miércoles, 29 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 5 (Camino de Berducedo)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde nuestro pequeño alojamiento rural en la minúscula localidad asturiana de Berducedo, punto final de la quinta etapa del Camino Primitivo, la más corta del curso, con solo 18 kilómetros desde Pola de Allande y, entre medias, la subida a la cota más alta de todo este Camino, el puerto del Palo. Menos mal que esta subida se ha hecho en la primera mitad de etapa, con las piernas aún frescas; de haber sido de otra manera me temo que la cosa habría cambiado bastante.

El recorrido de hoy ha discurrido por parajes muy solitarios y vistas panorámicas espectaculares (lo habitual en este Camino, vamos); aun así, hoy hemos coincidido con más peregrinos que ningún otro día. El tiempo ha acompañado con nubes y algo de sol, ni una gota de lluvia, temperatura fresca, con frío al inicio y una buena rasca ahora mismo ahí afuera. Nosotros hemos acabado bien... cansados, pero bien... dentro de lo que cabe. La rodilla de Juanma no termina de mejorar y mañana, probablemente, andará sin mochila.

A continuación va el relato de esta etapa...

Inicio de la etapa

A las 7.45 horas el implacable despertador nos recuerda que es hora de abandonar nuestras confortabilísimas sábanas para iniciar una nueva jornada con nuestra rutina cotidiana... O sea, arreglarse, asearse, revisar heridas y lesiones, aplicarse los mejunjes milagrosos en los pies, organizar los enseres y recoger las mochilas. A las 8.30 horas ya estamos preparados para nuestro desayuno reglamentario en la cafetería del hotel de Pola de Allande. Poco antes de las nueve, tras despedirnos de nuestros amables anfitriones de La Nueva Allandesa, salimos al exterior dispuestos a iniciar la etapa.

Dedicamos algunos minutos a callejear un poquito por el pueblo en busca de un lugar donde poder poner un sello en nuestra credencial. No encontramos ninguno abierto así que, para no dilatar más el inicio de etapa, nos ponemos en marcha.

La etapa de hoy se caracteriza por la práctica ausencia de lugares intermedios de referencia donde poder hacer un mínimo avituallamiento. Apenas un pueblo habitado (se llama Lago y, que yo sepa, no tiene lago ni nada que se le parezca) poco antes de llegar a Berducedo. Habrá que decidir sobre la marcha, en consecuencia, si comemos allí o lo hacemos en el propio Berducedo.

Subida al puerto del Palo

Pasadas las nueve de la mañana iniciamos la marcha saliendo de Pola de Allande por la carretera que conduce al alto del Palo. Hace un poco de frío y la sensación de subida se percibe desde el primer momento, aunque las rampas iniciales son muy suaves.


En seguida dejamos la carretera para tomar una senda que discurre por una bonita zona boscosa, paralela al río Nisón, afluente del Narcea. Testigo de nuestro paso son acebos, madroñeras y un sinfín de árboles. También nos acompañan los sonidos de las aguas del Nisón y de algún que otro arroyo que cruzamos por puentes de madera. Así, con este agradable recorrido, casi sin darnos cuenta vamos ganando altitud... y el Camino va ganando pendiente.

A las once de la mañana, tras pasar junto a algún derrumbe, llegamos al caserío de La Reigada, la única zona de toda la subida al puerto donde se percibe una mínima presencia humana, aunque seguimos sin cruzarnos con nadie. Como mucho, con alguna vaca solitaria.

A partir de aquí el sendero se estrecha más y la pendiente ya es bastante fuerte. Ya con la lengua fuera, un par de puentes nos ayudan a cruzar un arroyo bajo un bosque poblado por plantas de arándano. Aún habrá que cruzar algún arroyo más e, incluso, tendremos que salvar un mínimo tramo de carretera antes de regresar al bosque por una senda pedregosa inclinadísima hacia arriba. ¡Lo que nos faltaba!

Conforme ganamos altura, la vegetación se va degradando. Ya no hay árboles sino pequeños arbustos y entre algunos de ellos vemos los restos de lo que parece una res muerta. Las alimañas han hecho su trabajo. La cima está cercana.


¡Ya estamos arriba!

Justo al mediodía divisamos a lo lejos el puerto. Debajo mismo de él hay una fuente donde está nuestro omnipresente amigo —el peregrino francés—, que nos saluda en la distancia. Oh là là, mes amis espagnols! Cuando llegamos a la altura de la fuente, él ya está casi arriba. Este hombre madruga mucho más que nosotros y casi le hemos alcanzado. Apenas nos saca un cuarto de hora.


