lunes, 2 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 3 (Camino de San Román)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde la Galicia profunda, desde un pequeño albergue de peregrinos perdido en medio del monte del centro de la provincia de Lugo. Estamos en el albergue de San Román de Retorta (o, en gallego, San Romao da Retorta) donde hemos disfrutado, hace tan solo unos minutos, de una deliciosa queimada, como os contamos más abajo.

Aquí hemos llegado tras una etapa corta de algo menos de 20 kilómetros. No ha llovido, el tiempo ha sido algo fresco pero el sol sigue implacable, poniendo nuestros brazos, poco a poco, como cangrejos. Además hoy ha habido mucho asfalto y sus efectos se empiezan a notar en forma de rozaduras y principios de ampollitas en los pies.

Bueno, ahí va el relato de la etapa de hoy...

Desayuno y visita a la catedral de Lugo

8.45 horas de la mañana. El despertador apaga bruscamente la vorágine de ronquidos en la habitación del hostal de Lugo. Por delante, una etapa aparentemente cómoda de casi 20 kilómetros hasta nuestro albergue en la aldea lucense de San Román de Retorta. Pasamos revista a nuestros pies y ya empiezan a notarse los efectos del sol de las etapas anteriores. Nos aplicamos los mejunjes y yo salgo hoy con dos tiritas en los dedos por diferentes rozaduras. El roncador Juanma sigue fabricando una molesta ampolla y saldrá a caminar con una tirita.

Como la etapa de hoy es corta, decidimos realizar a primera hora una visita a la catedral de Lugo, sin mochilas. Pero antes, un suculento desayuno en una cafetería-pastelería céntrica, a base de surtido de pasteles para acompañar nuestros cafés con leche. La misma pastelería del año pasado durante nuestra breve estancia en Lugo. Y, como la otra vez, de nuevo compramos una caja de peregrinos, ya sabéis, esos pastelitos de tarta de Santiago con forma de vieira; la idea es llevarlos con nosotros hasta agotarlos.

Ahora sí, una vez desayunados, y bien desayunados, nos dirigimos a la Catedral de Santa María de Lugo, a las nueve y diez de la mañana, a realizar una visita de alrededor de media hora. De nuevo nos encontramos con la señora del año pasado, con cierto aire de beata, que nos hizo las veces de guía y selló nuestras credenciales. Se trata de un precioso templo románico originario del siglo XII, con detalles góticos y neoclásicos, un altar barroco e imágenes de los patronos de la ciudad, San Froilán y la Virgen de los Ojos Grandes. La señora nos hizo hincapié en la importancia de esta Catedral por exhibir de forma permanente el Santísimo Sacramento, en referencia al misterio de la Eucaristía; de ahí el cáliz y la hostia que aparecen en el escudo de la ciudad de Lugo.



A las nueve y media concluimos la visita y regresamos al hostal para recoger nuestras cosas e iniciar la etapa del día, no sin antes dar un pequeño rodeo para buscar una administración de loterías y echar la primitiva de la semana.

Inicio de la etapa cruzando el Miño

Así las cosas, hasta las diez y media de la mañana no iniciamos la etapa de hoy. Lo hacemos cruzando la maravillosa muralla romana de Lugo por la puerta de Santiago.

Continuamos descendiendo por la rúa Santiago hasta encontrarnos con el río Miño y su puente romano del siglo I, por donde cruzaremos para salir de la ciudad.

En el entorno del puente estuvimos cerca de media hora, haciendo fotos, tomando imágenes de vídeo e, incluso, descendiendo hasta el cauce del río, donde tuve ocasión de dar un simbólico pisotón al agua.

El día está muy soleado, hace algo de fresco, pero no tanto como en los días anteriores. Se prevé otro día de sufrimiento para nuestros brazos por culpa de la insolación.

Continuamos el Camino por la orilla contraria del Miño, alejándonos poco a poco de la ciudad entre saúcos a lo largo de un hermoso paseo fluvial que discurre frente al estadio del CD Lugo, el mítico Anxo Carro, y el club náutico de la ciudad.

Tras pasar junto a la fuente y la capilla de San Lázaro, donde se situaba el antiguo hospital de leprosos, perdemos definitivamente de vista la ciudad, alejándonos del río. El Camino gira en sentido opuesto al río y se empina ostensiblemente. Esta subida, que al principio es más pronunciada y luego se suaviza, ya no cesará hasta el final de la etapa.


Los primeros pueblos del día

A los cinco kilómetros de etapa tomamos la carretera provincial que nos acompañará en las etapas de hoy y mañana. Siguiendo un estrecho caminito junto al arcén atravesamos las pequeñas poblaciones de Santo Matías y de Seoane.

