para no desviarnos de la ruta. Al menos aquí encontramos la compañía de un rebaño de ovejas y de su pastor, con quien Toñín departió unos minutos. Juanma y yo nos entretuvimos con las ovejas... filmando (¿qué os pensabais, eh?).

Al fondo, la presencia constante de Berdún y de los Pirineos. Solamente llevamos de comer las típicas barritas energéticas de Juanma. Y por la hora que es va a ser complicado llegar a Artieda a una hora decente para comer, ya que en Artieda el único lugar donde podemos hacerlo es el albergue de peregrinos pero el hospitalero de allí se marcha a las cuatro...

Paisaje lunar cerca de Mianos

De Martes al último pueblo intermedio del día, Mianos, a casi 5 km del final, hay otra hora y media de camino. Seguimos deambulando por zonas cada vez más áridas y deshabitadas que, en ocasiones, recuerdan a una paisaje lunar. Incluso en algún momento hemos cruzado el límite provincial de Huesca a Zaragoza sin que nos llegáramos a percatar de ello.

Casi a las tres de la tarde vemos a lo lejos Mianos, a la izquierda, y de frente comienza a percibirse también la silueta de un montecito con la población de Artieda (sobre todo, de la iglesia) en su cima.

Pero aún nos queda más de una hora para llegar. Tras pasar de largo el desvío a Mianos, el camino comienza a ondularse. Para arriba, para abajo. El pueblo de Artieda parece estar cerca pero no se termina de llegar a él.

Nos llama la atención la presencia cada vez mayor de piedras pintadas de azul en señal de protesta de los lugareños y de los peregrinos por la invasión del cercano pantano de Yesa de zonas del Camino.


Fin de etapa en Artieda pero se duerme en Sangüesa

Casi a las cuatro y media de la tarde, sin haber comido, y tras ascender una cuesta de aúpa, hacemos nuestra entrada triunfal en Artieda. La plaza, donde se sitúan la iglesia y el albergue de peregrinos, está en lo más alto del pueblo. El albergue ya está cerrado pero nos espera Laura con el peque, porque la avisamos hace casi una hora.

Nada más llegar a arriba, el pequeñín José Antonio, que es tan inquieto, se escapó corriendo cuesta abajo. Tuvo que ir detrás de él Toñín, que acababa de hacer cima hacía un momento. Fue llegar a lo alto y tener que correr hacia abajo a por el peque y luego volver a subir. ¡Menudo colofón de jornada! Y además, la fuente del pueblo estaba seca y nosotros sin agua... Vaya panorama...

Así las cosas, nos montamos en el coche rumbo a Sangüesa. La carretera bordea el embalse por la ribera opuesta a la del Camino de Santiago. Pero nos hemos podido hacer una idea de lo que nos espera mañana hasta llegar a Sangüesa...

Nuestro hotel de Sangüesa está justo a las afueras del pueblo. Llegamos a él a las cinco y media de la tarde y no fue hasta pasadas las seis cuando nos hemos tomado unos pinchos en un bar sangüesino en nuestra primera comida seria de hoy tras el desayuno. Con un Atlético-Real Sociedad (1-1) en la tele, porque hoy hay liga. Y tres horas después, sin tiempo casi para digerir el almuerzo, la cena en una cafetería cercana, con un Athletic de Bilbao-Real Madrid (0-3).

Por cierto, que Sangüesa está muy bien pero no os mostraremos imágenes de esta población hasta que no lleguemos aquí con el Camino.



Mañana otra etapa árida

A partir de mañana vienen las tres etapas finales de 28, 30 y 31 kilómetros. Y, al menos la de mañana, atravesará un recorrido árido y con escasísima presencia de pueblos intermedios, algo que parece una constante en este Camino. Y con alguna que otra cuesta importante.

Mañana Laura nos acercará hasta Artieda, a 30 km de donde estamos, para proseguir nuestro recorrido donde lo dejamos esta tarde. Pero eso, os lo contaremos mañana. ¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Edvard Grieg "Peer Gynt — La mañana")




martes, 1 de mayo de 2012

CS2012 — Etapa 3 (Camino de Puente la Reina de Jaca)



¡Hola peregrin@s! Esta noche os escribimos desde la localidad de Puente la Reina de Jaca tras una jornada que ha sido mitad excursión y mitad Camino de Santiago... La etapa en sí ha sido muy corta, poco más de seis kilómetros, y por fin, sin la molesta lluvia.

Hoy media jornada de excursión...

El inicio de la jornada nos lo hemos tomado con más calma de lo habitual. Hemos desayunado a las diez con la idea de dedicar toda la mañana a visitar, con ayuda del coche de apoyo, los monasterios (el nuevo y el viejo) de San Juan de la Peña, distantes unos 5 km de nuestro hotel de Santa Cruz. La etapa en sí la recorreremos por la tarde, inmediatamente después de comer.

El día de hoy ha amanecido con alguna nube pero mucho más soleado que ningún otro desde que salimos de Madrid el pasado sábado: parece que el tiempo también quiere colaborar con nuestra excursión. Antes de partir hacia la ruta de los monasterios nos dimos una última vueltecita por el precioso entorno de la iglesia de Santa María.

Por fin, algo antes de las once y media de la mañana, nos subimos al coche y nos dirigimos a los monasterios. Conduce Laura.

Visita al monasterio viejo...

