Mostrando entradas con la etiqueta río Nonaya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta río Nonaya. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 3 (Camino de Tineo)


¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde nuestro confortable hotel de Tineo, lugar de conclusión de la corta pero a la vez eterna tercera etapa de este Camino Primitivo.

La de hoy es un buen ejemplo de cómo las condiciones meteorológicas y el estado del suelo pueden llegar a complicar una etapa aparentemente inofensiva de 20 km que se nos ha acabado haciendo verdaderamente interminable. Por mi parte, el balance es de dos caídas en el barro (en mis siete años anteriores del Camino no me había caído nunca), una inmersión, o sea, un hundimiento repentino en el barro hasta los tobillos, y un montón de rasguños en los brazos.

Por parte de Juanma, su rodilla ha acabado tocada en el día de hoy y su cámara hundida (porque ha dejado de funcionar) a causa de la humedad. El botiquín hoy echa humo...

Este ha sido el relato del desaguisado de jornada que hemos padecido hoy...

Desayuno y sello en Salas

Tras una noche tranquila en la habitación, la mañana de hoy lunes se presenta muy fresca y el cielo está completamente cubierto en Salas. En la plaza de la Campa, donde también se hallan nuestro hotel, el ayuntamiento, el palacio y la iglesia, nos acercamos a desayunar al mismo bar donde cenamos ayer ya que ofrecen buenos desayunos para el peregrino y, además, nos obsequian a cada uno con una pequeña bolsa de pícnic.

Después de desayunar, a las nueve de la mañana nos dirigimos al cercano edificio del ayuntamiento para que nos pongan en nuestra credencial el primer sello del día puesto que la iglesia está cerrada, al igual que toda la tarde de ayer, y no podemos sellar en ella.

Tras el desayuno y el sello, a las nueve y diez de la mañana iniciamos el recorrido de hoy, paralelos al río Nonaya, que nos va alejando poco a poco del pueblo. Hay 20 kilómetros hasta la localidad de Tineo y el perfil no parece demasiado complicado, así que nos tomamos la caminata con relativa tranquilidad.


Un paseo por el bosque (con cascada)

Los primeros kilómetros de hoy son verdaderamente deliciosos. Nos internamos por un profundo bosque en un ambiente cargadísimo de humedad pero sin lluvia. Todo es un fuerte verdor a nuestro alrededor. Estamos completamente solos. Ni rastro de otros peregrinos.

Vamos remontando el curso del Nonaya hasta su mismo nacimiento, en forma de cascada. Para poder verla hemos tenido que desviarnos unos pocos cientos de metros del Camino pero el paseo ha valido la pena.


Justo al salir del bosque, empieza a llover. Toca ponerse los ponchos. Son las 10.20 horas. Estamos en una zona de fuerte pendiente que nos lleva a la carretera. Tras unos minutos ascendiendo por su arcén, soportando las salpicaduras de agua de lluvia de los coches que pasan junto a nosotros, desembocamos en una pista forestal.

Lluvia y pícnic entre vacas

La pista forestal sube hasta una zona de planicie donde vemos grandes prados y algunas vacas muy juguetonas correteando alegremente. La pequeña aldea de Porciles está frente a nosotros. Son las 11 de la mañana y ya llevamos 6 kilómetros recorridos. La lluvia aparece y desaparece por momentos.

A la entrada de Porciles nos detenemos en una estructura que parece una parada de autobús o del camión lechero. Hay banco para sentarse, techo y una pequeña fuente, y no necesitamos más para abrir la bolsa del pícnic y marcarnos un receso, a base de plátano y minibocata, a ver si mejora el tiempo mientras tanto. Ocurre más bien todo lo contrario, pues llueve con fuerza y el cielo está cada vez más oscuro.

A estas alturas de etapa teníamos bastante claro que hoy iba a tocar mojarse, pero bien. Reanudamos la marcha en medio de la lluvia, siguiendo el curso de la carretera. Dos kilómetros más adelante llegamos a otra de las aldeas intermedias de hoy, Bodenaya, donde nos refugiamos unos minutos bajo una panera.

Descanso en La Espina

Sin abandonar la carretera y, lo que es peor, sin que la lluvia nos abandone a nosotros, llegamos a la población intermedia más importante de hoy, La Espina, dotada de todos los servicios de un gran pueblo. Ya habíamos parado hoy en varias ocasiones, incluidos dos desayunos, pero viendo cómo estaba el día, decidimos hacer un nuevo alto aquí.