En las dos aldeas citadas, junto a la carretera, sendas iglesias y ambas cerradas. Cerca de la iglesia de Santo Matías, hemos visto también una fuente que en realidad es un sepulcro de piedra proveniente, sin duda, de antiguos enterramientos.


A lo largo de este tramo hemos coincidido con tres peregrinos rusos, dos chicas rubísimas y un chico más morenito, que andaban por el asfalto en lugar de hacerlo por el caminito de tierra del arcén. Esto nos ha llamado mucho la atención ya que los pies sufren mucho menos andando por la tierra que por el asfalto. En fin, allá ellos... Será que en Rusia añoran el calor...

Bocatas en San Vicenzo

El almuerzo de hoy lo hemos dejado para el pueblo de San Vicenzo do Burgo, justo en el ecuador de la etapa. Un poquito antes de llegar ahí nos topamos con un grupo de casas y, entre ellas, sobresaliendo el Pazo de Carrigueiros.


Poco después, la vieja iglesia barroca de San Vicenzo, del siglo XVIII, por supuesto cerrada también, nos recuerda que es la hora del almuerzo. Las dos menos cuarto de la tarde.

El bar de As Searas, a escasos metros de la iglesia, fue el lugar elegido para la comida de hoy. En el bar coincidimos con más peregrinos. Algunos de ellos se nos adelantaron y nos quitaron la mesita de la terraza así que tuvimos que acomodarnos en el interior. Tampoco estaba nada mal.

Unas impresionantes tostas de tortilla y tomate aderezadas con orujitos de la casa fueron nuestro menú de hoy. En el bar tuvimos ocasión de contemplar unos trípticos de la iglesia de Santa Baia (Santa Eulalia) de Bóveda, templo de baños de época tardo-romana, cuyo desvío veremos un poco más adelante, pero que queda algo alejada del Camino, por lo que no podremos visitarla.

Finalmente, a las dos y media de la tarde, tras sellar las credenciales en el bar, reanudamos la marcha...



Los kilómetros de la tarde

En el recorrido de la tarde el asfalto cobró aún más protagonismo si cabe. Se acabaron los caminitos de tierra junto a la carretera y apenas hubo algún pequeño tramo de congostra con agradecidísimas sombras por en medio del monte.

A la media hora de la comida dejamos atrás el ya comentado desvío hacia Santa Baia de Bóveda. Y un cuarto de hora después, a las 15.15 horas, cogemos una sombría congostra que, entre la espesura del monte, nos lleva hasta la aldea de Bacurín, adonde llegamos a las tres y media de la tarde. Nos quedan poco más de seis kilómetros para concluir la etapa.



En Bacurín nos desviamos ligeramente del Camino para disfrutar de la iglesia románica de San Miguel, también cerrada, para variar. Aquí coincidimos con un par de septuagenarios peregrinos alemanes —que apenas si chaporroteaban un poquito de español italianizado— a los que libramos, sin duda, de un buen rodeo, ya que se metieron por un desvío erróneo y se estaban alejando del itinerario.


Por estas tierras tan solitarias, a saber dónde hubieran ido a parar los pobres si no llegamos a correr casi 100 metros detrás de ellos para advertirles de su error.

Llegada a San Román de Retorta

En la última hora de la etapa, más asfalto y más insolación. Apenas un par de aldeas, muchas vacas y muy pocas personas antes de llegar a San Román de Retorta, perteneciente al concello de Guntín. La iglesia de San Román, la réplica del miliario romano y un hórreo, junto al bar del pueblo, nos dieron la bienvenida al núcleo urbano.


Para llegar a la zona de los albergues aún hay que caminar un kilómetro por el monte. Así, unos minutos después de las cinco de la tarde, llegamos a una pequeña explanada en medio del monte, donde se sitúan los dos albergues de San Román: el público y el privado. En este último nos alojaremos.

Nuestro albergue en medio del monte

Nuestro albergue se levanta en medio del monte, con fuerte olor a vaca, decorado con una curiosa fachada de colorines que reproduce el entorno. El albergue dispone de una única habitación independiente —la nuestra— situada en la planta baja, junto a la cocina y el comedor. Toda la planta superior cuenta con literas en un espacio común.

