martes, 3 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 4 (Camino de Melide)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde Melide, la capital del pulpo, ya en la provincia de La Coruña, adonde hemos llegado tras una larga y calurosa etapa de 28 kilómetros y justo cinco años después de llegar aquí por primera vez. Entonces fue también otro 3 de mayo, pero de 2011 y siguiendo un recorrido distinto: el del Camino Francés. A partir de este lugar, ya coinciden los Caminos Primitivo y Francés hasta Santiago.

Hoy sí que hemos pasado calor de verdad, sobre todo por la tarde, y ya llevamos los dedos de los pies repletos de tiritas. La etapa se nos ha acabado haciendo muy larga, nos falló el sitio que llevábamos pensado para comer y, al final, acabamos haciéndolo casi dos horas después del plan previsto.

Bueno, no me enrollo más y ahí va el relato de la etapa de hoy.

Empieza la etapa

La mañana empezó en nuestro coqueto albergue de San Román. La habitación ya la habíamos pagado ayer y los hospitaleros, que no llegan hasta el mediodía, dejaron la cocina preparada para que todos los peregrinos nos pudiésemos preparar el desayuno al gusto, en plan selfservice.

Hoy me he puesto por la mañana la tercera tirita en los dedos de los pies y la ampolla de Juanma sigue engordando... La jornada se presenta larga y con mucho sol...

Así las cosas, a las nueve y cuarto arrancamos la etapa del día. Casi 28 kilómetros que nos llevarán hasta Melide, con cambio de provincia incluido.

Poco a poco todos los peregrinos vamos saliendo del albergue. Hay dos itinerarios posibles que se unen unos kilómetros más adelante en el pueblo de Ponte Ferreira. Nosotros elegimos la variante llamada "calzada romana", que es algo más corta y que, pese a su nombre, no pasa por ninguna calzada romana.

El trío de peregrinos rusos elige la otra variante y ya no los volveremos a ver en todo el Camino. El resto de peregrinos eligen, en su mayor parte, nuestro itinerario y los iremos viendo de forma intermitente a lo largo de la etapa.

Mañana bucólica

Los kilómetros de la mañana discurren por un sinfín de verdes prados y pequeñas aldeas. A la hora de caminata, en uno de estos prados vivimos una simpática anécdota al grabar a un grupo de vacas. De repente, un ternero se asustó y provocó una pequeña estampida... jajaja... cómo corrían las condenadas...



Estos idílicos primeros kilómetros nos llevaron hasta el bonito enclave de Ponte Ferreira, precioso lugar con un pequeño puente de aspecto romano y en el que se unen las dos alternativas de Camino que comentaba antes.

Aquí nos dan las once de la mañana y ya nos encontramos en el kilómetro 7 de la etapa. En este lugar había bastantes peregrinos a los que se incorporó un importante grupo de vacas que llegaron en comitiva escoltadas por varios aldeanos. El panorama no podía ser más bucólico.



San Xurxo de Augas Santas

Continúa el paseo por el arcén de la carretera provincial, junto a bosques de eucaliptos, pinares y algún que otro árbol autóctono, atravesando pequeñas aldeas o pasando junto a ellas.

Prácticamente al mediodía alcanzamos el kilómetro 11 de etapa, la aldea de San Xurxo de Augas Santas (o sea, San Jorge de Aguas Santas), y justo en la entrada de la población hay un merendero con una fuente y una estatua del Apóstol. Un lugar muy bonito en medio de la vegetación. Y una buena ocasión para beber y refrescarnos con agua muy muy fresca.



Abandonamos la provincia de Lugo...

Tras San Xurxo hay una bajada inicial para, a continuación, comenzar la larga subida que nos llevará a la provincia de La Coruña. Por el medio los lugares de As Seixas, Casacamiño y Hospital de As Seixas, todos ellos de la parroquia de Merlán, en el concello de Palas de Rei; la capital de este último ya la visitamos en el Camino Francés de 2011.

Tras detenernos un momento junto a la iglesia románica de San Salvador, en Merlán, poco antes de la una de la tarde llegamos a la aldea de As Seixas, en plena ascensión hasta el límite provincial, en el kilómetro 13 de etapa. Aquí hay un bar donde podríamos haber comido, pero como nos pareció pronto, decidimos esperar hasta Casacamiño, casi 2 kilómetros más adelante, donde hay otro bar.