Poco después del mediodía, nos detenemos en un bar donde anuncian comidas para el peregrino, a fin de tomarnos un café y sellar las credenciales. Aquí ya está la pareja de peregrinos extranjeros con la que nos encontramos varias veces a lo largo del Camino en el día de ayer: él con poncho rojo y ella con poncho amarillo. El semblante de todos es el propio de cuando llegas a un sitio en un día de perros. Un intercambio de sonrisas cómplices entre todos nosotros delata la crudeza de la etapa de hoy.

Juanma y yo nos pedimos sendos cafés; a ver si mientras tanto, el tiempo nos da alguna tregua. Pero nada de nada. Mirando por la ventana, solo vemos agua y más agua, acompañada en ocasiones de fuertes rachas de viento.

Al poco rato entra un peregrino francés que, tras dar un suspiro de alivio por encontrar refugio, se sienta cerca de nosotros. Intercambia algunas palabras, más en castellano que en francés, con Juanma. Este peregrino es un jubilado que lleva muchos años haciendo el Camino. Pero este es su primer Primitivo y, según él, es de los Caminos más duros que ha recorrido. Tras despedirnos de todos los presentes, reanudamos la marcha a las 12.45 horas.



Lluvia, barro y caídas

Dejamos La Espina y, con ella, la carretera, para adentrarnos en sendas y caminos de barro que atraviesan pequeñas aldeas. La primera de ellas, La Pereda, en la que destaca su ermita del Cristo de los Afligidos y un molino de agua.



La lluvia y el ambiente fresco seguían entorpeciendo continuamente nuestra marcha de modo que aprovechábamos cualquier refugio para resguardarnos del agua. Unas simpáticas vaquitas se convirtieron en nuestras anfitrionas por unos minutos.

En uno de los embarradísimos caminos de tierra y barro del lugar me resbalé y acabé en todo el lodazal. Tuvo que ayudarme a levantar Juanma porque con la mochila y el barro es muy difícil reincorporarse uno solo. A estas alturas de etapa la cámara de vídeo de Juanma ya se había revelado: cogió humedad y dejó de funcionar.

Entre barro y más barro alcanzamos otra aldea, El Pedregal. Por aquí dicen que las vistas son impresionantes pero lo cierto es que el día no estaba para apreciar mucho el paisaje. Nos hallamos en el kilómetro 13 de la etapa y son las 14.15 horas. La etapa se está haciendo eterna.

Otros 4 km de barrizal

A partir de aquí empieza la madre de todos los barrizales. Cuatro kilómetros de monte por la sierra de Tineo sin más referencia intermedia que el barro y unos charcos impresionantes. Y sigue lloviendo...

De nuevo, por tratar de encontrar la mejor forma de esquivar el agua de un enorme charcazo, acabé resbalándome y cayéndome en todo el lodazal. Ya van dos veces hoy. Con tan mala pata además que, para evitar caerme, me agarré a lo primero que encontré y resultó ser un zarzal. Tengo el brazo con tantos rasguños que parece un código de barras.

A la caída anterior le sucedió más adelante otra inmersión en el barro hasta el tobillo. De la mierda que llevan las botas, no se ven ni los cordones; y además, han ganado peso por el barro acumulado... ¡Qué porquería! Tienen vías de agua por todos sitios... Para ellas este será, sin duda, su último Camino. En Lugo, ¡las jubilo!




Juanma, aún aguanta... él no se ha caído todavía pero va sufriendo dolores en su rodilla desde hace un buen rato por lo que, de vez en cuando, aminoramos un poco la marcha con alguna parada. Las dos veces que me caí él me ayudó a levantarme. Ya le dije que, si hubiera sido al revés, yo primero le hubiera hecho una foto y luego le habría ayudado. Lo primero es lo primero, y hay que intentar documentar gráficamente todo lo que pase. Los dos hemos acordado que, si hay una nueva caída, se priorizará sacar una foto antes que ayudar al caído.

Tras hora y media de barrizal por fin divisamos unas casas. Se trata de la aldea de Santa Eulalia, a tres kilómetros del final de esta interminable etapa. Son las cuatro de la tarde. Además, hace unos minutos que ha parado la lluvia... Empiezan a llegar las primeras buenas noticias en mucho tiempo.



Llegada a Tineo... ¡por fin!

La ermita de San Roque, a un kilómetro de nuestra meta de hoy, nos propició otra pequeña subidita de ánimo. Desde aquí ya está casi hecha la jornada. Por cierto, que en este lugar volvimos a coincidir con nuestro amigo, el peregrino francés, que pernoctará en el albergue municipal.

