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martes, 2 de mayo de 2017

CS2017 — Etapa 4 (Camino de Fisterra)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche de martes os escribo ya desde Madrid, adonde hemos llegado hace un ratito procedentes de Galicia. Ayer alcanzamos peregrinando el mismo faro de Finisterre y esta mañana nos hemos vuelto para Madrid haciendo escala en Muxía. Como suele pasar, cuando mejor está el tiempo es cuando toca volver. No os imagináis lo bonito que estaba el día en Muxía y qué olas, madre...

Durante el viaje de regreso de esta tarde hemos coincidido con el partido de Champions que enfrentaba a Real Madrid y Atlético. Creo que esta noche dormirá más contento Juanma que Toñín jejeje...

Bueno, pues a continuación os ponemos el relato de esta última etapa, cortita —apenas 14 km— pero muy simbólica y sentida. Nos lo hemos pasado fenomenal como fácilmente deduciréis si seguís leyendo el blog... Retrocedemos al día de ayer, lunes 1 de mayo... Estamos alojados en un hotel playero entre Corcubión y Finisterre...

Super desayuno en el hotel y... ¡en marcha!

7.45 horas. Suena el despertador del móvil de Isabel, que ya se ha convertido en el oficial del Camino. Es nuestra última etapa. El plan de hoy es desayunar en el hotel y desplazarnos en mi coche hasta Corcubión para empezar allí la etapa. El coche se quedará en Corcubión para que lo recojan Laura y Toñín. Ellos nos esperarán en Finisterre para subir andando juntos, peques incluidos, hasta el faro. Según la hora a la que lleguemos a Finisterre, ya veremos si subimos antes o después de comer.

Antes de bajar a desayunar hacemos un examen de lesiones, ampollas y demás. La ampolla de Isabel evoluciona bien, parece que no le han salido más. Los demás seguimos utilizando las tiritas porque siempre hay alguna molesta rozadura que requiere atención.

Bajamos los tres a desayunar al hotel, de buffet. Menuda variedad de cosas que hay. Toda clase de bollería, tartas, embutidos, macedonias, frutas, zumos, etc. Hoy nos hemos puesto dos veces las botas: la primera, en la habitación, para andar la etapa de hoy; la segunda, en el desayuno, por la comilona que nos hemos metido...

Hasta nos hemos retrasado un poco, en comparación con otras veces, porque hemos acabado de desayunar a las nueve y veinte. Tampoco nos preocupa mucho, ya que la etapa de hoy es corta y fácil. Además parece que el tiempo acompaña: el día está fresco y nublado, pero no llueve ni se prevé que lo haga en toda la jornada.

Corcubión

Tras dejar el hotel, a las diez menos cuarto llegamos con mi coche a Corcubión. Nos disponemos a iniciar la última etapa del Camino.

Ayer apenas si dimos una pequeña vuelta por aquí. Nuestra idea es recorrer un poquito más el pueblo e intentar sellar en él las credenciales.

En la silueta del pueblo sobresale la bonita iglesia de San Marcos, muy cerca del mar. La iglesia está cerrada y no vemos ningún sitio donde sellar así que continuamos con el Camino, que nos va sacando hacia la parte alta del pueblo.

Conforme ascendemos, el pueblo va quedando a nuestros pies, y con él, una bonita vista de la ría de Corcubión y Cee. La cuesta a veces se empina demasiado, motivo por el que alguna peregrina se queja... pero solo un poquito. La verdad es que Isabel está aguantando muy bien todas las dificultades de su primer Camino.

Por fin, poco antes de las 10.30 h, llegamos a la parte más alta de Corcubión, Vilar, donde se sitúa el albergue de peregrinos. Justo en ese momento se disponía a marcharse su hospitalera, que concluía su turno de un mes. Pero tuvo la amabilidad de reabrirlo para nosotros y sellarnos nuestras credenciales. Aún no llevábamos ni un kilómetro de etapa.

Media etapa en el bolsillo casi sin enterarnos

Ya con el primer sello del día en nuestras credenciales avivamos un poco la marcha, que a partir de ese punto discurría en mayor medida por el arcén de la carretera que ya conocíamos de nuestros traslados al hotel.

Así, a las 11.15 horas entrábamos en la población de Sardiñeiro, donde nos llamó la atención poderosamente una casa azul decorada con varios motivos gallegos.