En la fuente nos tomamos un pequeño respiro antes de afrontar el ascenso final, de unos doscientos metros, hasta el puerto. Unos buenos tragos de agua nos ayudarán a recuperar el aliento antes de acometer el último repecho.

Por fin, a las doce y media, y también con la lengua fuera, llegamos al puerto del Palo, de 1146 metros de altitud. A mano derecha surge una senda por donde se incorpora la ruta de los Hospitales —que os comenté ayer— que parte de Borres. En el puerto hemos observado el paso de varios peregrinos, alguno procedente de esa ruta de los Hospitales.

Desde el puerto se divisa una amplísima panorámica de la comarca. Una verdadera preciosidad con todas las lomas y montañas que se pierden en el horizonte. El descenso se inicia de inmediato con ese espectacular paisaje de fondo. Tenemos media etapa en el bolsillo. Nueve kilómetros andados.



Descenso a un pueblo fantasma

Durante el pedregoso descenso coincidimos con más peregrinos. Algunos de ellos en bicicleta, algo completamente novedoso para nosotros en este Camino Primitivo.

El primer hito del descenso es el pueblo fantasma de Montefurado, a dos kilómetros, que se aprecia a lo lejos. Más parece el decorado de una película, con sus casas de pizarra, que un pueblo de verdad ya que sus únicos habitantes visibles son unas pocas gallinas y un perro.

Dicen que este caserío tuvo en su día un hospital de peregrinos. Lo cierto es que lo único notable ahora es la capilla de Santiago, con una talla pintoresca del Apóstol.

La hora de comer

Tras este pueblo fantasma afrontamos un pequeño ascenso para luego descender y ascender sucesivamente —incluyendo algún tramo por el arcén de la carretera— hasta alcanzar el pueblo de Lago, distante cuatro kilómetros de Montefurado y a otros cuatro del final de la etapa. Son las dos y media de la tarde.

En este pueblo destaca un soberbio teixo que crece junto a la iglesia parroquial. Pero lo que más nos interesa a nosotros es el bar del pueblo, el único en toda la etapa de hoy. El día está soleado ahora mismo, en el exterior del bar hay una mesa con tres peregrinos; dos de ellos son la pareja de peregrinos extranjeros con los que hemos coincidido días atrás y la tercera es una peregrina —quizá inglesa— que está departiendo con ellos. De repente, del interior del bar sale un viejo conocido a nuestro encuentro...

Oh là là, mes amis espagnols! Es el peregrino francés, que nos anima a pasar. Él ya está apurando su café y Juanma y yo encargamos unos bocatas en la barra. Mientras nos preparan los bocadillos conversamos un rato con nuestro amigo de forma distendida pero denotando el cansancio de la dura etapa que llevamos a cuestas. Sin duda, en estos momentos nos apetece más comernos el bocata que estar de cháchara. Cuando nos traen los bocatas a la mesa, el peregrino francés reanuda su camino hasta el albergue de Berducedo.

Poco después de las tres de la tarde salimos del lugar no sin antes sellar en el bar de Lago nuestras credenciales. Es el primer sello del día. Y por cierto, los tres peregrinos extranjeros todavía siguen en la mesa de la terraza, apurando sus cafés... y los rayos del preciado (y escaso por estas latitudes) sol.

Fin de etapa

Los últimos cuatro kilómetros hasta Berducedo son de un perfil llano suave. Primero por arcén de carretera, y luego por senderos entre deliciosos pinares, a las cuatro y media de la tarde arribamos a Berducedo, todavía en el municipio asturiano de Allande. En este trayecto fuimos adelantados por los peregrinos que se quedaron en la terraza del bar de Lago y que parece que se alojarán en un albergue.

Berducedo es un pequeñísimo núcleo rural que cuenta con un par de albergues. La entrada al pueblo se hace pasando cerca de uno de ellos (creo que es el único abierto hoy), donde se percibe cierta presencia de peregrinos. Nosotros estamos alojados en una coqueta pensión que más bien es un complejo rural, con seis habitaciones y dos baños compartidos. Pero como estamos casi solos, es como si uno de los baños fuera solo para nosotros.

El encargado de este establecimiento —un chico joven— se ocupa también del bar. A las habitaciones se accede por la parte de atrás del edificio tras subir una escalera exterior. Una vez que nos hemos registrado y sellado las credenciales en la pensión, nos fuimos a la habitación para descansar un rato.

Hoy no hemos terminado la etapa especialmente mal, pero los kilómetros siempre acaban pasando factura. La rodilla de Juanma le sigue molestando bastante y, probablemente, mañana decida prescindir de la mochila para caminar y mandarla en taxi hasta el siguiente final de etapa. Por él, creo que la mandaba directamente a Madrid... En fin, ya veremos.