A la salida de As Seixas nos topamos con un simpático burro al que ofrecí una flor amarilla... El pollino no dudó en acercarse y comérsela... Qué mirada tan humana la del lindo borrico. Creo que aquí surgió una pequeña historia de amor...

El calor empieza a hacerse más patente... Continúa la ascensión por un camino que cada vez presenta menos vegetación. Media hora después del pueblo anterior, a las 13.20 h alcanzamos la casa rural de Casacamiño (km 15 de la etapa), donde pensábamos comer, pero lo único que podemos hacer es sellar las credenciales (por primera vez hoy) ya que es el día de descanso del personal. Está cerrada para todo lo demás. Nuestro gozo en un pozo ya que el siguiente bar está nada menos que diez kilómetros más adelante, a solo cinco de Melide.

Seguimos ascendiendo y, tras atravesar el último indicio de vida humana de la provincia de Lugo, una pequeña aldea perdida en medio de la nada llamada Hospital de As Seixas, con un curioso mojón arcoíris, enfilamos una zona ventosa completamente deshabitada de matojos y monte bajo en medio de la sierra del Careón. En su punto más alto, en la cota 700 metros, cruzamos el límite provincial y nos internamos en la provincia de La Coruña. Son las dos de la tarde. Estamos en el kilómetro 17 de la etapa.



...Y entramos en la provincia de La Coruña

Tras entrar en la provincia de La Coruña, el Camino se empina... pero ahora hacia abajo. El sol aprieta, los pies ya van doloridos y ni mucho menos resulta relajante la bajada por la abrasante pista asfaltada ya que los pies están para pocas bromas.

Todavía nos queda hora y media de recorrido hasta el bar donde pensamos comer hoy, en el kilómetro 22 de la etapa. El fuerte descenso nos permite divisar en la lontananza la meta de la etapa de hoy, Melide. Pero todavía queda mucho para ganársela.

La bajada atraviesa una pequeña aldea, Vilouriz, en el kilómetro 19 (dos y media de la tarde), para la que hay que tomar una congostra que nos da una pequeña tregua de tanta pista asfaltada. En esta aldea destaca la iglesia de Santiago y algún bonito hórreo. La verdad es que en estos momentos no estábamos para apreciar mucho el paisaje.

El almuerzo de hoy

Tras regresar de nuevo a nuestro querido asfalto, ¡por fin!, casi a las tres y media de la tarde llegamos al pueblo de Irago de Arriba, donde el bar Carburo se convierte en nuestra auténtica tabla de salvación. Desde aquí restan cinco kilómetros para concluir la etapa.

Sudados, acalorados, cansados... nos acomodamos en la terracita exterior del bar para tomarnos unos refrescos y disfrutar de unos platos combinados que nos supieron a gloria. En el interior del bar el ambiente era aún más caluroso ya que había una humareda (por el tabaco) impresionante, con gente dándole al juego. Vicio, puro vicio jejeje...

Por cierto, que incluso desde la terraza del bar seguíamos viendo vacas y más vacas. Hoy ha sido la etapa de las vacas... También vimos conductores de máquinas agrícolas que pararon a comer a nuestro bar, tras realizar complicadas maniobras para aparcarlas. Seguimos en la Galicia profunda...

Os hemos puesto un vídeo corto de nuestra llegada a la terraza del bar donde pueden apreciarse las caras que traemos...



Con mucho calor, llegamos a Melide

Pasadas las cuatro de la tarde retomamos la marcha y media hora más tarde estábamos cruzando el río Furelos, el que riega estas tierras. Aún nos quedaba alrededor de una larga e interminable hora hasta comenzar a hacer la entrada en la población de Melide. Incluso tuvimos ocasión de apreciar cómo un ave rapaz estaba devorando algún bicho que acababa de cazar en medio de un sembrado.

Con muchísimo calor a las 17.40 horas cruzamos la zona céntrica de Melide, donde sellamos hasta en tres lugares diferentes: en el albergue de peregrinos (a la entrada del pueblo), en la iglesia y en el museo. La otra vez que estuvimos por aquí, hace cinco años, tuvimos muchísimos problemas para estampar un sello: hoy, en un momento, han caído tres.