Y un poco más adelante, tras un reconfortante tramo de bosque, alcanzamos un mirador junto a la carretera con vistas al mar y al cabo de Finisterre. Es mediodía y ya casi llevamos media etapa recorrida... Pero lo mejor viene a partir de ahora...

Estamos muy cerca de nuestro hotel y tenemos unas ganas tremendas de que llegue el momento de recorrer la playa Langosteira, que divisamos cada vez más cerca.




Paseo relajante por la playa

Para un peregrino tener la oportunidad de pasear descalzo por la arena de una playa es comparable a disfrutar de la mejor estancia posible en un spa. ¡Menuda gozada!

A las doce y veinte descendemos al arenal de la playa Langosteira para recorrerla de punta a punta, descalzos, con las botas en la mano. La playa, solitaria, casi entera para nosotros solos...

Cuarenta minutos de auténtico disfrute, mojándonos los pies en el frío océano bajo el ruido de las olas. Una sensación difícil de describir. Para mí, uno de los mejores momentos de todos los Caminos. Para recordarlo siempre...

El paseo concluyó minutos después de la una de la tarde en el extremo opuesto de la playa, junto a la terraza de un restaurante que presentaba muy buena animación... A este sitio le echamos el ojo como candidato para regresar por la tarde a tomarnos algo, ya con la expedición al completo. Por cierto, a estas alturas Laura y Toñín ya nos esperaban en Fisterra para comer allí y luego subir al faro.



Mientras me limpiaba las arenas de los pies, una madre me pidió hacerme una foto con la concha de peregrino junto a sus hijos pequeños, una parejita de niños de no más de seis años. Pensé que les haría más ilusión si les ponía la concha a cada uno para que se fotografiasen con ella. Así lo hicimos y parece que a todos les gustó la idea.

Fisterra y la fisterrana

Tan solo unos metros más adelante nos encontramos con un bonito cruceiro desde el que se contempla toda la playa de Langosteira que acabamos de recorrer. Estamos a un kilómetro de Finisterre y a cuatro de terminar la etapa y este Camino.

Y apenas diez minutos después ya estábamos recorriendo las calles de Finisterre. Sellamos las credenciales en un primer albergue y en otro, situado unos metros más abajo, nos dieron las fisterranas, o sea, el certificado de haber llegado hasta aquí.

En la puerta de este segundo albergue nos encontramos con Laura, Toñín y los niños, y una vez recogidos todos los papeles, nos fuimos a la parte más turística del pueblo, la zona del puerto, para buscar un lugar donde comer.



Subida al faro

Tras la comida, a las tres y media iniciamos la subida al faro: tres kilómetros de desnivel no demasiado duro. Este tramo lo recorrimos todos, los siete. Fue una especie de romería con unas vistas increíbles desde el cabo.

Por el camino de esta subida nos topamos con una bonita iglesia junto al mar, Santa María das Areas, y con una escultura al peregrino que recordaba a alguna parecida que ya vimos en etapas de otros años.

Hoy el tiempo ha acompañado, aunque hace algo de fresco. Arriba, junto al faro, está mi coche; abajo, en Finisterre, queda el de Laura. Así podremos bajar todos en coche, sin necesidad de andar más.

Por fin, a las cuatro y media de la tarde llegamos al faro, donde está el kilómetro cero del Camino. ¡Prueba superada!






Tarde-noche por Finisterre

Ya con los deberes hechos, regresamos todos al hotel. Con mi coche en el alto del faro acercamos a Laura al suyo, que estaba abajo, en el pueblo. Y luego ella con su coche recogió a su familia. Después, todos al hotel a descansar hasta las ocho de la tarde.

Como recordaréis, al final de la playa Langosteira había un sitio chulísimo para tomar unos vinitos o comer. Ese fue el plan inicial. Nos fuimos todos para allá con los coches a brindar con albariños por el nuevo Camino que acabábamos de añadir a nuestra colección.

El local en cuestión se llama Tira do Cordel y es un lugar muy recomendado por algunas guías gastronómicas. Las vistas al atardecer son realmente gratificantes, y más con un buen albariño en la mano...