Tarde en Berducedo

Tras la siesta, nos bajamos al bar ya que en este pueblecito tampoco hay muchos otros sitios donde ir. La cobertura telefónica es horrible en todo el pueblo, de hecho Juanma tuvo que prestarme su móvil porque el mío no estaba operativo. ¡Gracias compi!

La cena se sirve en la pensión antes de las nueve de la noche y durante la misma compartiremos local con los peregrinos del albergue ya que ambos establecimientos se turnan para ofrecer las comidas: las cenas se dan aquí y los desayunos los pone el albergue, que está a un paso. Hemos contado hasta 18 peregrinos en el pueblo, más que en todas las etapas anteriores juntas. Al que no hemos vuelto a ver es a nuestro peregrino francés. Oh là là!

Mientras llegaba la hora de la cena, Juanma y yo hemos estado tomándonos unos refrescos —bueno, más bien unas cervecitas— en el bar, pasando el rato. Hoy es de esos días que hay jornada futbolera de Liga entre semana y puede ser una buena manera de relajarse tras una etapa corta pero muy exigente.

A las ocho y media nos dicen que podemos pasar al comedor anexo donde cenamos unos platos combinados acompañados de más cervezas. Los pelotazos corrieron por cuenta de la casa, ya de nuevo en la barra del bar, pues nos quedamos a solas departiendo amistosamente con el encargado. Y de ahí a la habitación a descansar. A las once de la noche. En la habitación se está calentito pero fuera hace un frío que pela.

La etapa de mañana

Pues ya antes de meterme en el sobre, como siempre, os doy unas pinceladas sobre la próxima etapa. La de mañana es un poco lo contrario que lo de hoy. Gran bajada primero para subir, suavemente eso sí, después. Serán 21 kilómetros hasta Grandas de Salime, junto al embalse del mismo nombre y gran referencia del día. La de mañana será nuestra última noche asturiana en este Camino Primitivo. Habrá que celebrarlo como merece la ocasión.

Pero, ya sabéis, eso os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de John Barry "BSO Bailando con lobos")



martes, 28 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 4 (Camino de Pola de Allande)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde la habitación de nuestro céntrico hotel en Pola de Allande (Asturias), lugar hasta donde nos ha traído la etapa reina (la cuarta) del Camino Primitivo de 2015. Al final hoy nos hemos metido para el cuerpo alrededor de 30 kilómetros, entre Tineo y Pola, plagados de subidas y bajadas. Por lo menos, el tiempo sí ha acompañado en esta jornada: fresco, nuboso y, a veces, con una pizca de sol. Solo ha llovido un poquito justo al final del recorrido, y también algo más en Pola con la etapa ya finalizada.

En el día de hoy, el peregrino Juanma, por no querer ser menos que yo, se ha metido para el cuerpo una buena dosis de barrizal. Hoy le ha tocado a él besar el barro. En el conjunto del Camino todavía le gano yo por 2-1 en visitas al barro... jajaja.

Y hablando de meterse cosas para el cuerpo, la jornada de hoy ha concluido con una buena cena, a cuerpo de rey. Ya veréis... ya veréis...

Bueno, no me enrollo más en la previa y paso a describiros cómo ha transcurrido esta etapa.

Empieza el día

Como de costumbre, el despertador nos activa poco antes de las ocho de la mañana. Parece que el día acompaña: no llueve, incluso luce un poco el sol, y la temperatura es fresca. O sea, condiciones idóneas para la caminata.

La ropa está más o menos seca después del día de ayer. Mis botas, no tanto. Aunque el papel que puse dentro ha hecho bastante efecto, será mejor que lleve puesta doble ración de calcetines.

A Juanma tampoco le ha ido mal. Su cámara parece haberse recuperado de los efectos de la humedad de ayer. Así, que, cuando bajamos a las 8.30 horas para desayunar en la cafetería de nuestro hotel de Tineo, impera cierta sensación de optimismo. Y eso que hoy tenemos por delante más de 28 km de etapa reina, plagados de subidas y bajadas.

A las 9 de la mañana abandonamos nuestro hotel, sequitos y bien desayunados, para iniciar la etapa de hoy.

Salida de Tineo y primeros kilómetros

Nuestro hotel está a un kilómetro del centro de Tineo. El Camino nos dirige hacia allí por la calle principal del pueblo. Nos detenemos un momento en el edificio del ayuntamiento para sellar nuestras credenciales por primera vez en la jornada. El Camino se reanuda por detrás del ayuntamiento subiendo una empinadísima calle. En unos minutos, el pueblo de Tineo queda a nuestros pies.