Nuestra minúscula habitación tiene dos pequeñas camas entre las que se sitúa la silla, que es el único elemento (a modo de armario) para dejar las cosas. Hay un ventanuco por donde no cabe una cabeza, y menos la mía (justo al lado del coche que aparece aparcado en alguna de las fotos). Y a un lado de la habitación, junto a la puerta, hay unas minúsculas cortinas que se levantan más de un metro sobre el suelo. Detrás de ellas está... ¡el cuarto de baño! Vamos, que si te sientas en la taza del WC, la intimidad es cero patatero. Así que, cuando me toque utilizarlo, que será poco después de nuestra llegada, tendré que echar a Juanma de la habitación...

Aunque parece el albergue de los Siete enanitos de Blancanieves, después de todo, somos los pijos del lugar, o sea, los únicos peregrinos con habitación y baño propios... El resto ni eso... juajuajuas.... Y eso que nuestro albergue es el privado; o sea, se supone que el bueno... Mejor no imaginarse cómo será el otro, el público... jajajajas.

A nuestra llegada sellamos las credenciales en el albergue y el encargado nos tomó nota de lo que queríamos para cenar, ya que había que encargar la cena con antelación si queríamos comer en el albergue o, en caso contrario, caminar un kilómetro en medio del monte para ir al pueblo y regresar después. No había muchas alternativas.

Tras acomodarnos como buenamente pudimos en la habitación, decidimos dar un pequeño paseo por las inmediaciones del lugar. Tampoco había muchos sitios donde ir, de modo que caminamos cien metros hasta el albergue público y poco más. Luego regresamos hacia el comedor porque a las nueve servían las cenas.



Noche de queimada y meigas

Desde las nueve menos cuarto estábamos ya sentados en el comedor. Vimos que por aquí estaban los peregrinos rusos, los peregrinos alemanes que se perdieron antes, dos jóvenes peregrinas alemanas con las que también coincidimos en algún momento de la etapa, otro peregrino alemán que andaba solo, y alguno más... Muy poquita presencia española. En total, podríamos ser cerca de veinte peregrinos. A las nueve de la noche llegó nuestra cena: una ensalada con pechugas de pollo a la plancha y patatas fritas.

Y a las diez de la noche, la sorpresa de la jornada. Los dos encargados del albergue (hospitaleros) prepararon una queimada para todos los peregrinos...


Qué momento tan entrañable... Todo el mundo grabando la escena con los móviles... La mayoría de peregrinos no sabían de qué iba la cosa, así que a algunos de ellos les explicamos que se trataba de una tradición gallega para ahuyentar las meigas y los malos espíritus a través de un conjuro regado con aguardiente. Y parece que les gustó porque la mayoría repitieron... Sobre todo las rusas, que bebían como cosacas (y nunca mejor dicho)... Da... da... ("sí... sí", en ruso, jajajaja). Ambiente jacobeo al 100%.


Y tras la queimada, los hospitaleros cierran el edificio y se marchan. Nos dejan solos a todos los peregrinos en un albergue perdido en medio del monte. Hubo quien oyó hasta aullidos de lobos. Yo pienso que fueron más bien los efectos secundarios del orujo quemado. Pero, por si acaso, nadie salió al exterior a mirar...



La etapa de mañana

Y mañana la última de las cuatro etapas nuevas de este Camino pues el resto ya coincidirán con etapas que recorrimos durante el Camino Francés de 2011. Mañana, la etapa más larga de las que nos quedan pues nos esperan casi 28 kilómetros rompepiernas hasta Melide, el pueblo del pulpo donde se unen los caminos Francés y Primitivo. Allí volveremos Juanma y yo exactamente cinco años después, también un 3 de mayo como la vez anterior. Curioso, ¿no?

Pero eso, ya sabéis, os lo contaremos no hoy sino... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Pink Floyd "Echoes")



domingo, 1 de mayo de 2016

CS2016 — Etapa 2 (Camino de Lugo)



¡Hola peregrin@s!

Esta noche os escribimos desde Lugo, lugar de finalización de esta segunda etapa del Camino Primitivo 2017. Acabamos de llegar hace un momento a nuestro hostal después de darnos un paseo por la ciudad y tapear por su casco histórico.

Hoy nos hemos metido para el cuerpo la etapa reina: al final, con más de 31 kilómetros ya que hemos dado algún que otro rodeo y la etapa se nos ha acabado haciendo un poco larga. Por fin hemos visto hoy a los primeros peregrinos a lo largo del Camino.

El día ha estado bastante soleado pero con aire frío. Traemos los brazos rojos como cangrejos y eso que nos hemos dado un poco de crema. Ahí va el relato de la jornada...