Hasta nuestro hotel de Tineo el recorrido es de fuerte descenso. Cuando hicimos nuestra entrada en el hotel, a las 16.30 horas, casi ni no nos lo creíamos. ¡Menuda etapa la de hoy! En el hotel sellamos las credenciales y comimos algo de lo que tenían en el mostrador pues la cocina estaba cerrada. Para acceder a la habitación, aún hubo que hacer un último esfuerzo suplementario subiendo por una escalera larga y estrecha.


Limpieza de botas

Ya en la habitación hoy nos espera más trabajo que de costumbre. Las botas y las ropas en general están asquerosas. Ni corto ni perezoso, me meto en la ducha completamente vestido, botas incluidas, abro el grifo y empiezo a ver cómo el agua sucia y el barro van desapareciendo por el desagüe. Luego repito la operación, pero esta vez sin las botas. Lo siento por el cuarto de baño, pero no es momento para remilgos...

La habitación estaba impecable a nuestra llegada. Me temo que hemos cambiado bastante su fisonomía, sobre todo la del cuarto de baño, después de la ducha de las vestimentas... Bueno, intentaremos limpiarla un poco antes de marcharnos mañana.

En las botas hemos metido papel higiénico, que renovamos cada cierto tiempo, para que absorba la humedad. La ropa está distribuida por toda la habitación por encima de sillas, radiadores y cualquier soporte que ayude a que se seque antes.




Tarde-noche en Tineo

Me temo que hoy hay pocas ganas de cachondeo. Nuestro hotel se halla en una zona residencial distante un kilómetro del centro del pueblo. Tras una pequeña siesta en la habitación, yo decido acercarme al centro porque he de echar la lotería. Así aprovecho también para comprarle a Juanma algo para la rodilla en la farmacia y para darme una vuelta por el pueblo. Ahora no llueve aunque de vez en cuando chispea un poco.


La distribución de Tineo es muy vertical. El pueblo está levantado a lo largo de la ladera de un monte y sus calles presentan varios niveles. En el centro del pueblo me llaman la atención el edificio del ayuntamiento y las casas adyacentes. Hay un bonito mirador desde donde pueden divisarse amplias panorámicas de la comarca, sobre todo cuando el día está despejado (no como hoy).

Ya de vuelta en el hotel, a eso de las nueve y media de la noche decidimos cenar en la cafetería que tenemos enfrente. Unos menús del peregrino con platos combinados, postre incluido, por nueve euros. No está mal. Tras un día como el de hoy nos relajamos un poco intercambiando mensajes graciosos de nuestras peripecias con nuestros familiares y amigos. Ahora todo se ve de otra manera, con risas y bromas. Pero cuando estábamos en plena caminata, la cosa era muy distinta...

La etapa de mañana

Bueno, pues ya hemos regresado de nuevo a la habitación. Son las once de la noche y la lluvia ha desaparecido por completo. Hoy se agradece más que nunca pillar una buena cama para descansar... Y más teniendo en cuenta que mañana nos espera la etapa reina, al menos en cuanto a distancia a recorrer, 28 km entre Tineo y Pola de Allande. La lluvia y el barro, a buen seguro, nos seguirán complicando la existencia. Pero como siempre, eso os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Level 42 "It's over")


domingo, 26 de abril de 2015

CS2015 — Etapa 2 (Camino de Salas)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde otra pequeña localidad asturiana, Salas, punto final de la segunda etapa del Camino Primitivo. Atrás han quedado 25 kilómetros de barro, barro y más barro. El tiempo, parecido al de ayer: temperatura algo fresca, sol por momentos, a veces viento e, incluso, un poquito de lluvia casi al final de la etapa.

De nuevo un paisaje verdísimo con multitud de pequeños (y no tan pequeños) animales... Seguimos sin ver apenas un puñado de peregrinos por etapa, casi todos extranjeros. De momento las piernas nos acompañan, aunque los pies han acabado bastante machacados al final de la jornada. Bueno, lo de todos los días, para qué vamos a engañarnos...

A continuación os dejamos el relato de la etapa de hoy...

El día empieza con mal pie...

La noche pasada ha sido bastante ruidosa, como era de presumir, en el hotel de Grado. Os recuerdo que se celebraba un festival de música heavy en el pueblo y que en nuestro hotel había gente alojada relacionada con el evento. Voces, gritos, risotadas, portazos, carreras por las escaleras a altas horas de la madrugada... Esta es la sintonía que nos ha acompañado para conciliar el sueño. Pero, con todo, estos sonidos han sido incapaces de tapar los ronquidos del peregrino Juanma, que, por supuesto, ni se ha enterado de lo que pasaba. ¡Menudo sueño a prueba de bombas que tiene este hombre!