El pavimento inicial se termina enseguida dando paso a un precioso sendero ascendente entre árboles caducifolios que cruza un pequeño arroyo. Estamos en el regueiru de Robleu, a dos kilómetros y medio de Tineo. El entorno, como ya es habitual en este Camino, impresionante. Montañas, prados muy verdes, vacas, ovejas...

Seguimos subiendo por la sierra tinetense disfrutando de estos bellos paisajes frente a nosotros hasta desembocar en una pista asfaltada primero y en un camino muy herboso después. A partir de aquí iniciamos el descenso por pista de hormigón y carretera local hasta llegar al caserío de Piedratecha, a más de siete kilómetros de Tineo. Son las once de la mañana.



El monasterio de Obona y el bosque encantado

Abandonamos la carretera que nos condujo a Piedratecha descendiendo por un sendero que atraviesa un frondoso bosque. Una verdadera delicia de lugar. Parece un bosque encantado, con gigantescos árboles caducifolios que se levantan junto a nosotros en una atmósfera cargada de un aire limpísimo para respirar.

Lo que no está tan limpio es el suelo. Hay barro. Mucho barro. El peregrino Juanma, más conocido por las noches en su faceta de Serrucho Man, se detiene a rodar imágenes del entorno con su cámara de vídeo en una zona de cierta pendiente. Absorto por su cinematográfica tarea el citado peregrino no se percata de la inestabilidad del suelo que pisa, así que poco a poco se va deslizando, deslizando... hasta que el peso de la gravedad impone su inexorable ley y el pobre peregrino acaba en el suelo, fundido con el barro. ¡Filmó su propia caída! Jajajajajaja!!!

El muy peregrino se levantó rápidamente, pese a mis intentos (con pequeños empujones incluso) de que se mantuviese unos segundos más en el fango. Todo por poder sacarle una foto. No hubo manera. La única foto que me dio tiempo a hacerle fue la que veis junto a estas líneas, justo cuando Juanma acababa de reincorporarse.

Pocos metros más adelante, y muchas carcajadas después, llegamos hasta un cruce que señalaba un desvío hasta el cercano monasterio de Santa María la Real de Obona. Ir a verlo implicaba andar y desandar una distancia total de más de un kilómetro. El sendero estaba muy embarrado y encharcado por esa zona, con riesgo de nuevas caídas que, finalmente, no se produjeron.

Valió la pena visitar el monasterio, aunque estuviera cerrado. Se trata de una joya benedictina del siglo XIII, bastante dejado de la mano de Dios por cierto. El rey Alfonso IX decretó en ese mismo siglo que "cuantos caminen a Santiago lo hagan pasando por Tineo y por delante de este monasterio".

Ya de nuevo en el Camino, el sendero que desciende por el bosque nos ofrece espléndidas vistas de las aldeas de Obona y Villaluz. En esta última salimos de nuevo hacia la carretera local, ya en campo abierto y en terreno más o menos llano.

Comida en Campiello

Tres kilómetros de caminata por el arcén de la carretera nos llevan a Campiello, principal localidad intermedia de hoy (junto con Borres), y lugar elegido para almorzar. Llegamos a Campiello a la una de la tarde. En este lugar ya tenemos media etapa en el bolsillo. Las piernas denotan cierto cansancio, sobre todo la rodilla de Juanma, a causa de los últimos kilómetros por el asfalto.

Nuestra más que agradecida parada en Campiello tiene lugar en Casa Herminia, bar y albergue de peregrinos a la vez. Nuestra anfitriona, una encantadora mujer, nos prepara un plato para quitarse el sombrero a base de tortilla y embutidos.

En pleno almuerzo aparece en el local el peregrino francés que conocimos ayer. Tras saludarnos y departir amablemente con él mientras tomamos los cafés, nos preparamos para proseguir el Camino, no sin antes sellar nuestras credenciales en este lugar. Y por partida doble, con el sello del albergue y el de la cafetería, más una dedicatoria personalizada para cada peregrino por parte de nuestra amabilísima anfitriona.

A las dos de la tarde, reiniciamos la marcha retomando el arcén de la carretera y pasando por la vecina aldea de El Fresno, con su pequeña capilla de la Magdalena.



Tarde rompepiernas

En seguida abandonamos la carretera para tomar diversas sendas herbosas y muy embarradas. Juanma se va resintiendo cada vez más de la rodilla y es preciso hacer algún alto que otro en la marcha para que pueda masajearse la pierna y aplicarse un poco de réflex.

De esta guisa, a las tres de la tarde llegamos a Borres, la segunda referencia importante de poblaciones intermedias de hoy. Llevamos 17 km recorridos y nos faltan poco más de 11. A partir de Borres el Camino se empina considerablemente. Esta zona es especialmente bonita, con mucho verdor, un montón de lomas al fondo y los tejados de Borres a nuestros pies.