Finalmente, a las seis de la tarde entramos y nos registramos en nuestro céntrico hotel melidense. Curiosamente, en el mismo hotel vemos alguna mochila que nos resulta familiar: uno de los peregrinos alemanes que coincidieron con nosotros en el albergue está alojado también aquí. Aunque no lo hemos visto desde que salimos desde San Román. Prácticamente, desde Ponte Ferreira no hemos visto peregrinos hasta llegar aquí. Eso sí, en Melide hemos visto hoy más peregrinos que en todo lo que llevamos de semana; no hay que olvidar que aquí coinciden los Caminos Francés y Primitivo.

En el hotel nos hemos llevado la agradable sorpresa de que tiene ascensor aunque, eso sí, lo debieron de diseñar los enanitos de Blancanieves. No os imagináis lo que es meterse en el ascensor con las mochilas. En el vídeo del hotel os hemos puesto una pequeña escena al respecto.



Pulpo en Casa Ezequiel y noche de Champions

Como os podéis imaginar, tras una dura jornada como esta, se agradece un buen rato de descanso con ducha. Eso es lo que hemos hecho al llegar a nuestra habitación. Respetando escrupulosamente los turnos establecidos, nos hemos ido duchando y echando unas reparadoras siestecitas hasta alrededor de las ocho de la tarde.

Después de esa hora, nos hemos acercado a Casa Ezequiel, como la otra vez que estuvimos por aquí, a meternos un buen pulpo con Ribeiro. Esta noche hay jornada de Champions y preferimos cenar primero y ver el partido después, ya más relajado.

El lugar elegido para ver el Bayern-Atlético fue otro bar cercano. Aunque el Atleti perdió por 2-1, ese resultado le sirvió para clasificarse. A través de los whatsapps hemos estado intercambiando mensajes futboleros con nuestros amigos atléticos que se quedaron en Madrid, entre ellos el peregrino Toñín.

A ritmo de pelotazos de whisky, celebramos la clasificación atlética aunque, a decir verdad, los pelotazos hubieran caído igual si lo hubieran eliminado... Tras una dura jornada como la de hoy, creo que nos los hemos ganado. Y después del partido, hora de recogerse. A las once, ya de nuevo en el hotel porque hoy hay sueño.

La etapa de mañana

Y para contrarrestar la larga etapa de hoy, mañana la más corta, una etapa llana de solo 14 kilómetros hasta Arzúa, la capital del queso, adonde previsiblemente llegaremos para la hora de comer. Habrá que tener cuidado de nuevo con el calor y ver cómo evolucionan nuestros maltrechos pies. Ahora... ¡a descansar! Mañana os lo contamos.

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de John Barry "BSO Midnight cowboy")



 
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lunes, 2 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 3 (Camino de San Román)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde la Galicia profunda, desde un pequeño albergue de peregrinos perdido en medio del monte del centro de la provincia de Lugo. Estamos en el albergue de San Román de Retorta (o, en gallego, San Romao da Retorta) donde hemos disfrutado, hace tan solo unos minutos, de una deliciosa queimada, como os contamos más abajo.

Aquí hemos llegado tras una etapa corta de algo menos de 20 kilómetros. No ha llovido, el tiempo ha sido algo fresco pero el sol sigue implacable, poniendo nuestros brazos, poco a poco, como cangrejos. Además hoy ha habido mucho asfalto y sus efectos se empiezan a notar en forma de rozaduras y principios de ampollitas en los pies.

Bueno, ahí va el relato de la etapa de hoy...

Desayuno y visita a la catedral de Lugo

8.45 horas de la mañana. El despertador apaga bruscamente la vorágine de ronquidos en la habitación del hostal de Lugo. Por delante, una etapa aparentemente cómoda de casi 20 kilómetros hasta nuestro albergue en la aldea lucense de San Román de Retorta. Pasamos revista a nuestros pies y ya empiezan a notarse los efectos del sol de las etapas anteriores. Nos aplicamos los mejunjes y yo salgo hoy con dos tiritas en los dedos por diferentes rozaduras. El roncador Juanma sigue fabricando una molesta ampolla y saldrá a caminar con una tirita.

Como la etapa de hoy es corta, decidimos realizar a primera hora una visita a la catedral de Lugo, sin mochilas. Pero antes, un suculento desayuno en una cafetería-pastelería céntrica, a base de surtido de pasteles para acompañar nuestros cafés con leche. La misma pastelería del año pasado durante nuestra breve estancia en Lugo. Y, como la otra vez, de nuevo compramos una caja de peregrinos, ya sabéis, esos pastelitos de tarta de Santiago con forma de vieira; la idea es llevarlos con nosotros hasta agotarlos.