Comienzo de la etapa

Para afrontar la primera etapa decidimos madrugar media hora más con intención de salir a andar a las ocho y media... El día amanece muy soleado pero con temperatura bastante fresca. Hacemos recuento de lesiones antes de darnos los mejunjes y parece que Juanma está fabricando su primera ampolla del Camino... en un dedo del pie. Yo tengo alguna que otra rozadura, pero sin más importancia.

Hoy es el día de nuestra llegada a Lugo... la etapa reina de 31 km. Así que no hay mejor ocasión de ponernos nuestras camisetas del CD Lugo, las del pulpo, que sin duda causarán sensación y nos servirán para homenajear a estas generosas tierras.

A las ocho de la mañana bajamos a la cafetería de nuestro hotel de Cádavo para desayunar. Y la media hora de más que ganamos madrugando la perdemos en la dichosa cafetería esperando a que nos atiendan. Nos juntamos ahí varios grupos de peregrinos esperando a que los encargados de la cafetería de nuestro hotel aparezcan... Lo hicieron tarde, así que al final nos ponemos en marcha... pero a la misma hora de siempre... A las nueve en punto.


Tras pasar por delante del ayuntamiento de Baleira, poco a poco vamos dejando atrás el pueblo, observando a lo lejos el Campo de la Matanza que cruzamos ayer. Hoy tenemos por delante casi 31 kilómetros, la mayoría de ellos llanos tras una subida y posterior bajada al principio de la etapa.

El primer repecho del día es el alto de Vaqueriza, a los dos kilómetros de etapa, que se alcanza por pistas vecinales.

A partir de aquí entramos en un agradable descenso por pistas forestales en medio del monte. A lo lejos, en el llano, puede divisarse la ciudad de Lugo. Hoy sí que nos vamos encontrando con algún que otro peregrino, la mayoría extranjeros, como siempre.

Cuando estamos a punto de concluir este precioso tramo de descensos por el monte arribamos a la Capilla del Carmen, antesala del cercano pueblo de Vilabade, donde nos espera un distinguido monumento. Esta capilla se halla en un paraje pintoresco, con una fuente de agua fresca y un merendero. Estamos en el kilómetro 5 de la etapa y son las diez y cuarto de la mañana.

Visita a la "Catedral"

Tras salir a la carretera, un kilómetro más adelante llegamos a la población de Vilabade, ya en el municipio de Castroverde, donde nos espera una de las joyas artísticas del día: la denominada Catedral de Castroverde, o sea, la iglesia de Santa María de Vilabade.

Se trata de una iglesia gótica del siglo XV declarada monumento nacional en 1979. En su interior conserva un conjunto escultórico del siglo XVII. Cuando entramos había una guía turística que nos selló las credenciales y que nos contó un poquito de la historia de este monumento singular situado en un lugar tan escondido.

Juanma aprovechó esta parada para colocarse mejor la tirita que llevaba en un dedo del pie, perfumando el acceso a la iglesia.

Parada en Castroverde

Apenas un par de kilómetros más adelante, ya casi en el kilómetro 9 de la etapa, entramos en la capital del municipio, la localidad de Castroverde. Son las once y media de la mañana. Lamentablemente, no podemos sellar las credenciales en el albergue por estar cerrado.

La etapa de hoy se caracteriza por atravesar muchas pequeñas aldeas pero sin presencia de bares o tiendas salvo algunas máquinas expendedoras. Así las cosas, aprovechamos para comprarnos en Castroverde, el pueblo intermedio más grande de hoy, unos bocadillos en un súper (que nos comeremos más tarde) tras tomarnos unos cafés con pastelitos en una pastelería del pueblo. Por cierto, que, como comentaba antes, las camisetas del Lugo recogían muestras de simpatía... En esta ocasión, entre las dependientas de la pastelería...

En el pueblo de Castroverde destaca la Iglesia de Santiago y, junto a ella, una curiosa fuente de agua en la que aparecen unos niños con un paraguas: la Fonte dos nenos. Justo al mediodía, reanudamos la marcha no sin antes dejaros, a continuación, el primer vídeo con algunos momentos de lo que llevamos recorrido de la etapa de hoy.




Rodeo para visitar una joya prerrománica

Las siguientes dos horas de recorrido transcurrieron entre prados y congostras (así se llaman los caminos gallegos para carros de labranza) atravesando pequeñas aldeas como San Miguel do Camiño, Souto de Torres (con un bonito cruceiro) o Vilar de Cas, y cruzando pequeños regatos de agua, alguno de ellos afluente del Miño.