El Camino va discurriendo por pistas forestales. El paisaje se mantiene espectacular. En un momento dado dejamos atrás el desvío de la llamada variante de Hospitales, que siguen los peregrinos que no quieren pasar por Pola de Allande para internarse directamente en el monte hacia el puerto del Palo. Nosotros visitaremos ese puerto mañana por la ruta más transitada, la que pasa por Pola de Allande.

Desde el desvío de Hospitales hay un tramo de bajada que nos lleva a las pequeñas aldeas de Samblismo y La Mortera. En esta última, por unos segundos, veo un zorro que rápidamente se esconde en el bosque. Avisé a Juanma pero él no llegó a tiempo para verlo... Bastante tiene ya con su maltrecha rodilla.

Intercambiando sendas herbosas y arcenes de carreteras locales atravesamos más pequeñas aldeas. La primera, Colinas de Arriba, tras una subida bestial desde La Mortera. Una vez en Colinas de Arriba, el Camino nos marca una bajada vertiginosa justo hasta el cauce de un arroyo a la altura de un bonito paraje. Y una vez abajo... Vuelta a subir. Hasta el puerto de Porciles.

Esto parece un pitorreo. Tras una fuerte subida viene una bajada mayor si cabe. Ahora, desde Porciles nos hacen bajar por en medio de un barrizal hasta el cauce del río del mismo nombre. Y una vez abajo, vuelta para arriba, para salir a la misma carretera por donde veníamos. Y además, cada subida supera a la anterior. En esta ocasión han puesto unos escalones de madera para ayudar a superar el desnivel.

Tras la última de estas subidas alcanzamos la aldea de Lavadoira, donde vemos un simpático borrico que nos observa con atención. Supongo que el pollino se preguntará que cómo es posible que sea a él al que le llamen burro cuando somos nosotros los que no paramos de hacer subidas y bajadas a lo tonto para volver a aparecer más o menos por el mismo sitio.

A todo esto, no hace falta que comente cómo lleva Juanma su rodilla con estos subebajas... La etapa ya es larga de por sí, pero con la rodilla en mal estado se hace eterna... Ánimo, que queda solo una hora y menos de cuatro kilómetros para Pola de Allande.

Llegada a Pola detrás de una vaca cagona

A partir de Lavadoira, el Camino nos da un respiro. Solo nos falta un descenso de tres kilómetros para llegar a Pola de Allande. Son casi las seis de la tarde.

El Camino discurre por una hermosa zona boscosa a la vera de un arroyo. Faltando un par de kilómetros para el final de la etapa, una vaca sale a nuestro paso y se pone a caminar justo delante de nosotros. No podemos adelantarla porque el sendero es estrecho. Así que no queda otra que seguir su paso. De vez en cuando, la vaca se para y se gira para mirarnos. Cuando hace eso, nosotros nos detenemos inmediatamente, no sea que le dé por embestirnos.

Así llevamos más de un cuarto de hora. Que el bicho se para, nosotros también. Que la vaca reanuda el paso, nosotros lo mismo. La situación resulta un poco cómica, con esa vigilancia a distancia entre todos. Para colmo, el Camino va por aquí embarrado, la vaca no para de cagar y para que no falte de nada, empiezan a caer las primeras gotas. Y Juanma medio cojo. Esto parece sacado de una película de los hermanos Marx.

Por fin, a la altura de la aldea de Ferroy, a un kilómetro de Pola de Allande, la vaca se desvía por un sendero bovino que conduce a una finca. Por fin tenemos vía libre. Solo diez minutos después, a las 18.45 horas, entramos en la villa de Pola de Allande en medio de una finísima lluvia. ¡Final de etapa! Maratoniana y durísima.

A las 7 de la tarde arribamos a nuestro hotel y estampamos el correspondiente sello en las credenciales. El hotel es céntrico, frente al ayuntamiento. De hecho, desde la ventana de nuestra habitación se ve la casa consistorial. A lo largo del recorrido de hoy ya habíamos llamado alguna vez al hotel para advertir de nuestro retraso en la llegada. Hoy más que nunca apetecía darse una buena ducha y relajarse un poco.

Cuando nos quitamos las botas en la habitación el olor era indescriptible. Nuestras botas han ganado peso con el barro acumulado y las boñigas de vaca pisadas. Así que esta tarde también habrá que dedicar un tiempo a la limpieza de calzado.





Cena de reyes

Tras una hora de descanso en la habitación, esta tarde el paseo habitual por el pueblo lo hemos reducido a la mínima expresión. Conviene recuperarse, y bien, para la exigente etapa de mañana.