Ahora sí, una vez desayunados, y bien desayunados, nos dirigimos a la Catedral de Santa María de Lugo, a las nueve y diez de la mañana, a realizar una visita de alrededor de media hora. De nuevo nos encontramos con la señora del año pasado, con cierto aire de beata, que nos hizo las veces de guía y selló nuestras credenciales. Se trata de un precioso templo románico originario del siglo XII, con detalles góticos y neoclásicos, un altar barroco e imágenes de los patronos de la ciudad, San Froilán y la Virgen de los Ojos Grandes. La señora nos hizo hincapié en la importancia de esta Catedral por exhibir de forma permanente el Santísimo Sacramento, en referencia al misterio de la Eucaristía; de ahí el cáliz y la hostia que aparecen en el escudo de la ciudad de Lugo.



A las nueve y media concluimos la visita y regresamos al hostal para recoger nuestras cosas e iniciar la etapa del día, no sin antes dar un pequeño rodeo para buscar una administración de loterías y echar la primitiva de la semana.

Inicio de la etapa cruzando el Miño

Así las cosas, hasta las diez y media de la mañana no iniciamos la etapa de hoy. Lo hacemos cruzando la maravillosa muralla romana de Lugo por la puerta de Santiago.

Continuamos descendiendo por la rúa Santiago hasta encontrarnos con el río Miño y su puente romano del siglo I, por donde cruzaremos para salir de la ciudad.

En el entorno del puente estuvimos cerca de media hora, haciendo fotos, tomando imágenes de vídeo e, incluso, descendiendo hasta el cauce del río, donde tuve ocasión de dar un simbólico pisotón al agua.

El día está muy soleado, hace algo de fresco, pero no tanto como en los días anteriores. Se prevé otro día de sufrimiento para nuestros brazos por culpa de la insolación.

Continuamos el Camino por la orilla contraria del Miño, alejándonos poco a poco de la ciudad entre saúcos a lo largo de un hermoso paseo fluvial que discurre frente al estadio del CD Lugo, el mítico Anxo Carro, y el club náutico de la ciudad.

Tras pasar junto a la fuente y la capilla de San Lázaro, donde se situaba el antiguo hospital de leprosos, perdemos definitivamente de vista la ciudad, alejándonos del río. El Camino gira en sentido opuesto al río y se empina ostensiblemente. Esta subida, que al principio es más pronunciada y luego se suaviza, ya no cesará hasta el final de la etapa.


Los primeros pueblos del día

A los cinco kilómetros de etapa tomamos la carretera provincial que nos acompañará en las etapas de hoy y mañana. Siguiendo un estrecho caminito junto al arcén atravesamos las pequeñas poblaciones de Santo Matías y de Seoane.

En las dos aldeas citadas, junto a la carretera, sendas iglesias y ambas cerradas. Cerca de la iglesia de Santo Matías, hemos visto también una fuente que en realidad es un sepulcro de piedra proveniente, sin duda, de antiguos enterramientos.


A lo largo de este tramo hemos coincidido con tres peregrinos rusos, dos chicas rubísimas y un chico más morenito, que andaban por el asfalto en lugar de hacerlo por el caminito de tierra del arcén. Esto nos ha llamado mucho la atención ya que los pies sufren mucho menos andando por la tierra que por el asfalto. En fin, allá ellos... Será que en Rusia añoran el calor...

Bocatas en San Vicenzo

El almuerzo de hoy lo hemos dejado para el pueblo de San Vicenzo do Burgo, justo en el ecuador de la etapa. Un poquito antes de llegar ahí nos topamos con un grupo de casas y, entre ellas, sobresaliendo el Pazo de Carrigueiros.


Poco después, la vieja iglesia barroca de San Vicenzo, del siglo XVIII, por supuesto cerrada también, nos recuerda que es la hora del almuerzo. Las dos menos cuarto de la tarde.

El bar de As Searas, a escasos metros de la iglesia, fue el lugar elegido para la comida de hoy. En el bar coincidimos con más peregrinos. Algunos de ellos se nos adelantaron y nos quitaron la mesita de la terraza así que tuvimos que acomodarnos en el interior. Tampoco estaba nada mal.