Después de aquí nos fuimos a cenar al pueblo de Finisterre, a una terraza de la zona del puerto que presentaba cierta animación. Allí estuvimos hasta las once y pico de la noche y vimos a alguno de los peregrinos con los que compartimos caminata en estos últimos días.

Antes de recogernos definitivamente aún hubo ocasión de tomarnos unos pelotazos de despedida en nuestro hotel de Finisterre. Mañana madrugaremos para ir primero a Muxía y, desde allí, a Madrid.

Visita a Muxía antes de regresar a Madrid

No queríamos despedirnos de este Camino sin visitar Muxía, aunque hay que dar un pequeño rodeo para llegar a ella. No son pocos quienes hacen el Camino de Finisterre pasando por Muxía o, directamente, lo terminan allí. O hacen ida y vuelta Santiago, Muxía, Fisterra y Santiago. Nosotros optamos por la versión más reducida que conocéis por adaptar mejor este Camino a nuestras necesidades de este año.

Llegamos a Muxía justo al mediodía. El día estaba radiante, muy luminoso, la temperatura agradable, el mar de un azul intenso... Y las olas sacudían con fuerza las rocas. ¡Precioso!



Nos hinchamos a hacernos las últimas fotos de este viaje antes de regresar, a la una, hacia Madrid. Una parada para comer, hacia las tres de la tarde, en la población orensana de Carballino, y otra más adelante, en tierras castellanas, para tomarnos unos cafés por la tarde... Y a eso de las diez de la noche, ya cada uno en su casa. Este Camino ha sido una experiencia inolvidable... Igual que todos los demás... Qué pena que se acabó... sniff... sniff...

¿Y el año que viene?

Pues la misma pregunta de todos los años... y la misma respuesta... ¡No lo sabemos! Nos cuesta poner el punto y final. Pero es que esto engancha tanto...

Se hablaba del Camino Sanabrés en dos años... muy duro, sin duda, con etapas largas y montañosas... seguramente sin coche de apoyo. También otra opción es hacer el Camino del Norte, desde Cantabria o Asturias, muy parecido al durísimo Camino Primitivo...

No lo hemos decidido. Ni siquiera sabemos si habrá Camino o no en 2018 ni quiénes iríamos... Ya os contaremos nuestra decisión.

De momento, os dejamos con nuestros recuerdos en el blog...

¡Buen Camino!


Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Karl Jenkins "Adiemus")






domingo, 30 de abril de 2017

CS2017 — Etapa 3 (Camino de Corcubión)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde un hotel junto a la playa Langosteira. Sí, esta vez estamos en plan relax en un hotel playero de tres estrellas situado a dos kilómetros de Finisterre. Aquí pernoctaremos esta noche y también mañana.

La etapa de hoy nos ha llevado hasta la costa, Corcubión, a unos 8 km de nuestro hotel, tras casi 27 km de frío, lluvia, granizo y, a veces, también sol. Pero la jornada de hoy será recordada especialmente por nuestra celebración, hace tan solo unos minutos, del décimo aniversario de nuestra primera etapa del Camino. Más adelante os comento los detalles...

De momento vamos con el relato de la jornada de hoy...

Desayuno en Mazaricos y traslado a Abeleiroas

La pasada noche ha llovido a mares... agua y más agua, sin parar hasta unos minutos antes de levantarnos en nuestro hotel de Mazaricos. Las etapas del Camino han comenzado a dejar secuela y las tiritas y apósitos del botiquín comienzan a menguar. La peor parada es Isabel, con una gran ampolla en la planta del pie que he tenido que drenar con aguja e hilo en mi papel de responsable del botiquín.

Después de repasar nuestras heridas de guerra, a las 8.30 horas nos hemos bajado al comedor del hotel para desayunar. Se trata de un hotel familiar en el que nos han tratado muy bien en todo momento. Hay un par de chicas que son las que atienden el cotarro y una de ellas nos devolverá en una furgoneta a Abeleiroas, junto con otros peregrinos, para retomar el Camino. Así Toñín no tendrá que madrugar y el coche de apoyo solo lo necesitaremos al final de etapa para desplazarnos a nuestro nuevo hotel.

En el desayuno hemos coincidido con más peregrinos. También hemos encargado unos bocatas que nos comeremos a lo largo de la etapa de hoy. Antes de marcharnos hemos sellado las credenciales y nos hemos despedido de Laura y Toñín, que ya estaban levantados. Ellos se darán un paseo por la costa con la idea de dejarnos el coche de apoyo en Corcubión para que nosotros mismos lo llevemos al hotel de la playa Langosteira.