Tras esta ajetreada noche, y con más ojeras que una liebre, nos hemos levantado poco antes de las ocho con la idea de desayunar en la cafetería del hotel a eso de las 8.30 horas. Justo cuando bajábamos a desayunar, me detuve un momento a hacerle una foto a un jarrón con flores del rellano de la escalera y... ¡zas! Se ha bloqueado el visor de la cámara de fotos: ha debido coger humedad ayer y se ha quedado en blanco. Parece que, en principio, las fotos siguen saliendo pero he de hacerlas "a ciegas", sin poder ver lo que estoy fotografíando. Vaya faena. Al menos me queda la cámara del móvil...

Primeros kilómetros, primeras cuestas

Con ese tremendo disgusto iniciamos la etapa a las nueve de la mañana. La jornada de hoy no da tregua. El recorrido se inclina hacia arriba desde los primeros metros. En seguida abandonamos Grado por una ascendente pequeña carretera local que discurre entre prados y caseríos dispersos.

Nuestra primera referencia es el albergue de San Juan de Villapañada, a 5 km de Grado. Pasamos junto a él algo después de las diez de la mañana. A partir de aquí la pendiente se hace mucho más pronunciada. Estamos ante un auténtico cuestón de más de 2 kilómetros que nos llevará al alto del Fresno, donde hay un santuario. Para nuestra desgracia, este santuario está cerrado y no podemos sellar en él las credenciales. Estamos en el kilómetro 7 de la etapa y son las 10.30 horas.



Desde el alto las vistas de la comarca son impresionantes. Y tras el ascenso comienza un fuerte descenso. Al cuarto de hora de comenzar la bajada llegamos a la altura de un pequeño puente muy cercano a la autovía, junto al que hay una fuente. Aquí le hice a Juanma una foto y en este lugar fue la última vez que vio el cuadernillo de viaje que le di en el tren. Nunca más se supo de él. Parece que hoy las fotos traen gafe incorporado...

Barro resbaladizo

Nuestro descenso nos conduce a las pequeñas aldeas de San Marcelo y de La Doriga. Para alcanzar esta última hemos tenido que atravesar un prado lleno de manzanos, con algunos lindos caballos, y caminar muy cerca de un arroyo sobre un terreno embarradísimo y sumamente resbaladizo. Los bordones fueron nuestros mejores aliados para darnos estabilidad. Por aquí vimos incluso alguna peregrina, algo más que noticiable en este Camino. No hubo caídas... por poco.

Llegamos a La Doriga (km 10) a las 11.30 horas. En esta población destaca su iglesia de Santa Eulalia (s. XII) y su palacio (s. XIV). A partir de aquí, tras subir un pequeño repecho, iniciamos —para variar— otro fuerte descenso por una senda angosta más embarrada y resbaladiza si cabe que las anteriores. Pero lo peor nos esperaba abajo...

Un obstáculo inesperado

Pues sí, tras veinte minutos descendiendo por un auténtico camino de cabras, manteniendo la verticalidad a duras penas, sudando la gota gorda y llenándonos de barro hasta los tobillos, cuando ya casi estamos a la altura de la carretera que nos conducirá a Cornellana, nos encontramos con... ¡una valla cerrada que nos impide el paso!

La valla de acceso a una vaquería por donde discurre el Camino estaba completamente cerrada. Tras acordarnos de algún antepasado del que hizo eso, buscamos una forma de acceder a la carretera. No hubo más remedio que desandar algunos metros y saltar la valla lateral que nos separaba de la vía. Imaginaros el numerito, saltando una valla con las mochilas, las botas embarradas, los bordones... Así, de esta guisa tan poco jacobea, accedemos al arcén de la carretera de Cornellana.

El Narcea, Cornellana y el Campanu

Media hora después, a las 12.30 horas, estábamos entrando en Cornellana cruzando el puente sobre el salmonero río Narcea. Poco antes nos habíamos topado con una patrulla de la Guardia Civil y estuvimos a punto de comentarles lo de la valla de antes.

La entrada a Cornellana no la hicimos siguiendo la carretera general sino desviándonos por un parque que sigue paralelo al río hasta alcanzar el espectacular monasterio de San Salvador (s. XI). Una lástima que aún no le haya llegado la restauración que tanto merece.