Unas impresionantes tostas de tortilla y tomate aderezadas con orujitos de la casa fueron nuestro menú de hoy. En el bar tuvimos ocasión de contemplar unos trípticos de la iglesia de Santa Baia (Santa Eulalia) de Bóveda, templo de baños de época tardo-romana, cuyo desvío veremos un poco más adelante, pero que queda algo alejada del Camino, por lo que no podremos visitarla.

Finalmente, a las dos y media de la tarde, tras sellar las credenciales en el bar, reanudamos la marcha...



Los kilómetros de la tarde

En el recorrido de la tarde el asfalto cobró aún más protagonismo si cabe. Se acabaron los caminitos de tierra junto a la carretera y apenas hubo algún pequeño tramo de congostra con agradecidísimas sombras por en medio del monte.

A la media hora de la comida dejamos atrás el ya comentado desvío hacia Santa Baia de Bóveda. Y un cuarto de hora después, a las 15.15 horas, cogemos una sombría congostra que, entre la espesura del monte, nos lleva hasta la aldea de Bacurín, adonde llegamos a las tres y media de la tarde. Nos quedan poco más de seis kilómetros para concluir la etapa.



En Bacurín nos desviamos ligeramente del Camino para disfrutar de la iglesia románica de San Miguel, también cerrada, para variar. Aquí coincidimos con un par de septuagenarios peregrinos alemanes —que apenas si chaporroteaban un poquito de español italianizado— a los que libramos, sin duda, de un buen rodeo, ya que se metieron por un desvío erróneo y se estaban alejando del itinerario.


Por estas tierras tan solitarias, a saber dónde hubieran ido a parar los pobres si no llegamos a correr casi 100 metros detrás de ellos para advertirles de su error.

Llegada a San Román de Retorta

En la última hora de la etapa, más asfalto y más insolación. Apenas un par de aldeas, muchas vacas y muy pocas personas antes de llegar a San Román de Retorta, perteneciente al concello de Guntín. La iglesia de San Román, la réplica del miliario romano y un hórreo, junto al bar del pueblo, nos dieron la bienvenida al núcleo urbano.


Para llegar a la zona de los albergues aún hay que caminar un kilómetro por el monte. Así, unos minutos después de las cinco de la tarde, llegamos a una pequeña explanada en medio del monte, donde se sitúan los dos albergues de San Román: el público y el privado. En este último nos alojaremos.

Nuestro albergue en medio del monte

Nuestro albergue se levanta en medio del monte, con fuerte olor a vaca, decorado con una curiosa fachada de colorines que reproduce el entorno. El albergue dispone de una única habitación independiente —la nuestra— situada en la planta baja, junto a la cocina y el comedor. Toda la planta superior cuenta con literas en un espacio común.

Nuestra minúscula habitación tiene dos pequeñas camas entre las que se sitúa la silla, que es el único elemento (a modo de armario) para dejar las cosas. Hay un ventanuco por donde no cabe una cabeza, y menos la mía (justo al lado del coche que aparece aparcado en alguna de las fotos). Y a un lado de la habitación, junto a la puerta, hay unas minúsculas cortinas que se levantan más de un metro sobre el suelo. Detrás de ellas está... ¡el cuarto de baño! Vamos, que si te sientas en la taza del WC, la intimidad es cero patatero. Así que, cuando me toque utilizarlo, que será poco después de nuestra llegada, tendré que echar a Juanma de la habitación...

Aunque parece el albergue de los Siete enanitos de Blancanieves, después de todo, somos los pijos del lugar, o sea, los únicos peregrinos con habitación y baño propios... El resto ni eso... juajuajuas.... Y eso que nuestro albergue es el privado; o sea, se supone que el bueno... Mejor no imaginarse cómo será el otro, el público... jajajajas.

A nuestra llegada sellamos las credenciales en el albergue y el encargado nos tomó nota de lo que queríamos para cenar, ya que había que encargar la cena con antelación si queríamos comer en el albergue o, en caso contrario, caminar un kilómetro en medio del monte para ir al pueblo y regresar después. No había muchas alternativas.

Tras acomodarnos como buenamente pudimos en la habitación, decidimos dar un pequeño paseo por las inmediaciones del lugar. Tampoco había muchos sitios donde ir, de modo que caminamos cien metros hasta el albergue público y poco más. Luego regresamos hacia el comedor porque a las nueve servían las cenas.