Precisamente, tras la última de las aldeas citadas, Vilar de Cas, surge la posibilidad de dar un rodeo de 800 metros, incorporándose de nuevo al Camino más adelante, para visitar una preciosa iglesia prerrománica situada en la aldea de Soutomerille.

Dicho y hecho. Decidimos dar ese rodeo para acercarnos a la Iglesia de San Salvador, en Soutomerille, joya prerrománica del siglo XII, restaurada durante el barroco. El lugar es precioso, casi escondido entre la vegetación. Lástima que la impresión que da es de casi un completo abandono. En este momento son las dos menos cuarto de la tarde y nos encontramos en el ecuador de la etapa.



El almuerzo de hoy

Tras la visita a San Salvador, retomamos el Camino ya pensando en encontrar un lugar para el almuerzo. La aldea de Gondar, en el kilómetro 18, parece el lugar apropiado, pues cuenta con máquina expendedora de productos alimenticios. Llegamos aquí a las dos y cuarto de la tarde, pero vemos que la máquina expendedora no funciona... ¡Vaya!

Buscamos un pequeño banco de piedra cercano, junto a una casa, y nos sentamos como buenamente pudimos para comernos los bocatas que habíamos comprado en Castroverde. Cuando llevábamos un buen rato, un aldeano se nos acerca y nos dice que tan solo unos metros más adelante había un merendero instalado por la Xunta de Galicia que contaba con agua, máquinas expendedoras, lavadero, horno microondas, mesa, sillas... Y nosotros malcomiendo en un bancucho de piedra con toda clase de incomodidades...

Así que nos levantamos, avanzamos solo unos metros y nos acomodamos en el merendero. ¡Menudo lugar! Casi parecía la cocina de mi casa. Completamente equipado y con instrucciones en varios idiomas... De este modo, con algo de guasa y, por fin, con bebidas de la máquina, terminamos de comernos los bocatas...




Otro rodeo... pero este sin querer

Para un peregrino, no hay nada mejor que una buena cuesta para bajar la comida. Eso es justo lo que hicimos después de comer: ascender una pequeña loma siguiendo la conocida como Cuesta Francesa por el arcén de la carretera hasta una vieja cantera que hay justo después de la población de Gondar.

Y luego una bajada por caminos vecinales hacia la cercana aldea de Bascuas, fatalmente indicada... nos acabamos perdiendo, dando un rodeo innecesario hasta recuperar el Camino más adelante. En fin, otro kilómetro extra para la mochila. Al menos en la parroquia del pueblo pudimos sellar la credencial con uno de esos sellos de autoservicio que no pasará a la historia precisamente por ser de los más bonitos del Camino.

En seguida retornamos a la carretera y, poco después, a otra congostra junto al rego do Muiño que cruzamos para alcanzar una de las últimas aldeas de esta larguísima etapa: As Casas da Viña. Son ya las cuatro y media de la tarde y estamos en el kilómetro 24. Nos quedan poco más de seis.



Poco a poco vamos sintiendo más cercana la presencia de la ciudad de Lugo. El sol sigue castigándonos aunque el aire es fresco. A menos de cinco kilómetros de Lugo cruzamos la autovía de Madrid por un paso elevado. La ciudad comienza a divisarse a lo lejos. La etapa se nos está haciendo ya muy larga.

Desde la autovía el recorrido es en descenso primero, por los barrios periféricos de la ciudad, para luego ascender hasta el casco viejo, dentro de la muralla, donde se encuentra nuestro hostal.

Por fin en Lugo

Tras mucho sufrimiento en forma de cansancio, sobre todo por estos últimos kilómetros, por fin, casi a las seis de la tarde, cruzamos la muralla de Lugo. Justo detrás de ella se encuentra nuestro hostal, el mismo del año pasado cuando regresamos a Madrid desde aquí.

De nuevo el protagonismo de nuestras camisetas lucenses... —¡Olé esas camisetas y Buen Camino!, —nos decían algunos lugareños según pasábamos junto a ellos mientras les devolvíamos una sonrisa de complicidad.

En seguida alcanzamos nuestro hostal y, junto a él, varias animadas terrazas daban buena cuenta de lo animado de la solariega —que no calurosa— tarde.




Paseo por la ciudad

Ya en nuestro hostal, si el año pasado nos permitieron acomodarnos en una habitación individual para cada uno con vistas a la muralla, en esta ocasión nos han asignado una habitación doble situada justo encima de la entrada, en la fachada principal, con vistas a la calle con terrazas. Tampoco está nada mal.