Notamos muchísimo bullicio de gente esta mañana en Cornellana. Junto al monasterio, en una gran explanada, había un acontecimiento que reunía a cientos de personas. Al principio pensamos que se trataría de alguna subasta de pesca. Luego nos enteramos de que estaban subastando el Campanu del Narcea, o sea, el primer salmón de la temporada pescado en ese río. Un restaurante de Cangas de Onís se lo llevó por el módico precio de 4000 euros. Por cierto, que el nombre de Campanu deriva del hecho de que las iglesias suelen recibir con campanadas la llegada de este primer salmón.

Decidimos que Cornellana, por su tamaño como población y por tratarse del ecuador de la etapa, era el lugar apropiado para hacer un alto en el camino. Un céntrico bar del pueblo fue el elegido para meternos un par de buenos bocatas para el cuerpo y para sellar nuestras credenciales por primera vez hoy.


A las 13.30 horas retomamos la marcha. Aún quedan 12 kilómetros por delante hasta Salas.



Tarde de charcos y barro

La reanudación de la marcha fue, cómo no, para subir otra formidable cuesta hasta el alto de Santa Eufemia, desde donde se contempla una bonita vista de la zona de Cornellana. Una vez arriba, vuelta a bajar. Esta vez por la otra falda de la montaña. Más barro pero también más vistas bonitas hasta llegar a la aldea de Llamas, donde una agradecida máquina expendedora de bebidas refrescantes hace que nos detengamos cinco minutos. Son las 14.30 horas y nos quedan 8 kilómetros para Salas.

El tiempo amenaza lluvia desde hace rato pero, de momento, el día aguanta. En Llamas comienza una subida que no concluirá ya hasta el final de etapa. El recorrido sigue pistas más o menos asfaltadas y sendas campestres que atraviesan pequeñas aldeas como Quintana y Casazorrina, donde vemos casas con parcelas ajardinadas y animalitos deambulando por ellas: gallinas, ovejas... También seguimos sin perder de vista el barro y nos encontramos con algún que otro charco de proporciones intimidatorias. Y mis botas, con más vías de agua que el Titanic. Las pobres ya llevan, con este, 8 Caminos a cuestas.

Atravesando la aldea de Casazorrina —¡vaya nombre!—, a la que se accede cruzando un pequeño puente de piedra sobre el río Nonaya, se pone a llover por primera vez. Fueron solo cinco minutos pero bastaron para que tuviéramos que ponernos los ponchos. Como el día estaba gris, ya no nos los quitamos hasta Salas.

Llegada a Salas

A Salas llegamos con los ponchos puestos, pero sin lluvia, a las 5 de la tarde, tal y como atestiguaron las campanadas de la iglesia de la plaza del Ayuntamiento. Nuestro hotel se halla justo detrás de la iglesia. El pueblo es pequeño pero muy coqueto y en él destaca, sin duda, el palacio de Valdés-Salas, en el mismo centro, con su torre almenada y su arco medieval. La villa de Salas está declarada Bien de Interés Cultural.




Como de costumbre, hemos acabado la etapa rendidos. Tanto barro, tanto subir y bajar cuestas resulta agotador y también desmoralizador. En el hotel hemos sellado de nuevo nuestras credenciales para, después, disfrutar de un merecido descanso reparador de tres horas.


A las 20.30 horas salimos a dar una vuelta por la plaza de la iglesia donde detectamos la presencia de un bar que parecía animado. Nos tomamos en él unas refrescantes cervecitas y cenamos unos platos combinados mientras presenciábamos un Celta-Real Madrid liguero. Se adelantó el Celta pero su mejor juego y calidad no tuvieron recompensa ante un más que afortunado Madrid que ganó 2-4. Por supuesto, creo que Juanma tiene otra opinión de este partido... juajuajuas.


La etapa de mañana

Como se puede ver en la foto de la derecha, a las diez de la noche estábamos en plena preparación de la etapa de mañana, de Salas a Tineo, 20 km.

A las 11 de la noche, justo al finalizar el partido, tocó retirarse a nuestros aposentos. Juanma ya lleva roncando un rato por ahí. Yo estoy a punto de meterme en el sobre. Para mañana nos tememos que seguirán las cuestas y el barro y, probablemente, habrá que añadir la lluvia. A ver qué tal se nos da. Pero eso... os lo contaremos ¡mañana!

¡Buen Camino!



Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Gerry Rafferty "The royal mile")