Noche de queimada y meigas

Desde las nueve menos cuarto estábamos ya sentados en el comedor. Vimos que por aquí estaban los peregrinos rusos, los peregrinos alemanes que se perdieron antes, dos jóvenes peregrinas alemanas con las que también coincidimos en algún momento de la etapa, otro peregrino alemán que andaba solo, y alguno más... Muy poquita presencia española. En total, podríamos ser cerca de veinte peregrinos. A las nueve de la noche llegó nuestra cena: una ensalada con pechugas de pollo a la plancha y patatas fritas.

Y a las diez de la noche, la sorpresa de la jornada. Los dos encargados del albergue (hospitaleros) prepararon una queimada para todos los peregrinos...


Qué momento tan entrañable... Todo el mundo grabando la escena con los móviles... La mayoría de peregrinos no sabían de qué iba la cosa, así que a algunos de ellos les explicamos que se trataba de una tradición gallega para ahuyentar las meigas y los malos espíritus a través de un conjuro regado con aguardiente. Y parece que les gustó porque la mayoría repitieron... Sobre todo las rusas, que bebían como cosacas (y nunca mejor dicho)... Da... da... ("sí... sí", en ruso, jajajaja). Ambiente jacobeo al 100%.


Y tras la queimada, los hospitaleros cierran el edificio y se marchan. Nos dejan solos a todos los peregrinos en un albergue perdido en medio del monte. Hubo quien oyó hasta aullidos de lobos. Yo pienso que fueron más bien los efectos secundarios del orujo quemado. Pero, por si acaso, nadie salió al exterior a mirar...



La etapa de mañana

Y mañana la última de las cuatro etapas nuevas de este Camino pues el resto ya coincidirán con etapas que recorrimos durante el Camino Francés de 2011. Mañana, la etapa más larga de las que nos quedan pues nos esperan casi 28 kilómetros rompepiernas hasta Melide, el pueblo del pulpo donde se unen los caminos Francés y Primitivo. Allí volveremos Juanma y yo exactamente cinco años después, también un 3 de mayo como la vez anterior. Curioso, ¿no?

Pero eso, ya sabéis, os lo contaremos no hoy sino... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Pink Floyd "Echoes")



domingo, 1 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 2 (Camino de Lugo)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde Lugo, lugar de finalización de esta segunda etapa del Camino Primitivo 2017. Acabamos de llegar hace un momento a nuestro hostal después de darnos un paseo por la ciudad y tapear por su casco histórico.

Hoy nos hemos metido para el cuerpo la etapa reina: al final, con más de 31 kilómetros ya que hemos dado algún que otro rodeo y la etapa se nos ha acabado haciendo un poco larga. Por fin hemos visto hoy a los primeros peregrinos a lo largo del Camino.

El día ha estado bastante soleado pero con aire frío. Traemos los brazos rojos como cangrejos y eso que nos hemos dado un poco de crema. Ahí va el relato de la jornada...

Comienzo de la etapa

Para afrontar la primera etapa decidimos madrugar media hora más con intención de salir a andar a las ocho y media... El día amanece muy soleado pero con temperatura bastante fresca. Hacemos recuento de lesiones antes de darnos los mejunjes y parece que Juanma está fabricando su primera ampolla del Camino... en un dedo del pie. Yo tengo alguna que otra rozadura, pero sin más importancia.

Hoy es el día de nuestra llegada a Lugo... la etapa reina de 31 km. Así que no hay mejor ocasión de ponernos nuestras camisetas del CD Lugo, las del pulpo, que sin duda causarán sensación y nos servirán para homenajear a estas generosas tierras.

A las ocho de la mañana bajamos a la cafetería de nuestro hotel de Cádavo para desayunar. Y la media hora de más que ganamos madrugando la perdemos en la dichosa cafetería esperando a que nos atiendan. Nos juntamos ahí varios grupos de peregrinos esperando a que los encargados de la cafetería de nuestro hotel aparezcan... Lo hicieron tarde, así que al final nos ponemos en marcha... pero a la misma hora de siempre... A las nueve en punto.


Tras pasar por delante del ayuntamiento de Baleira, poco a poco vamos dejando atrás el pueblo, observando a lo lejos el Campo de la Matanza que cruzamos ayer. Hoy tenemos por delante casi 31 kilómetros, la mayoría de ellos llanos tras una subida y posterior bajada al principio de la etapa.

El primer repecho del día es el alto de Vaqueriza, a los dos kilómetros de etapa, que se alcanza por pistas vecinales.