Poco antes de las nueve y media, la chica del hotel nos deja en Abeleiroas junto con otros peregrinos que andan en sentido contrario a nosotros: ellos van hacia Santiago. Es el momento de iniciar la tercera —y penúltima— etapa del Camino a Finisterre.

Mañana de ponchos

¡Qué bien! ¡No llueve! Eso fue lo primero que pensamos cuando nos pusimos a andar junto a las pocas casas de la pequeña aldea de Abeleiroas a pesar de que el cielo estaba de un gris plomizo. Pero apenas pasaron 7 minutos cuando cayó el primer chaparrón, acompañado de granizo.

Fuimos unos ilusos optimistas bajándonos del vehículo sin los ponchos pues, a los diez minutos, ya estábamos con ellos y a pleno uso. Isabel acababa de estrenar su indumentaria ponchera como peregrina.

A pesar de la pésima cara que nos presentaba el tiempo, nosotros no perdíamos el buen humor y hasta bromeábamos con nuestra suerte. No solo por la lluvia sino también por el frío, que era notorio.

A la media hora alcanzamos la primera referencia de la etapa, el cruceiro de Corzón, en el kilómetro dos, y ya sin lluvia. Y dos kilómetros más adelante llegamos a Ponte Olveira, donde cruzamos el río Xallas y hacemos una pequeña parada en el albergue para sellar las credenciales y tomarnos algo calentito.


A la entrada a ese albergue unas peregrinas extranjeras le dijeron algo a Isabel sobre un guante negro que llevaban en la mano. No conseguimos entenderlas pero más adelante Isabel se dio cuenta de que le faltaba un guante... exactamente el que le estaban mostrando esas peregrinas.

Olveiroa, el pueblo de los hórreos

La siguiente referencia de la etapa, en el kilómetro cinco y medio, es Olveiroa, lugar que muchos peregrinos utilizan como final de la etapa que nosotros recorrimos ayer. La verdad es que entre Abeleiroas, Negreiroa, Olveiroa, Ponte Olveira, etc. tenemos ya un buen lío de nombres que suenan parecido.

A Olveiroa llegamos pasadas las once de la mañana, sin lluvia, y nos sorprendió por la gran cantidad de hórreos de piedra que alberga. Recuerda en eso al pintoresco pueblo de Combarro, en la ría de Pontevedra.



Un rebaño de ovejas nos recibió a la entrada del pueblo. Un poco más adelante, junto a un espectacular hórreo, hay dos albergues. Entramos en uno de ellos donde nos pusieron el sello de los dos.


Por tierras del Xallas

Dejamos atrás Olveiroa y nos vamos internando en una senda solitaria que asciende por la ladera de una montaña hasta una zona de aerogeneradores. Por momentos vuelve a llover cuando no a granizar. Conforme vamos ascendiendo contemplamos abajo el curso del río Xallas completamente encajonado y rodeado de una tupida vegetación.


Las vistas, por momentos, son espectaculares. De vez en cuando coincidimos con algún pequeño grupo de peregrinos.

Tras pasar la zona de aerogeneradores, comienza un tramo de descenso que nos lleva a Logoso, donde hay un albergue-bar con bastantes peregrinos ciclistas. Aquí hacemos una pequeña parada para sellar y tomarnos un refresco. Son las doce y media y nos encontramos en el kilómetro 9 de la etapa.

Toñín nos envía un mensaje diciéndonos que ellos ya están en Corcubión indicándonos la posición del coche de apoyo para que lo recojamos a nuestra llegada. En ese momento hasta nos planteamos quitarnos los ponchos porque parecía que el tiempo mejoraba definitivamente... Pues iba a ser que no...



En medio de la nada

Tras media hora de parón, reanudamos la marcha por el arcén de la carretera. A la altura de la pequeña aldea de Hospital se organiza una nueva granizada. Por suerte estábamos junto a un bar, de modo que llegamos a tiempo para refugiarnos bajo el toldo de su terraza. Coincidencias de la vida, en esa terraza estaba —con otros peregrinos— la peregrina portuguesa de la comida de ayer. La saludamos y, una vez que el tiempo mejoró, nos marchamos. Ese era el último bar que había hasta Cee, ya casi al final de la etapa.