A las nueve de la noche hemos bajado a cenar y nos hemos dejado seducir, sin ofrecer resistencia, por la propuesta del encargado. Nos hemos pedido el menú de degustación del peregrino, con tres platos y postre. 20 euros por cabeza, pero nos lo hemos merecido tras haber superado las penosas jornadas de ayer y de hoy. Hemos whatsappeado las fotos de los platos a nuestras amistades de Madrid. A ver si os gustan.


De primero, pote asturiano; de segundo, pastel de verduras; de tercero, repollo relleno de ternera. Todo regado con un vino de la tierra. Y de postre, tarta de queso y requesón. Todo buenísimo. De hecho creo que la cocina de este hotel está muy bien considerada a nivel regional, cosa que ya sabíamos antes de venir aquí. Y por supuesto, todo se remató con un surtido de pelotazos con los que brindamos, con amplias sonrisas, por nuestros éxitos y nuestras desgracias en este Camino tan complicado. Y, por supuesto, por los presentes y los ausentes, como mandan los cánones del espíritu jacobeo.

La etapa de mañana

Pues ya de vuelta a la habitación, con los ronquidos de fondo de Serrucho Man, os emplazo a la etapa de mañana. Si hoy ha sido la más larga, la etapa de mañana es la más corta, con solo 18 km entre Pola y la pequeña aldea de Berducedo. Pero no hay que dejarse engañar por eso pues la de mañana es la etapa que registra la cota más alta de todo el Camino Primitivo, la subida al temible puerto del Palo que, según dicen, hace honor a su nombre. Media etapa la pasaremos ascendiendo a ese puerto.

¿Cómo se nos dará? ¿Aguantarán las piernas? ¿Habrá más vacas emboñigando el Camino? ¿Habrá más caídas? ¿Más barro? (Este, seguro que sí). Pues ya sabéis... Hoy no... ¡mañana! os lo contamos.

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de The Art of Noise "Moments in love")



lunes, 27 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 3 (Camino de Tineo)


¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde nuestro confortable hotel de Tineo, lugar de conclusión de la corta pero a la vez eterna tercera etapa de este Camino Primitivo.

La de hoy es un buen ejemplo de cómo las condiciones meteorológicas y el estado del suelo pueden llegar a complicar una etapa aparentemente inofensiva de 20 km que se nos ha acabado haciendo verdaderamente interminable. Por mi parte, el balance es de dos caídas en el barro (en mis siete años anteriores del Camino no me había caído nunca), una inmersión, o sea, un hundimiento repentino en el barro hasta los tobillos, y un montón de rasguños en los brazos.

Por parte de Juanma, su rodilla ha acabado tocada en el día de hoy y su cámara hundida (porque ha dejado de funcionar) a causa de la humedad. El botiquín hoy echa humo...

Este ha sido el relato del desaguisado de jornada que hemos padecido hoy...

Desayuno y sello en Salas

Tras una noche tranquila en la habitación, la mañana de hoy lunes se presenta muy fresca y el cielo está completamente cubierto en Salas. En la plaza de la Campa, donde también se hallan nuestro hotel, el ayuntamiento, el palacio y la iglesia, nos acercamos a desayunar al mismo bar donde cenamos ayer ya que ofrecen buenos desayunos para el peregrino y, además, nos obsequian a cada uno con una pequeña bolsa de pícnic.

Después de desayunar, a las nueve de la mañana nos dirigimos al cercano edificio del ayuntamiento para que nos pongan en nuestra credencial el primer sello del día puesto que la iglesia está cerrada, al igual que toda la tarde de ayer, y no podemos sellar en ella.

Tras el desayuno y el sello, a las nueve y diez de la mañana iniciamos el recorrido de hoy, paralelos al río Nonaya, que nos va alejando poco a poco del pueblo. Hay 20 kilómetros hasta la localidad de Tineo y el perfil no parece demasiado complicado, así que nos tomamos la caminata con relativa tranquilidad.


Un paseo por el bosque (con cascada)

Los primeros kilómetros de hoy son verdaderamente deliciosos. Nos internamos por un profundo bosque en un ambiente cargadísimo de humedad pero sin lluvia. Todo es un fuerte verdor a nuestro alrededor. Estamos completamente solos. Ni rastro de otros peregrinos.

Vamos remontando el curso del Nonaya hasta su mismo nacimiento, en forma de cascada. Para poder verla hemos tenido que desviarnos unos pocos cientos de metros del Camino pero el paseo ha valido la pena.


Justo al salir del bosque, empieza a llover. Toca ponerse los ponchos. Son las 10.20 horas. Estamos en una zona de fuerte pendiente que nos lleva a la carretera. Tras unos minutos ascendiendo por su arcén, soportando las salpicaduras de agua de lluvia de los coches que pasan junto a nosotros, desembocamos en una pista forestal.