A partir de aquí entramos en un agradable descenso por pistas forestales en medio del monte. A lo lejos, en el llano, puede divisarse la ciudad de Lugo. Hoy sí que nos vamos encontrando con algún que otro peregrino, la mayoría extranjeros, como siempre.

Cuando estamos a punto de concluir este precioso tramo de descensos por el monte arribamos a la Capilla del Carmen, antesala del cercano pueblo de Vilabade, donde nos espera un distinguido monumento. Esta capilla se halla en un paraje pintoresco, con una fuente de agua fresca y un merendero. Estamos en el kilómetro 5 de la etapa y son las diez y cuarto de la mañana.

Visita a la "Catedral"

Tras salir a la carretera, un kilómetro más adelante llegamos a la población de Vilabade, ya en el municipio de Castroverde, donde nos espera una de las joyas artísticas del día: la denominada Catedral de Castroverde, o sea, la iglesia de Santa María de Vilabade.

Se trata de una iglesia gótica del siglo XV declarada monumento nacional en 1979. En su interior conserva un conjunto escultórico del siglo XVII. Cuando entramos había una guía turística que nos selló las credenciales y que nos contó un poquito de la historia de este monumento singular situado en un lugar tan escondido.

Juanma aprovechó esta parada para colocarse mejor la tirita que llevaba en un dedo del pie, perfumando el acceso a la iglesia.

Parada en Castroverde

Apenas un par de kilómetros más adelante, ya casi en el kilómetro 9 de la etapa, entramos en la capital del municipio, la localidad de Castroverde. Son las once y media de la mañana. Lamentablemente, no podemos sellar las credenciales en el albergue por estar cerrado.

La etapa de hoy se caracteriza por atravesar muchas pequeñas aldeas pero sin presencia de bares o tiendas salvo algunas máquinas expendedoras. Así las cosas, aprovechamos para comprarnos en Castroverde, el pueblo intermedio más grande de hoy, unos bocadillos en un súper (que nos comeremos más tarde) tras tomarnos unos cafés con pastelitos en una pastelería del pueblo. Por cierto, que, como comentaba antes, las camisetas del Lugo recogían muestras de simpatía... En esta ocasión, entre las dependientas de la pastelería...

En el pueblo de Castroverde destaca la Iglesia de Santiago y, junto a ella, una curiosa fuente de agua en la que aparecen unos niños con un paraguas: la Fonte dos nenos. Justo al mediodía, reanudamos la marcha no sin antes dejaros, a continuación, el primer vídeo con algunos momentos de lo que llevamos recorrido de la etapa de hoy.




Rodeo para visitar una joya prerrománica

Las siguientes dos horas de recorrido transcurrieron entre prados y congostras (así se llaman los caminos gallegos para carros de labranza) atravesando pequeñas aldeas como San Miguel do Camiño, Souto de Torres (con un bonito cruceiro) o Vilar de Cas, y cruzando pequeños regatos de agua, alguno de ellos afluente del Miño.

Precisamente, tras la última de las aldeas citadas, Vilar de Cas, surge la posibilidad de dar un rodeo de 800 metros, incorporándose de nuevo al Camino más adelante, para visitar una preciosa iglesia prerrománica situada en la aldea de Soutomerille.

Dicho y hecho. Decidimos dar ese rodeo para acercarnos a la Iglesia de San Salvador, en Soutomerille, joya prerrománica del siglo XII, restaurada durante el barroco. El lugar es precioso, casi escondido entre la vegetación. Lástima que la impresión que da es de casi un completo abandono. En este momento son las dos menos cuarto de la tarde y nos encontramos en el ecuador de la etapa.



El almuerzo de hoy

Tras la visita a San Salvador, retomamos el Camino ya pensando en encontrar un lugar para el almuerzo. La aldea de Gondar, en el kilómetro 18, parece el lugar apropiado, pues cuenta con máquina expendedora de productos alimenticios. Llegamos aquí a las dos y cuarto de la tarde, pero vemos que la máquina expendedora no funciona... ¡Vaya!

Buscamos un pequeño banco de piedra cercano, junto a una casa, y nos sentamos como buenamente pudimos para comernos los bocatas que habíamos comprado en Castroverde. Cuando llevábamos un buen rato, un aldeano se nos acerca y nos dice que tan solo unos metros más adelante había un merendero instalado por la Xunta de Galicia que contaba con agua, máquinas expendedoras, lavadero, horno microondas, mesa, sillas... Y nosotros malcomiendo en un bancucho de piedra con toda clase de incomodidades...