Menos de un kilómetro más adelante llegamos al punto donde se bifurcan los caminos que van a Finisterre y a Muxía, hasta ahora inseparables. Estamos en el kilómetro 11,5 de la etapa y es la una y media de la tarde.

A partir de aquí se inicia un larguísimo tramo de descenso de catorce kilómetros entre tojos, pinos y eucaliptos, sin apenas referencias y, desde luego, sin poblaciones ni establecimientos. Apenas un cruceiro, el de Marco do Couto, en el kilómetro 14, y una ermita más adelante.

Precisamemte, junto a la ermita —la de Nra. Sra. de las Nieves—, en el kilómetro 16 de etapa, aprovechando la presencia de un merendero cercano, nos decidimos a comer los bocatas que Juanma llevaba en su mochila desde el hotel de Mazaricos.

Fue un momento distendido en el que en algún momento se puso a llover... Eso sí, ya casi sin fuerza. Media hora después, reanudamos la marcha. Nos quedan apenas 11 kilómetros para el final de etapa. Mientras tanto, nuestros peregrinos de apoyo —Laura y Toñín— andaban dando buena cuenta de la gastronomía local todavía por Corcubión.

Camino del mar y fin de etapa

Proseguimos la marcha por esta tierra de nadie con la presencia esporádica de algún peregrino ciclista que nos adelatanta hasta llegar a una segunda ermita, la de San Pedro Mártir. Junto a ella había una pequeña cerca que encerraba a dos sociables y curiosos caballos.

Un poco más adelante, a las 16.40 horas, vemos por primera vez la silueta del cabo de Finisterre bañado por el océano Atlántico. Estamos a 5 kilómetros del final de etapa.

A partir de aquí el descenso se acentúa enormemente hasta llegar a Cee una hora después.


Cee y Corcubión están separados entre sí por kilómetro y medio de costa. Una vez que descendimos hasta el mar solo fue seguir el paseo marítimo de Cee para llegar a Corcubión, donde nos esperaban Laura, Toñín y los peques. Eran casi las seis de la tarde.

Tras dar un pequeño paseo con ellos por Corcubión intercambiando impresiones de la etapa de hoy, nos montamos en el coche y nos fuimos para el hotel, distante 8 kilómetros.



Paseo por la playa y cena

Ya en el hotel, tuvimos ocasión de acomodarnos y relajarnos un poco en las habitaciones antes de dar un paseo por la playa. Se trata de la playa Langosteira, a la que se accede por un paso tras cruzar la carretera. Por esta playa discurre el Camino, de modo que mañana nos tocará recorrerla de extremo a extremo.



Ya en la playa la noche se nos echaba encima de modo que decidimos regresar al hotel para cenar allí. El hotel tiene muy buena pinta, el comedor es espacioso con decoración marinera y una pecera grande repleta de marisco vivo que hace las delicias de los niños... y de los no tan niños...

Pero Juanma y yo estábamos especialmente interesados en que la cena se desarrollase en el hotel, con todo más o menos controlado, incluida la complicidad de los camareros a la hora de servirnos para tener cierta libertad de movimientos...

La fiesta de los peregrinos

Y por fin el momento estelar de la jornada...

Pues sí, si ayer se nos alteró el plan previsto, hoy estaba claro que no podía fallar. Sin decir ni una palabra absolutamente a nadie, Juanma y yo habíamos pensado en aprovechar este Camino y, más concretamente, la conmemoración del décimo aniversario en que realizamos la primera etapa (ayer hizo exactamente 10 años), para darnos un pequeño homenaje y repartir entre Los 4 peregrinos unas camisetas conmemorativas con algunas imágenes representativas.

En efecto, un domingo 29 de abril de 2007 realizamos la primera etapa del Camino Francés, entre Saint Jean Pied de Port y Roncesvalles. Y diez años y un día después, esto es, un domingo 30 de abril de 2017, nos reencontrábamos en el Camino Los 4 peregrinos para celebrarlo.