Lluvia y pícnic entre vacas

La pista forestal sube hasta una zona de planicie donde vemos grandes prados y algunas vacas muy juguetonas correteando alegremente. La pequeña aldea de Porciles está frente a nosotros. Son las 11 de la mañana y ya llevamos 6 kilómetros recorridos. La lluvia aparece y desaparece por momentos.

A la entrada de Porciles nos detenemos en una estructura que parece una parada de autobús o del camión lechero. Hay banco para sentarse, techo y una pequeña fuente, y no necesitamos más para abrir la bolsa del pícnic y marcarnos un receso, a base de plátano y minibocata, a ver si mejora el tiempo mientras tanto. Ocurre más bien todo lo contrario, pues llueve con fuerza y el cielo está cada vez más oscuro.

A estas alturas de etapa teníamos bastante claro que hoy iba a tocar mojarse, pero bien. Reanudamos la marcha en medio de la lluvia, siguiendo el curso de la carretera. Dos kilómetros más adelante llegamos a otra de las aldeas intermedias de hoy, Bodenaya, donde nos refugiamos unos minutos bajo una panera.

Descanso en La Espina

Sin abandonar la carretera y, lo que es peor, sin que la lluvia nos abandone a nosotros, llegamos a la población intermedia más importante de hoy, La Espina, dotada de todos los servicios de un gran pueblo. Ya habíamos parado hoy en varias ocasiones, incluidos dos desayunos, pero viendo cómo estaba el día, decidimos hacer un nuevo alto aquí.

Poco después del mediodía, nos detenemos en un bar donde anuncian comidas para el peregrino, a fin de tomarnos un café y sellar las credenciales. Aquí ya está la pareja de peregrinos extranjeros con la que nos encontramos varias veces a lo largo del Camino en el día de ayer: él con poncho rojo y ella con poncho amarillo. El semblante de todos es el propio de cuando llegas a un sitio en un día de perros. Un intercambio de sonrisas cómplices entre todos nosotros delata la crudeza de la etapa de hoy.

Juanma y yo nos pedimos sendos cafés; a ver si mientras tanto, el tiempo nos da alguna tregua. Pero nada de nada. Mirando por la ventana, solo vemos agua y más agua, acompañada en ocasiones de fuertes rachas de viento.

Al poco rato entra un peregrino francés que, tras dar un suspiro de alivio por encontrar refugio, se sienta cerca de nosotros. Intercambia algunas palabras, más en castellano que en francés, con Juanma. Este peregrino es un jubilado que lleva muchos años haciendo el Camino. Pero este es su primer Primitivo y, según él, es de los Caminos más duros que ha recorrido. Tras despedirnos de todos los presentes, reanudamos la marcha a las 12.45 horas.



Lluvia, barro y caídas

Dejamos La Espina y, con ella, la carretera, para adentrarnos en sendas y caminos de barro que atraviesan pequeñas aldeas. La primera de ellas, La Pereda, en la que destaca su ermita del Cristo de los Afligidos y un molino de agua.



La lluvia y el ambiente fresco seguían entorpeciendo continuamente nuestra marcha de modo que aprovechábamos cualquier refugio para resguardarnos del agua. Unas simpáticas vaquitas se convirtieron en nuestras anfitrionas por unos minutos.

En uno de los embarradísimos caminos de tierra y barro del lugar me resbalé y acabé en todo el lodazal. Tuvo que ayudarme a levantar Juanma porque con la mochila y el barro es muy difícil reincorporarse uno solo. A estas alturas de etapa la cámara de vídeo de Juanma ya se había revelado: cogió humedad y dejó de funcionar.

Entre barro y más barro alcanzamos otra aldea, El Pedregal. Por aquí dicen que las vistas son impresionantes pero lo cierto es que el día no estaba para apreciar mucho el paisaje. Nos hallamos en el kilómetro 13 de la etapa y son las 14.15 horas. La etapa se está haciendo eterna.

Otros 4 km de barrizal

A partir de aquí empieza la madre de todos los barrizales. Cuatro kilómetros de monte por la sierra de Tineo sin más referencia intermedia que el barro y unos charcos impresionantes. Y sigue lloviendo...

De nuevo, por tratar de encontrar la mejor forma de esquivar el agua de un enorme charcazo, acabé resbalándome y cayéndome en todo el lodazal. Ya van dos veces hoy. Con tan mala pata además que, para evitar caerme, me agarré a lo primero que encontré y resultó ser un zarzal. Tengo el brazo con tantos rasguños que parece un código de barras.