A las doce menos cuarto llegamos a la explanada donde se asienta el monasterio nuevo. Aquí hay que dejar el coche y coger un autobús especial que te lleva al otro monasterio. Así que compramos los billetes y nos embarcamos en el autobús hacia el monasterio viejo, que es el más conocido de los dos.

El monasterio viejo, enclavado bajo una gigantesca roca, es una joya medieval que data del siglo X. En su interior destacan la iglesia prerrománica; las pinturas de San Cosme y San Damián, del siglo XII; el denominado Panteón de Nobles; la iglesia superior, consagrada en 1094; y la capilla gótica de San Victorián; pero sobre todo sobresale el magnífico claustro románico.

Se trata de un lugar perdido inmerso en muchas leyendas y, entre ellas, destaca la que lo vincula con el Santo Grial. Estuvimos casi una hora trasteando por el monasterio, haciéndonos fotos, recorriendo todas las dependencias y, sobre todo, disfrutando de este maravilloso lugar que algunos de nosotros no conocíamos. Poco antes de la una volvemos a subir al autobús que nos trajo aquí para regresar a la explanada del monasterio nuevo.





...y al monasterio nuevo

El monasterio nuevo se construyó entre los siglos XVII y XIX, como consecuencia del incendio que devastó en 1675 el monasterio viejo. Está emplazado en una pradera denominada Llano de Indalecio y alberga el centro de interpretación además de diversos servicios como tienda, restaurante, etc.

Realizamos una visita al centro de interpretación que permite recorrer sobre un suelo transparente lo que fueron las dependencias del monasterio hasta 1835, año en que fue abandonado por los últimos monjes que lo habitaron. Después de la visita, sellamos nuestras credenciales en la tienda y almorzamos en el restaurante (autoservicio) del propio monasterio para, poco antes de las tres de la tarde enfilar, ya sí, la etapa del día.


...y media jornada de Camino

Prácticamente a las tres de la tarde Laura nos deja con el coche de apoyo en el parque de Santa Cilia donde nos recogió ayer y prosigue su ruta hacia el alojamiento de hoy en el cercano pueblo de Puente la Reina de Jaca. Los tres peregrinos nos ponemos inmediatamente en marcha.

La verdad es que la de hoy más que una etapa del Camino ha parecido más bien un tranquilo paseo después de comer. El recorrido, de seis kilómetros, ha sido totalmente llano por senderos que seguían de cerca, a uno y otro lado, la carretera hacia Puente la Reina. En el trayecto hemos coincidido con dos peregrinas españolas (de bastante buen ver, por cierto) que, en un momento dado, nos preguntaron por la ruta hacia el pueblo de Arrés (por donde nosotros pasaremos mañana).

El camino de hoy no ha tenido mayor historia. En hora y media lo hemos despachado. Lo más interesante fue quizás un pequeño tramo, poco antes de llegar a Puente la Reina, donde más de un peregrino se ha entretenido haciendo pequeñas esculturas con las piedras que encontraba a su paso.

Fin de jornada en Puente la Reina de Jaca

Finalmente, a las cuatro y media de la tarde, hemos llegado a Puente la Reina de Jaca, el final de la etapa de hoy. Para entrar en el pueblo ha habido que cruzar el puente de piedra sobre el río Aragón que da nombre a la población. Mañana tendremos que cruzarlo de nuevo en sentido contrario.

Esperábamos encontrar un pueblo más grande pero, en realidad, Puente la Reina es un visto y no visto. No es más que un pequeño conjunto de casas junto a la carretera sin que apenas se aprecie entidad de pueblo. Una de ellas es nuestro hotel, donde sellamos las credenciales. Apenas si hay un par de bares que se turnan para servir comidas: uno da cenas y el otro almuerzos.

Tras descansar un rato en las habitaciones dedicamos la última hora de la tarde a dar un paseo por la población. Nos acercamos al bar que se halla junto al puente, que parece algo más animado que el otro, pero están cerrándolo ya... y eso que no son más que las ocho de la tarde.

En el otro extremo del pueblo está nuestro hotel y el otro bar, que es donde nos sirven la cena de hoy y el desayuno de mañana. Aquí consumimos el resto de la jornada de hoy. Primero con unas cañas acompañando la lectura del periódico; y después, a partir de las nueve, con una cena de peregrinos rematada con unas excelsas cremitas de orujo. Laura se marchó un poco antes, rendida con el niño. ¡Qué trabajo da! Ahora para aquí, ahora para allá. Si te descuidas un momento, sale disparado hacia cualquier sitio...



La etapa de mañana

Pues así ha transcurrido la etapa de hoy. Más bien ha sido un pequeño autohomenaje. A partir de mañana volveremos a la cruda realidad. Mañana solo son 21 km pero las tres etapas siguientes rondarán la treintena y pisando hasta tres provincias diferentes por la Canal de Berdún: Huesca, Zaragoza y Navarra. Los pueblos intermedios serán cada vez más pequeños y algunos de ellos abandonados.

Además, a partir de mañana el coche de apoyo cobra más importancia si cabe. El Camino de mañana concluye en Artieda (Zaragoza) pero nosotros pernoctaremos en Sangüesa (Navarra), final de la etapa siguiente. De modo que a Laura le va a tocar darse unos buenos paseos con el coche para dejarnos y recogernos... Pero eso ya os lo contaremos en su momento. ¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Enigma "Morphing thru time")