Así que, por sorpresa, a las diez de la noche, cuando ya estábamos sentados en la mesa redonda de la cena, después de pedir nuestros platos y antes de que los camareros trajeran nada, Juanma pronunció unas breves palabras y comenzó a repartir las camisetas a los peregrinos. Sorpresón para todos y un momento cargado de emotividad. Cada camiseta lleva por delante la foto que preside nuestro blog, realizada en esa primera etapa en un albergue francés de los Pirineos. Las comparaciones del entonces y del ahora fueron inmediatas. ¡Qué jóvenes se nos ve!, ¡cómo hemos cambiado! ...

En la parte trasera de cada camiseta hay una foto de nuestras botas que preside el blog del CS2009. Esa foto fue realizada sobre la alfombra de nuestro precioso hotel rural de Mansilla de las Mulas, en León.

Como no podía ser de otra manera, hubo brindis (y después pelotazos) para celebrarlo. Isabel se ofreció para inmortalizar el momento sacando las fotos de los viejos peregrinos. Fue un momento entrañable y para recordar.





Mañana, el Faro del Fin del Mundo

Pues esto es lo que ha pasado hoy. Como podéis ver, ha sido un día muy intenso en todos los aspectos. Mañana será nuestra última etapa. Desde Corcubión hasta el faro de Finisterre. Caminaremos descalzos por la playa Langosteira y subiremos todos, a pie, incluidos Laura, Toñín y los peques, hasta el faro.

El día de mañana promete... Y el de pasado también pues nos volvemos hacia Madrid pero visitando Muxía antes de marcharnos. Como siempre, el relato de la última etapa os lo escribiremos ya desde Madrid.

Así que, en esta ocasión, eso no os lo contaremos ni hoy ni mañana, sino... ¡pasado mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Neil Finn "She will have her way")




lunes, 24 de abril de 2017

El Camino del Fin del Mundo


¡Hola peregrin@s!



Este jueves, 27 de abril, iniciamos un nuevo Camino.

Los 4 peregrinos realizaremos el Camino del Fin del Mundo, de Santiago a Finisterre, en casi 90 kilómetros repartidos en cuatro etapas. Utilizaremos dos coches para desplazarnos de Madrid a Santiago y como apoyo para todas las etapas.

En esta ocasión nos acompañará una nueva peregrina, Isabel, compañera de trabajo de Juanma, que no ha podido resistirse a la tentación de realizar la ruta jacobea. También nos acompañarán los peques José Antonio y Alejandro con sus papás, por supuesto. En principio andaremos solo Juanma, Isabel y yo, pero sin descartar que Laura o Toñín se animen a andar con nosotros en alguna de las etapas.

En estas últimas semanas Juanma y yo hemos realizado varios entrenamientos por nuestras itinerarios habituales de la Dehesa de la Villa y de El Pardo. En el primero de los entrenamientos recibimos la visita de Laura, Toñín y los peques. En el segundo de ellos caminó con nosotros el peregrino Isidro. En otros dos entrenamientos, ya con desayunos torrijeros en El Pardo, Isabel hizo sus primeros pinitos como peregrina en el entrenamiento.

El pasado 19 de abril, Juanma, Isabel y yo nos acercamos a la iglesia de Santiago de Madrid para recoger las credenciales. Después cayó una ración de calamares en la Plaza Mayor mientras concretábamos los preparativos.




EL CAMINO DE FINISTERRE 2017 (89 km)



Aquí (arriba) os ponemos el perfil del CS2017 que, ya sabéis, se recorre de derecha a izquierda, en el sentido de la flechita. Aunque hay unas cuantas cuestas, la cota más alta es de poco más de 400 metros.

El plan previsto para este año es el siguiente:

El jueves 27 de abril partimos en dos coches hacia Santiago. Andaremos los cuatro días siguientes según este itinerario:

ETAPA 1. Viernes 28 de abril. Santiago de Compostela — Negreira (21km).

ETAPA 2. Sábado 29 de abril. Negreira — Abeleiroas (28km).

ETAPA 3. Domingo 30 de abril. Abeleiroas — Corcubión (26km).

ETAPA 4. Lunes 1 de mayo. Corcubión — Finisterre (14km).

Y el martes 2 de mayo, tras realizar una visita turística a Muxía, nos volvemos para Madrid.

Nos escribimos a la vuelta. Mientras tanto, podéis disfrutar de los relatos del CS2016 que estamos actualizando en estos días.

¡Buen Camino!