Tras dejar nuestras cosas, hacer las llamadas de rigor, asearnos y descansar un rato, a eso de las ocho y media de la tarde salimos a dar un paseo con intención de quedarnos a cenar en el casco viejo. Paseamos —a ritmo tortuguero porque ya no dábamos para mucho más por hoy— por la zona del ayuntamiento y de la catedral, aunque dejamos la visita a esta última para mañana por la mañana.

A las nueve de la noche nos metimos en algunos bares típicos del casco para tomarnos unas buenas birras y cenar de tapeo y raciones. Como siempre, todo estaba buenísimo, más aún si cabe tras una larga etapa como la de hoy. Y a las diez y media de la noche, a recogerse de nuevo en el hostal.



La etapa de mañana

Y ahora ya estamos pensando en la etapa de mañana en la que cruzaremos el río Miño para recorrer una etapa corta, de casi 20 kilómetros hasta la pequeñísima localidad lucense de San Román de Retorta, con un perfil ligeramente ascendente.

Y mañana pernoctaremos en un albergue... sí, de los de toda la vida, aunque hemos reservado una habitación para nosotros solos... se trata de la única habitación independiente del albergue ya que el resto de peregrinos duermen hacinados en literas.

Pero, ya sabéis... eso, os lo contaremos... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Taylor Swift "Wildest dreams")



sábado, 30 de abril de 2016

CS2016 — Etapa 1 (Camino de Cádavo Baleira)



¡Hola peregrin@s!

Son las once de la noche y hoy os escribimos desde el hotel La Moneda, en el pequeño pueblo lucense de O Cádavo Baleira, muy cerca del nacimiento del río Eo (limítrofe entre Asturias y Galicia), lugar donde hemos concluido la primera etapa del Camino Primitivo de 2016.

No era la etapa más larga de esta edición del Camino (lo será la de mañana) pero sí la de perfil más montañoso. Hemos acabado reventados y nos vamos a meter en el sobre en un ratito. Hoy no hemos parado de subir y bajar cuestas... Y algunas de ellas, ¡tremendas!

El día ha estado con temperatura fresca aunque el sol ha ido suavizando un poco la sensación de frío. A primera hora nos han caído algunas gotas pero sin necesidad de ponerse los ponchos. Bueno, la etapa de hoy ha transcurrido así...

Desayuno y despedida de Fonsagrada


Al despertarnos en la pensión-albergue de Fonsagrada, ya echábamos de menos todo el ritual del peregrino: embadurnarnos de mejunje los pies, preparar bien las mochilas, montar el botiquín... Con los pelotazos de anoche hoy hemos dormido de un tirón. En el exterior esta noche estábamos bajo cero pero dentro de la habitación, bien calentitos.

La pensión donde nos alojamos funciona también como albergue y justo enfrente hay otro más así que el ruido de los bordones de algún peregrino madrugador (no como nosotros jejeje) también ha ayudado a despertarnos. A las ocho y media estábamos desayunando abajo, en el comedor de la pensión: tostadas, café y un recién exprimido zumo de naranjas. Todo ello preparado por el encargado de la pensión quien además nos contó cosas sobre el pueblo. Por ejemplo, que en la fuente que da nombre al pueblo hay una virgencita que es más antigua aún que la propia fuente.


Antes de marcharnos, a las nueve en punto, tuvimos ocasión de estrenar nuestras credenciales con el primer sello del Camino 2016 en nuestro propio alojamiento. Dedicamos también unos minutos a visitar la fuente que os comentaba antes, la fuente sagrada de A Fonsagrada, a escasos metros de la pensión. A continuación seguimos la calle principal para ir abandonando poco a poco la población e iniciar la etapa de hoy: 25 kilómetros hasta Baleira.

Comienza la primera etapa

Fonsagrada está en un alto. Al salir del pueblo podemos divisar a lo lejos lo que fueron los últimos kilómetros de la última etapa del año pasado, con el monte del Acebo y el parque eólico en el límite con Asturias.

La mañana es fría pero soleada, aunque con presencia de alguna que otra amenazadora nube. A los veinte minutos de caminata llegamos a la aldea de San Xoán de Padrón, que cuenta con otro albergue. Aquí el recorrido avanza por una senda entre verdes prados y hórreos cuadrados, del tipo asturiano.



Poco después llegamos a un paraje pintoresco, con una fuente (fonte do Pastizal) próxima a la carretera y a un hotel rural. A partir de aquí, tomamos una pista forestal con ascensos y descensos entre pinos y algún que otro amago de lluvia que se quedó en eso, en unas gotas que no llegaron a más.