Así que nos levantamos, avanzamos solo unos metros y nos acomodamos en el merendero. ¡Menudo lugar! Casi parecía la cocina de mi casa. Completamente equipado y con instrucciones en varios idiomas... De este modo, con algo de guasa y, por fin, con bebidas de la máquina, terminamos de comernos los bocatas...




Otro rodeo... pero este sin querer

Para un peregrino, no hay nada mejor que una buena cuesta para bajar la comida. Eso es justo lo que hicimos después de comer: ascender una pequeña loma siguiendo la conocida como Cuesta Francesa por el arcén de la carretera hasta una vieja cantera que hay justo después de la población de Gondar.

Y luego una bajada por caminos vecinales hacia la cercana aldea de Bascuas, fatalmente indicada... nos acabamos perdiendo, dando un rodeo innecesario hasta recuperar el Camino más adelante. En fin, otro kilómetro extra para la mochila. Al menos en la parroquia del pueblo pudimos sellar la credencial con uno de esos sellos de autoservicio que no pasará a la historia precisamente por ser de los más bonitos del Camino.

En seguida retornamos a la carretera y, poco después, a otra congostra junto al rego do Muiño que cruzamos para alcanzar una de las últimas aldeas de esta larguísima etapa: As Casas da Viña. Son ya las cuatro y media de la tarde y estamos en el kilómetro 24. Nos quedan poco más de seis.



Poco a poco vamos sintiendo más cercana la presencia de la ciudad de Lugo. El sol sigue castigándonos aunque el aire es fresco. A menos de cinco kilómetros de Lugo cruzamos la autovía de Madrid por un paso elevado. La ciudad comienza a divisarse a lo lejos. La etapa se nos está haciendo ya muy larga.

Desde la autovía el recorrido es en descenso primero, por los barrios periféricos de la ciudad, para luego ascender hasta el casco viejo, dentro de la muralla, donde se encuentra nuestro hostal.

Por fin en Lugo

Tras mucho sufrimiento en forma de cansancio, sobre todo por estos últimos kilómetros, por fin, casi a las seis de la tarde, cruzamos la muralla de Lugo. Justo detrás de ella se encuentra nuestro hostal, el mismo del año pasado cuando regresamos a Madrid desde aquí.

De nuevo el protagonismo de nuestras camisetas lucenses... —¡Olé esas camisetas y Buen Camino!, —nos decían algunos lugareños según pasábamos junto a ellos mientras les devolvíamos una sonrisa de complicidad.

En seguida alcanzamos nuestro hostal y, junto a él, varias animadas terrazas daban buena cuenta de lo animado de la solariega —que no calurosa— tarde.




Paseo por la ciudad

Ya en nuestro hostal, si el año pasado nos permitieron acomodarnos en una habitación individual para cada uno con vistas a la muralla, en esta ocasión nos han asignado una habitación doble situada justo encima de la entrada, en la fachada principal, con vistas a la calle con terrazas. Tampoco está nada mal.

Tras dejar nuestras cosas, hacer las llamadas de rigor, asearnos y descansar un rato, a eso de las ocho y media de la tarde salimos a dar un paseo con intención de quedarnos a cenar en el casco viejo. Paseamos —a ritmo tortuguero porque ya no dábamos para mucho más por hoy— por la zona del ayuntamiento y de la catedral, aunque dejamos la visita a esta última para mañana por la mañana.

A las nueve de la noche nos metimos en algunos bares típicos del casco para tomarnos unas buenas birras y cenar de tapeo y raciones. Como siempre, todo estaba buenísimo, más aún si cabe tras una larga etapa como la de hoy. Y a las diez y media de la noche, a recogerse de nuevo en el hostal.



La etapa de mañana

Y ahora ya estamos pensando en la etapa de mañana en la que cruzaremos el río Miño para recorrer una etapa corta, de casi 20 kilómetros hasta la pequeñísima localidad lucense de San Román de Retorta, con un perfil ligeramente ascendente.

Y mañana pernoctaremos en un albergue... sí, de los de toda la vida, aunque hemos reservado una habitación para nosotros solos... se trata de la única habitación independiente del albergue ya que el resto de peregrinos duermen hacinados en literas.

Pero, ya sabéis... eso, os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Taylor Swift "Wildest dreams")