A la caída anterior le sucedió más adelante otra inmersión en el barro hasta el tobillo. De la mierda que llevan las botas, no se ven ni los cordones; y además, han ganado peso por el barro acumulado... ¡Qué porquería! Tienen vías de agua por todos sitios... Para ellas este será, sin duda, su último Camino. En Lugo, ¡las jubilo!




Juanma, aún aguanta... él no se ha caído todavía pero va sufriendo dolores en su rodilla desde hace un buen rato por lo que, de vez en cuando, aminoramos un poco la marcha con alguna parada. Las dos veces que me caí él me ayudó a levantarme. Ya le dije que, si hubiera sido al revés, yo primero le hubiera hecho una foto y luego le habría ayudado. Lo primero es lo primero, y hay que intentar documentar gráficamente todo lo que pase. Los dos hemos acordado que, si hay una nueva caída, se priorizará sacar una foto antes que ayudar al caído.

Tras hora y media de barrizal por fin divisamos unas casas. Se trata de la aldea de Santa Eulalia, a tres kilómetros del final de esta interminable etapa. Son las cuatro de la tarde. Además, hace unos minutos que ha parado la lluvia... Empiezan a llegar las primeras buenas noticias en mucho tiempo.



Llegada a Tineo... ¡por fin!

La ermita de San Roque, a un kilómetro de nuestra meta de hoy, nos propició otra pequeña subidita de ánimo. Desde aquí ya está casi hecha la jornada. Por cierto, que en este lugar volvimos a coincidir con nuestro amigo, el peregrino francés, que pernoctará en el albergue municipal.

Hasta nuestro hotel de Tineo el recorrido es de fuerte descenso. Cuando hicimos nuestra entrada en el hotel, a las 16.30 horas, casi ni no nos lo creíamos. ¡Menuda etapa la de hoy! En el hotel sellamos las credenciales y comimos algo de lo que tenían en el mostrador pues la cocina estaba cerrada. Para acceder a la habitación, aún hubo que hacer un último esfuerzo suplementario subiendo por una escalera larga y estrecha.


Limpieza de botas

Ya en la habitación hoy nos espera más trabajo que de costumbre. Las botas y las ropas en general están asquerosas. Ni corto ni perezoso, me meto en la ducha completamente vestido, botas incluidas, abro el grifo y empiezo a ver cómo el agua sucia y el barro van desapareciendo por el desagüe. Luego repito la operación, pero esta vez sin las botas. Lo siento por el cuarto de baño, pero no es momento para remilgos...

La habitación estaba impecable a nuestra llegada. Me temo que hemos cambiado bastante su fisonomía, sobre todo la del cuarto de baño, después de la ducha de las vestimentas... Bueno, intentaremos limpiarla un poco antes de marcharnos mañana.

En las botas hemos metido papel higiénico, que renovamos cada cierto tiempo, para que absorba la humedad. La ropa está distribuida por toda la habitación por encima de sillas, radiadores y cualquier soporte que ayude a que se seque antes.




Tarde-noche en Tineo

Me temo que hoy hay pocas ganas de cachondeo. Nuestro hotel se halla en una zona residencial distante un kilómetro del centro del pueblo. Tras una pequeña siesta en la habitación, yo decido acercarme al centro porque he de echar la lotería. Así aprovecho también para comprarle a Juanma algo para la rodilla en la farmacia y para darme una vuelta por el pueblo. Ahora no llueve aunque de vez en cuando chispea un poco.


La distribución de Tineo es muy vertical. El pueblo está levantado a lo largo de la ladera de un monte y sus calles presentan varios niveles. En el centro del pueblo me llaman la atención el edificio del ayuntamiento y las casas adyacentes. Hay un bonito mirador desde donde pueden divisarse amplias panorámicas de la comarca, sobre todo cuando el día está despejado (no como hoy).

Ya de vuelta en el hotel, a eso de las nueve y media de la noche decidimos cenar en la cafetería que tenemos enfrente. Unos menús del peregrino con platos combinados, postre incluido, por nueve euros. No está mal. Tras un día como el de hoy nos relajamos un poco intercambiando mensajes graciosos de nuestras peripecias con nuestros familiares y amigos. Ahora todo se ve de otra manera, con risas y bromas. Pero cuando estábamos en plena caminata, la cosa era muy distinta...

La etapa de mañana

Bueno, pues ya hemos regresado de nuevo a la habitación. Son las once de la noche y la lluvia ha desaparecido por completo. Hoy se agradece más que nunca pillar una buena cama para descansar... Y más teniendo en cuenta que mañana nos espera la etapa reina, al menos en cuanto a distancia a recorrer, 28 km entre Tineo y Pola de Allande. La lluvia y el barro, a buen seguro, nos seguirán complicando la existencia. Pero como siempre, eso os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Level 42 "It's over")