Encuentro de peregrinos

Tras cruzar la carretera iniciamos un ascenso largo y sostenido. Primero hasta la aldea de Vilardongo, donde había un merendero con espectaculares vistas de la comarca, que ya tuvimos ocasión de disfrutar ayer en el minibús que nos trajo desde Lugo. Por entonces, ya habíamos bajado con creces la comilona de la cena de ayer.

Son las 11 de la mañana. No se nos ocurre otra cosa a Juanma y a mí que improvisar en el merendero una curiosa escena de encuentro de peregrinos que podéis visualizar en el vídeo que os ponemos a continuación. Y después, seguimos ascendiendo...



Hospital de Montouto y dolmen

El Camino se dirige por una empinada cuesta de más de cuatro kilómetros hasta un antiguo hospital (albergue) de peregrinos, de origen medieval, que está situado junto a un dolmen y una capilla: es el hospital de Montouto, situado a más de mil metros de altitud, la cota más alta del Camino de este año.



La mañana está gris en este momento, con bastante viento y la sensación que tenemos es de soledad absoluta en un lugar misterioso e impresionante a la vez, que parece estar perdido en medio de la nada. No se ve un alma y estamos en la cumbre de la etapa de hoy. Es casi mediodía y en este punto comienza un trepidante descenso de cerca de 4 kilómetros hasta la aldea de Paradavella (que en mi caso no fue tan bella (aunque en gallego, vella significa vieja y no bella) como os narro en el apartado siguiente.

El empinadísimo e interminable descenso nos llevó a cruzar la línea de aerogeneradores y a internarnos en el monte bajando, bajando sin parar... durante cerca de una hora. Pasamos de la cota 1000 a la cota 700 metros en un santiamén. Así hasta llegar a un bar que nos delataba la inmediata presencia de Paradavella. Como sabíamos que había un segundo bar en el otro extremo del pueblo, por donde también deberíamos pasar, decidimos retrasar el alto en el camino previsto hasta llegar al segundo bar. Mala elección.



Caída en el barro

Son las 12.45 h. Tras detenernos un momento junto a la iglesia (cerrada) de Paradavella nos damos cuenta de que el segundo bar estaba cerrado. Y retroceder de nuevo al anterior implicaba deshacer varios cientos de metros que luego deberíamos recorrer otra vez. Así que desistimos de tomarnos refrigerio alguno en este pueblo y proseguimos el camino.

A partir de Paradavella se inicia un nuevo tramo de cuestas que, en esta ocasión, discurren por una preciosa senda pedregosa salpicada de toboganes y de cursos de agua. Cuando remontaba una pequeña cascada, cámara en mano, sobre las piedras de un pequeño curso de agua, me resbalé y me caí en medio del agua embarrada. Todo mi lado derecho, desde los pies hasta las orejas, llenos de barro. ¡¡¡Puajjj!!!

Iba grabando con la cámara pero con el golpe la cámara se apagó y no pude grabar más que un segundo de mi caída (apenas se aprecia en el vídeo de "Más momentos del día" que tenéis más abajo). Juanma sí que grabó algo y me sacó una foto, pero tampoco se cebó en demasía.

Ni la cámara ni yo sufrimos daños irreparables pero sí que tuve que meterme varias veces dentro de otra cascada para limpiarme un poco. El agua estaba gélida. Pero era lo que tocaba. Un cuarto de hora después, retomamos la marcha.

La terrible Cuesta del Sapo

Poco a poco, tras pequeñas (en esos momentos) subidas y bajadas entre tejos y preciosos paisajes nos íbamos acercando al momento estelar del día. La temible Cuesta del Sapo. Cada año nos encontramos en el Camino con alguna cuesta que tiene su propio nombre. Por algo será. Esta es la cuesta del Camino 2016. Justo tras ella se encontraba el pueblecito de La Lastra donde ayer le echamos el ojo, desde el minibús, a un bar como candidato para hacer la comida principal de hoy. Así que ese bar nos lo tomaríamos como el premio por superar la cuesta de marras.

¡La madre de todas las cuestas! Ya en el perfil de la etapa que os ponemos arriba uno puede hacerse una idea de los dos cuestones entre los que se encuentra el pueblo de la Lastra. La primera (la de abajo) es la Cuesta del Sapo y la segunda es la Cuesta de la Lastra (que sube hasta el alto de Fontaneira).



Hasta alcanzar Lastra, en la carretera, tuvimos que remontar pendientes cercanas al 20%. La cuesta se nos hizo interminable y hubo que hacer alguna parada intermedia para recuperar el aliento... Lo nunca visto para nosotros. Por fin, cerca de las tres de la tarde, tras media hora de agotador esfuerzo peleándonos contra el Sapo, alcanzamos la carretera, y 200 metros más adelante, el pueblo de la Lastra.

Almuerzo y más cuestas

Cuando llegamos al bar, nos pedimos unos macrobocadillos para reponer fuerzas y los Aquarius nos los tomábamos de dos en dos. Había algunos lugareños en el bar junto a nosotros que nos miraban con cara de pena... Estábamos fundidos.

En la pared había colgada publicidad de acordeonistas que amenizan las fiestas de los pueblos de la zona. No es la primera vez que la vemos. En particular, vimos muchos anuncios de una acordeonista de Fonsagrada llamada Tania. A ver si encuentro alguna foto en internet y os la cuelgo en el blog. Sobran los comentarios. Esta Tania, mejor que los Aquarius para levantar el ánimo.. Aunque no toque el acordeón.

Media hora después, tras dar buena cuenta de unos cafés, sellar las credenciales en el bar y detenernos ante las impresionantes vista que había, nos dirigimos a por la segunda cuesta. La que nos llevaba al alto de Fontaneira. No desmerece mucho a la anterior, pero en esta ocasión nos pilló recién comidos y nos lo tomamos con calma. Por fin, casi a las cuatro de la tarde, llegamos a este alto y, aunque aún quedaba algún repechito hasta Cádavo, el capítulo de cuestas lo podíamos ir dando por cerrado... al menos por hoy.

Fontaneira, otra pequeña población, la recorrimos en un visto y no visto. Nos llamó la atención un impresionante toro que lanzaba unos mugidos que resonaban en todo el valle. Lo grabé unos segundos con la cámara y lo podéis ver más abajo en el vídeo de "Más momentos".



El Campo da Matanza

Algo antes de las cinco de la tarde, cuando ya empieza a intuirse nuestro final de etapa de hoy, atravesamos el denominado Campo da Matanza, el lugar donde supuestamente se sitúa una sangrienta batalla entre moros y cristianos en tiempos del rey Alfonso II el Casto. Por lo visto en este paraje se han encontrado restos de espadas, armaduras y armas de la época.

Por fin en Cádavo

Tras atravesar el Campo da Matanza tenemos a nuestros pies el pueblo de Cádavo Baleira. Son las cinco y cuarto de la tarde y el tiempo es soleado pero muy fresco. Pasamos junto al albergue de peregrinos... el encargado no está en ese momento... así que no podemos sellar la credencial. Lo dejamos para el paseo de la tarde.

Nuestro hotel está al otro lado del pueblo, frente a un supermercado que nos vendrá bien para aprovisionarnos. A las cinco y media hacemos la entrada en el hotel; nuestra habitación asoma a la fachada principal. Objetivo cumplido. Primera etapa concluida. Más allá de la caída reseñada, no hay más daños que el cansancio por tanta cuesta.



Paseo y cena

En el hotel tuvimos ocasión de mensajear y hacer las llamadas de rigor a nuestra gente. Por cierto, que mis gafas llamaron la atención en las fotos que he enviado. En realidad, se trata de las gafas de esquí porque las gafas titulares se me quedaron olvidadas dentro del coche, que está en el taller.

Tras la sesión de siesta (muy cortita hoy) y ducha dimos un pequeño paseo por el pueblo. No cuenta con monumentos o lugares de especial relevancia, así que nos limitamos poco más que a acercarnos al albergue para sellar la credencial y nos volvimos a nuestro hotel.

La tarde en el hotel fue tranquila, cervecera y futbolera. También aprovechamos para sellar nuevamente nuestras credenciales. Como estábamos bastante cansados y pensando en la etapa de mañana, nos decidimos a cenar en el restaurante del hotel poco antes de las nueve de la noche. Estábamos casi solos en el salón. Poco después de las diez, nos recogimos en la habitación.



Mañana, la etapa reina

Pues sí, mañana nos toca la etapa más larga de este año: nada menos que 31 kilómetros hasta Lugo, donde nos espera el mismo hotel (en la zona antigua) que cogimos el año pasado antes de regresar a Madrid. Solo habrá una cuesta al principio de etapa y el resto es de un perfil de suave descenso.

Además de lo que nos depara Lugo, mañana podremos ver la llamada catedral de Castroverde, monumento nacional, a poco de comenzar la etapa. Veremos qué tal se nos da el día. Pero eso, lo sabremos, como siempre, no hoy... sino... ¡mañana!

¡Buen Camino!

Videomontaje fotográfico de la etapa
(música de Moody Blues "Tuesday afternoon")